
(Revisión y Corrección de
Estilo: Daviel D’Paz)
APÉNDICE 2
¿PUEDEN FUSIONARSE
LOS SISTEMAS
ARMINIANO Y CALVINISTA?
"¿Aceleraría
el progreso del Evangelio en este mundo pecaminoso el unir a los arminianos y
calvinistas en una sola denominación? Decimos que no y mencionaremos una razón.
No es la única, pero es contundente. Sería imposible educar y autorizar un
ministerio para tan compleja denominación. El poder de un organismo religioso,
hasta donde alcanza la acción humana, depende de sus maestros religiosos. Por
ello, la parte más importante de la obra de una iglesia consiste en preparar a
su clero. Todo el resto de la obra de una denominación, estableciendo iglesias
en el propio país y en el extranjero y cuidándolas, será un fracaso absoluto
si su ministerio no está educado y es débil. Por consiguiente, todas y cada
una de las denominaciones eclesiásticas se ocupan especialmente, por medio de
instituciones, facultades de instrucción, y grandes asignaciones, en atender a
la educación ministerial.
Pero,
suponiendo una unión de calvinistas y arminianos, ¿cuál será el sistema enseñado
en sus escuelas teológicas? ¿Quién ha de ser nombrado para dar las lecciones
de teología en las clases? Si se escogiera el arminianismo, sería imposible
para los calvinistas escrupulosos y fervientes aceptar este sistema. Si se
escogiera el calvinismo, sería igualmente imposible para los arminianos
escrupulosos y fervientes el quedar satisfechos. En la nueva denominación habría
inmediatamente un conflicto precisamente en lo relativo a este tema: la
preparación de los ministros, cosa más apta que cualquier otra para agitar una
organización religiosa hasta lo más profundo de sus entrañas. Empero, alguna
persona de ingenio pudiera sugerir que existe la posibilidad de elaborar un
credo transigente, una combinación de los dos sistemas. Esto es completamente
imposible. El arminianismo y el calvinismo, aunque tienen un sustrato evangélico
en común, ya que ambos "sostienen la doctrina fundamental, ‑a saber,
que Cristo es Dios y que su sangre es la única expiación por el pecado,
difieren sin embargo de manera tan clara y decidida en ciertos detalles
relacionados con estas verdades esenciales, que la única unión entre ellos ha
de ser por transustanciación. El uno debe convertir al otro, o el otro debe
convertir al uno. La mezcla de ambos es mala. Somos calvinistas, pero no
vacilamos en afirmar que el arminianismo puro y sencillo, franco y viril, es con
mucho, preferible al calvinismo modificado por elementos arminianos... Los
hombres honrados y de mentalidad abierta se respetan unos a otros, aunque
difieran y dentro de sus diferencias. Pero en todas las tentativas efectuadas
para mezclar lo que no se puede mezclar, ha de haber más o menos manipulaciones,
artificios e intrigas. La insinceridad y la hipocresía, consciente o
inconsciente, entran en escena. Un bando se esfuerza en demostrar más talento
que el otro y el resultado es una vida matrimonial llena de contiendas, que
termina en divorcio."
W.
G. T. Shedd, Orthodoxy and Heterodoxy (1893), p. 248‑250.
"La lucha final ha de ser entre el ateísmo en sus innumerables formas y el calvinismo. Los demás sistemas serán aplastados como el hielo medio derretido entre dos grandes icebergs. Hay dos cosas de las cuales puedes estar completamente seguro: 1. Que no te librarás de tus dificultades arrinconando el cristianismo, porque se te presentarán también como filosofía; 2. Que no te librarás de las dificultades del calvinismo haciéndote arminiano; por consiguiente, no te entretengas con las medias tintas, sino está en un bando o en otro, francamente y abiertamente."
"Es
indiscutible que no hay transigencia posible entre el arminianismo y el
calvinismo. Los que intentan estar en una posición intermedia han de
contentarse con pisar terreno movedizo mientras reciben los disparos de ambos
lados."
A.
A. Hodge, Princetoniana (C. A. Salmond) (1893), p. 120 y
The Atonement (1868), p. 382.
"Los teólogos suelen hablar de la multiformidad de la Iglesia. En conjunto
la consideran como cosa buena. Sin embargo, pocos son los que se han detenido a
definir el término y esto ha llevado a la confusión. Triste es decirlo, el término
multiformidad ha sido aun usado para encubrir multitud de pecados... Se ha hecho
que incluya herejías. Podemos citar un ejemplo. Hay sin duda, herejías mayores
que el arminianismo. El pelagianismo es mucho peor. Pero el arminianismo es
error también. Que nadie diga que la diferencia entre la fe reformada y el
arminianismo es meramente de énfasis, una en la soberanía de Dios, el otro en
la responsabilidad del hombre, y que por lo tanto es deseable que haya tanto
iglesias reformadas como arminianas. Es evidente que la responsabilidad humana
es corolario de la soberanía divina. Debido a que Dios es soberano, el hombre
es responsable ante Él. Por consiguiente, precisamente a causa de su profundo
énfasis en la soberanía divina, la fe reformada subraya también enérgicamente
la responsabilidad humana. Pero el arminianismo hace violencia a ambas cosas. No
solamente mengua el carácter absoluto de la soberanía de Dios, sino que además
adapta las exigencias de la ley de Dios al debilitado poder del hombre. Ahora
bien, todo error doctrinal y por tanto también el arminianismo, es pecado. Y
hacer que el pecado parezca respetable encubriéndolo bajo la capa de la
multiformidad es en sí pecado."
R.
B. Kuiper, The Glorious Body of Christ, P. 43-44.
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