
(Revisión y Corrección de
Estilo: Daviel D’Paz)
EL ARMINIANISMO
Y
LA UNIDAD DE LA PALABRA DE DIOS
En
primer lugar, Spurgeon sostenía que el Arminianismo no afecta meramente a unas
cuantas doctrinas que puedan separarse del Evangelio, sino que abarca la unidad
entera de la salvación bíblica y afecta a nuestro punto de vista sobre el plan
entero de la redención casi en todos sus puntos. Consideraba que la ignorancia
del contenido total del Evangelio era la causa principal del Arminianismo,([1])
y que los errores de aquel sistema impiden entonces a los hombres captar toda la
unidad divina de las verdades bíblicas y percibirlas en sus verdaderas
relaciones y debido orden. El Arminianismo trunca la Escritura y milita contra
la plenitud de visión que se precisa para que Dios sea glorificado, Cristo
exaltado y el creyente corroborado en estabilidad.
Cualquier
cosa que así incline a los cristianos a conformarse con menos que esta plenitud
de visión es por consiguiente asunto grave al que es preciso oponerse: «Quisiera
que estudiarais asiduamente la Palabra de Dios hasta que alcancéis una idea
clara de todo el plan desde la elección hasta la perseverancia final, de la
perseverancia final a la segunda venida, la resurrección y las glorias que han
de seguirla por los siglos sin fin". Spurgeon no se cansaba jamás de
introducir en sus sermones, sumarios de la anchura y la inmensidad del plan de
salvación de Dios y al mismo tiempo, de la gloriosa unidad de todas sus partes.
Damos a continuación un ejemplo típico, sacado de un sermón sobre Gálatas
1:15, titulado “Agradó a Dios”:
«Creo
que en estas palabras percibiréis que el divino plan de la salvación está
presentado muy claramente. Como veis, empieza en la voluntad y el agrado de Dios:
«Cuando agradó a Dios». El fundamento de la salvación no está en la
voluntad del hombre. No empieza con la obediencia del hombre, prosiguiendo
entonces hacia el propósito de Dios; sino que aquí está su comienzo, aquí
está el manantial del cual manan las aguas vivas: «Agradó a Dios». Después
de la voluntad soberana y la buena voluntad de Dios viene el acto de la separación,
comúnmente conocido con el nombre de elección.
“En
el texto se nos dice que este acto tiene lugar aun en el seno materno, con lo
cual se nos enseña que tuvo lugar antes de nuestro nacimiento, cuando aún no
podíamos haber hecho nada en absoluto para conquistarlo o merecerlo. Dios nos
apartó desde la parte y el momento más iniciales de nuestro ser y ciertamente,
mucho antes que esto, cuando aún no habían sido formadas las montañas y las
colinas y los océanos no habían sido hechos por su poder creador, El, en su
propósito eterno, nos había apartado para Si. Luego, después de este acto de
separación, vino el llamamiento efectivo: «y me llamó por su gracia». El
llamamiento no causa la elección; sino que la elección, brotando del propósito
divino, causa el llamamiento. El llamamiento viene como consecuencia del propósito
divino y la elección divina y observaréis cómo la obediencia sigue al
llamamiento. De modo que el proceso es así: primeramente el propósito sagrado
y soberano de Dios; luego la elección o separación neta y definida; a
continuación el llamamiento efectivo e irresistible y después la obediencia
para vida y los deleitosos frutos del Espíritu que de ella brotan. Yerran,
ignorando las Escrituras, los que colocan cualquiera de estos procesos antes que
los demás, apartándose del orden en que los da la Escritura. Los
que colocan en primer lugar la voluntad del hombre, no saben lo que dicen, ni
conocen lo que afirman".
