
(Revisión y Corrección de
Estilo: Daviel D’Paz)
EL OLVIDADO SPURGEON
No
son pocos los grandes predicadores del Evangelio que han sido olvidados por la
posteridad por haber escrito poco, y por no haber tenido biógrafos que
recogieran su obra. En un sentido, el recuerdo de C. H. Spurgeon ha sufrido
precisamente por razones opuestas. Lo que llegó a predicar, escribir y publicar
fue colosal: más de sesenta volúmenes del New Park Street y Metropolitan
Tabernacle Pulpit (cada volumen con un promedio de setecientas páginas de letra
pequeña), veintiocho volúmenes de “The Sword and Trowel” (revista mensual)
y más de un centenar de otros libros de diversos tamaños. La información
biográfica que existe acerca de él es de una escala similar. Decir que se han
impreso más de veinte volúmenes sería probablemente inexacto e inferior a la
realidad. Las mejores obras por si solas (la Autobiografía publicada por la señora
Spurgeon y la Vida y Obra por G. H. Pike), forman diez volúmenes.
También
se halla importante información de naturaleza autobiográfica, en sus sermones
y revistas, información que aún no ha sido completamente usada por ningún biógrafo.
Evidentemente, poco tendría de ordinaria la biografía que retratara
apropiadamente semejante vida dentro de los limites de un solo volumen. Y aunque
varios escritores lo han intentado, ninguno lo ha logrado realmente. Hay el
peligro, pues, de que los biógrafos populares de Spurgeon, por insuficiencia
puedan, de hecho, aunque desde luego sin querer, engañar a sus lectores. Los
falsos conceptos que hoy día existen acerca de Spurgeon se deben ciertamente en
parte a sus biógrafos. Pero hay algo peor debido a que es menos reconocido y es
que Spurgeon ha sufrido también a manos de algunos de sus editores.
Es
necesario decir por ejemplo, que nadie puede juzgar apropiadamente su ministerio
leyendo la actual Edición Kelvedon de sus sermones. Esta edición se compone de
material que es tan sólo un fragmento seleccionado de Spurgeon y está
abreviado de manera que el lector ordinario jamás imaginaría. Así pues,
conviene darse cuenta de que es posible estar familiarizado con gran cantidad de
anécdotas populares acerca de Spurgeon y aun con selecciones de sus propias
palabras, pero al mismo tiempo, estar muy lejos de poseer una valoración exacta
de la importancia de su vida y mensaje.
Si
hubiera que dar un bosquejo de la vida de Spurgeon, se parecería más o menos a
uno de sus propios sermones: una introducción y tres divisiones. La introducción
sería el Spurgeon de la infancia y la adolescencia, mientras era moldeado y
preparado en la campiña de Esex y Cambridgeshire. Luego el primer periodo:
Spurgeon en New Park Street, época de despertamiento y conmoción, de oposición
amarga que trataba de escarnecerle. El segundo período sería el de Spurgeon en
la época central de su vida, después que se hubo instalado en el Tabernáculo
Metropolitano y que la tormenta se hubo apaciguado gradualmente hasta
convertirse en largos años de tranquilo progreso y bendición. Su posición
estaba reconocida y se convirtió en el admirado y popular líder evangélico de
Londres.
El
último punto sería el período de aproximadamente cinco años antes de su
muerte a los cincuenta y siete años. En estos años finales, la paz terminó súbitamente.
Una vez más, Spurgeon se opuso a la mayoría evangélica que le rodeaba y se
convirtió en el centro de la controversia que fue llamada «Down Grade» (Decadencia)
–controversia que había de tener graves repercusiones en esta nación-.
Aunque todavía se le respetaba, ya no se le seguía de modo tan general. Era
casi como si la rueda de su ministerio hubiera trazado un círculo completo y
volviera a los años primeros en que había experimentado la censura, el
sufrimiento y la soledad de dar fiel testimonio de las verdades que la Iglesia
profesante no deseaba. Las palabras que había pronunciado al principio fueron
ciertas al final: "En el camino que lleva hasta el cielo, nos daremos
cuenta de que no se llega allí sino «por un pelo». No llegaremos al cielo
viento en popa y a toda vela, como las aves marinas con sus hermosas y blancas
alas, sino que muchas veces navegaremos con las velas hechas jirones, los mástiles
crujiendo y las bombas de agua achicando día y noche. Llegaremos a la ciudad a
la hora de cerrarse las puertas, pero no antes".
Sin
duda es significativo que el Spurgeon mejor recordado hoy, sea el de la época
media, el predicador popular, el hombre cuyos sermones se imprimían en Veintitrés
idiomas y de los cuales se habían publicado cien millones de ejemplares a
finales del siglo XIX. El Spurgeon de New Park Street, el hombre cuyo mensaje
fue tan mal recibido que el único lugar de Cambridge donde se vendían sus
libros era la tienda de ultramarinos y que podía hablar de si mismo diciendo
que se le tenía "por la escoria de la creación; apenas hay un ministro
que nos mire o hable favorablemente de nosotros", este Spurgeon ha sido
casi olvidado.
Asimismo
el Spurgeon de la controversia "Down Grade" –el profeta que advertía
a sus compañeros evangélicos: "Estamos descendiendo a velocidades propias
de los dementes", y que decía: "Es mera parlería el decir: ‘Somos
evangélicos; todos somos evangélicos y al mismo tiempo negarse a decir lo que
significa evangélico’"-, este Spurgeon es hoy día poco conocido. Sin
embargo, creemos que es precisamente la carga de los primeros y los últimos años
de Spurgeon la que más de cerca nos concierne a nosotros en la época actual,
pues el énfasis de sus enseñanzas en dichos periodos vierte mucha luz sobre la
situación de los evangélicos hoy día. En las páginas siguientes no vamos a
tratar de detallar el bosquejo de su vida, sino más bien de concentrarnos
principalmente en un año de su ministerio, el año 1856, cuando él contaba con
veintidós. Este año fue para Spurgeon lo que el año 1739 fue para George
Whitefield, y así como uno no puede entender la vida de Whitefield sin conocer
lo que ocurrió cuando tenía veinticuatro años, así el estudio de Spurgeon a
la edad de veintidós nos ofrece, por así decirlo, la clave para entender el
curso futuro de su vida y nos da también una visión en primer plano de lo que
un contemporáneo llamaba “la etapa más romántica en la maravillosa vida de
Spurgeon”.
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