De
modo que el arminianismo es culpable de confundir las doctrinas y de actuar como
obstrucción en el entendimiento claro y lúcido de la Escritura, por
tergiversar o ignorar el propósito eterno de Dios, disloca el significado de
todo el plan de la redención. Ciertamente, la confusión es inevitable aparte
de esta verdad fundamental:
"Sin
ella falta la unidad de pensamiento y hablando generalmente no tienen la menor
idea de un sistema de teología. Es casi imposible hacer teólogo a un hombre,
así nos parece, meter a un joven creyente en una escuela teológica durante años;
pero a menos que le mostréis este plan básico del pacto eterno, hará pocos
progresos porque sus estudios carecen de coherencia, no ve cómo una verdad
encaja con la otra y cómo todas las verdades han de armonizar juntas. En cambio,
permitidle tener una idea clara de que la salvación es por gracia; que descubra
la diferencia entre el pacto de las obras y el pacto de la gracia; que entienda
claramente el significado de la elección, al mostrar el propósito de Dios y su
relación con otras doctrinas que demuestran la perfección de aquel propósito
y desde aquel momento está en buen camino para llegar a ser un creyente
instructivo. Siempre estará preparado para presentar con mansedumbre y
reverencia, razón de la esperanza que hay en él.
“Las
pruebas son palpables. Tomad cualquier condado de Inglaterra y descubriréis
hombres pobres plantando setos y cavando, que tienen mejor conocimiento de la
teología que la mitad de aquellos que proceden de nuestras academias y
universidades, por la única y simple razón de que estos hombres en su juventud,
han aprendido ante todo el sistema del cual la elección es centro y luego han
hallado que su propia experiencia cuadraba exactamente con él. Sobre aquel
buen fundamento han edificado un templo de conocimientos santos, que han hecho
de ellos padres en la Iglesia de Dios. Todos los demás planes no sirven para
edificar, no son sino madera, heno y hojarasca. Colocad sobre ellos lo que queráis
y caerán. No tienen sistema de arquitectura, no pertenecen a ningún orden de
razón ni de revelación. Un sistema descoyuntado hace que su piedra superior
sea mayor que su fundamento; hace que una parte del pacto esté en desacuerdo
con otra; hace que el cuerpo místico de Cristo no tenga ninguna forma en
absoluto; da a Cristo una esposa que El no conoce ni escoge y lo ponen en el
mundo para ser unido a cualquiera que lo acepte; pero El no puede escoger en lo
más mínimo. Esto estropea todas las figuras que se usan con referencia a
Cristo y su Iglesia. El plan excelente y antiguo de la doctrina de la gracia es
un sistema que, una vez recibido pocas veces es abandonado; cuando se aprende
apropiadamente moldea los pensamientos del corazón, e imprime un sello sagrado
sobre el carácter de los que ya han descubierto su poder".
Se
ha dicho con frecuencia que el calvinismo no tiene mensaje evangelístico cuando
se trata de predicar la Cruz, debido a que no puede decir que Cristo murió por
los pecados de todos los hombres en todas partes. Pero la expiación era el
centro de toda la predicación de Spurgeon y lejos de pensar que para el
evangelismo es indispensable una expiación universal, sostenía que si la
posición arminiana fuese verdadera, no habría una redención real que predicar,
ya que el mensaje del Evangelio quedaría sumido en la confusión. Creía que
una vez los predicadores cesan de colocar la Cruz en el contexto del plan de la
salvación, y que ya no se vea que la sangre derramada es "la sangre del
pacto eterno", ya no es solamente el alcance de la expiación lo que está
en tela de juicio, sino su mismísima naturaleza.
Por
otra parte, si sostenemos tal como lo hace la Biblia, que el Calvario es el
cumplimiento de aquel gran plan de la gracia en que el Hijo de Dios llegó a ser
el Representante y Cabeza de los que fueron amados por el Padre desde antes de
la fundación del mundo (Efesios 1), entonces y de una sola vez, quedan
establecidos la naturaleza y el alcance de la expiación. El hecho de que Su
muerte fue de naturaleza sustitutiva (llevando Cristo el castigo de los pecados
de otros), y que fue padecida a favor de aquellos con los cuales Él estaba
relacionado por el pacto de la gracia, son dos verdades que están esencialmente
conectadas.([2])
Contra tales personas, declara la Escritura, no es posible presentar acusación de pecado y el don de Cristo a ellos deja fuera de duda el hecho de que Dios les dará juntamente con Él todas las cosas gratuitamente (Romanos 8:32‑33). Así debe ser, pues la expiación significa no solamente que se ha provisto salvación del pecado en cuanto afecta a la naturaleza humana (la servidumbre y la contaminación del pecado), sino lo que es más maravilloso, salvación del pecado en cuanto nos hace culpables y nos condena a ojos de Dios. Cristo ha cargado con la condenación divina, condenación que carece de sentido a menos que sostengamos que era el juicio a causa de los pecados de las personas([3]) y así, por Su sacrificio satisface y quita Él la ira que merecía Su pueblo. En Su Persona, Él ha satisfecho plenamente las exigencias de la santidad y la ley de Dios, de modo que ahora sobre la base de la justicia, el favor divino ha quedado garantizado para aquellos en cuyo lugar el Salvador sufrió y murió.
Dicho de otro modo, la Cruz tiene un aspecto en que mira a Dios; fue una obra propiciatoria por la cual el Padre es pacificado y es precisamente sobre esta base, es decir, sobre la obediencia y la sangre de Cristo, que todas las bendiciones de la salvación fluyen gratuitamente y con certeza hacia los pecadores. Esto es lo que tan claramente se enseña en Romanos 3:25,26. "Se demuestra que Dios no sólo es misericordioso para perdonar, sino que es fiel y justo al perdonar al pecador sus pecados. La justicia ha sido plenamente satisfecha y garantiza su liberación. Aun el primero de los pecadores aparece en el sacrificio propiciatorio de su Fiador, como verdaderamente digno del amor Divino, porque no sólo es perfectamente inocente, sino que tiene la justicia de Dios»([4]) (2Corintios 5:21). Spurgeon se gloriaba en esta verdad: "Ha castigado a Cristo, ¿por qué habría de castigar dos veces por una trasgresión? Cristo ha muerto por todos los pecados de su pueblo, y si tú estás en el pacto, eres del pueblo de Cristo. No puedes ser condenado. No puedes padecer por tus pecados. Hasta que Dios pueda ser injusto y exigir dos pagos por una sola deuda, no puede destruir el alma por quien Jesús murió".
El Arminianismo evangélico predica una expiación sustitutiva y también se aferra a una redención universal, pero debido a que sabe que esta universalidad no garantiza la salvación universal, tiene que debilitar inevitablemente la realidad de la sustitución y representarla como algo más indefinido e impersonal ‑una sustitución que no redime de hecho, sino que hace posible la redención de todos los hombres. Según el Arminianismo, la expiación no tiene relación especial con ninguna persona individual y no asegura la salvación de nadie. Por la misma razón, esta enseñanza tiene también la inevitable tendencia a disminuir el valor de la propiciación y a oscurecer el hecho de que la justificación viene a los pecadores, no sobre la base de su fe, sino exclusivamente a causa de la obra de Cristo. No es la fe la que hace que la expiación sea eficaz para nosotros, sino que es la expiación la que ha obtenido la justificación y la justicia de los pecados y aun la fe por la cual nos apropiamos de estas bendiciones es un don del cual Cristo es autor y dueño por adquisición.
De modo que, si bien el Arminianismo no niega que la naturaleza de la expiación sea vicaria, siempre hay peligro de que lo haga. Y esta es una de las razones de que en más de una época de la historia, el Arminianismo haya desembocado en un modernismo que niega totalmente la sustitución y la propiciación. Una vez se ha aceptado en la Iglesia una visión borrosa y oscura de la expiación, es mas que probable que la generación siguiente llegue a la vaguedad suprema de un hombre como F. W. Robertson, de Brighton de quien se ha dicho: «Robertson creía que Cristo hizo algo que de algún modo, tenía una relación con la salvación."
La reciente y mas nueva publicación de la obra de John Owen: “The Death of Death”, que examina detalladamente la importancia de esta cuestión por medio de la exégesis bíblica, hace que sean innecesarios más comentarios aquí y la posición de Spurgeon era la misma que la del gran puritano. Nuestro propósito al presentar esta particular doctrina en el presente contexto es tan sólo mostrar que Spurgeon consideraba que constituía más que una disputa sobre el alcance de la redención. Predicando sobre La Redención Particular, en 1858 decía:
"La
doctrina de la redención es una de las más importantes del sistema de fe. Un
error en este punto desembocará inevitablemente en un error en todo el sistema
de nuestras creencias". Más de veinte años después, ésta seguía siendo
todavía su convicción: "La gracia de Dios no puede verse frustrada y
Jesucristo no murió en vano. Creo que estos dos principios son la base de toda
doctrina sana. La gracia de Dios no puede ser frustrada pase lo que pase. Su
propósito eterno se cumplirá, su sacrificio y su sello serán eficaces; los
escogidos por gracia serán traídos a gloria". "El Arminiano sostiene
que Cristo cuando murió, no murió con el intento de salvar a alguien en
particular y enseña que la muerte de Cristo no garantiza en sí, por encima de
toda duda, la salvación de ningún hombre viviente... se ven obligados a
sostener que si la voluntad del hombre no cediese, rindiéndose voluntariamente
a la gracia, la expiación de Cristo sería inútil... Nosotros decimos que
Cristo murió de tal manera que obtuvo infaliblemente la salvación de una
multitud que no se puede contar, que por la muerte de Cristo no sólo puede ser
salva, sino que es salva, es preciso que sea salva y en ningún caso puede caer
en peligro de ser otra cosa sino salva". Cuando se renunciaba a esta posición,
consideraba Spurgeon que las consecuencias eran tan grandes que nadie podía
adivinar en qué errores una persona podía incurrir: "Después de haber
creído en la redención universal, son llevados a la blasfema deducción de que
la intención de Dios ha sido frustrada y que Cristo no ha recibido lo que se
propuso alcanzar cuando murió. Si pueden creer eso, les tendré por capaces de
creer cualquier cosa...». La doctrina Arminiana de la expiación es de este
modo una ilustración importante de la confusión que esta enseñanza introduce
a la unidad de las Escrituras.
[1]
"Creo
que gran parte del arminianismo en boga es simplemente ignorancia de las
doctrinas del Evangelio." XI
[2]
Como
Hugh Martin demuestra en su obra sobre The Atonement, in its relations to
The Covenant, Priesthood, The Intercession of our Lord (1887), la manera
más segura de responder a una objeción contra la pretendida injusticia de
una expiación vicaria (el Inocente muriendo en lugar del culpable) es
destacando la verdad de que por el pacto son una sola cosa con Él aquellos
cuyos pecados Él expía muriendo en su lugar" (p. 10).
[3]
«Del
modo como el pecado pertenece a personas, también la ira descansa sobre las
personas que son agentes de pecado." John
Murray, monografía sobre The Atonement, Presbyterian and Reformed
Publishing Co., 1962; véase el mismo autor sobre The Epitle to
the Romans, vol. I, Marshall, Morgan and Scott, 1960,
116‑121.
[4]
Thomas
Goodwin, en su gran comentario a Efesios, caps. 1‑2, 11,
exponiendo "el gran amor con que nos amó", observa: «Que Dios
en su amor toma a personas. Dios no toma solamente proposiciones de tal
manera que diga: «Amaré al que cree, y le salvaré», como sostienen los
de opinión arminiana; no, Él toma personas. Y Cristo no solamente murió
por las proposiciones, sino por las personas... Nos amó sin engaño; nos amó
a nosotros, no a cosas nuestras. No fue por nuestra fe, ni por nada
que hubiera en nosotros; «no por obras», dice el apóstol; no, ni tampoco
por la fe. No, Él torna personas desnudas; Él te ama a ti, no a tus cosas.
Por consiguiente, ésta es la razón de que su amor nunca deje de ser,
porque Él toma a la persona simplemente como tal... El pacto de gracia es
un pacto de personas, y Dios nos da la persona de Cristo, y la persona del
Espíritu Santo..." Works
of Thomas Goodwin, 1861,
Vol. II,
151.
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