
(Revisión y Corrección de
Estilo: Daviel D’Paz)
IMPOSIBILIDAD DE LA TRANSIGENCIA
Antes
de analizar las consecuencias doctrinales de algunos de los pasajes citados,
vale la pena comentar el hecho de que Spurgeon evidentemente consideraba que la
diferencia entre el calvinismo y el Arminianismo era algo concreto y detallado y
no meramente una cuestión de "equilibrio" o proporción en la verdad.
No entendía por Arminianismo un "énfasis" en la responsabilidad
humana, pues predicaba la responsabilidad del hombre tan enérgicamente como el
que más . Tampoco creía que una posición bíblica consistente abarque ambas
posiciones; muy al contrario, encontraba difícil tener paciencia cuando se
enfrentaba con tal confusión: “No creáis”, dice, "que es preciso que
tengáis errores en vuestra doctrina para haceros útiles. Tenemos a algunos que
predican el calvinismo en la primera parte del sermón y terminan con el
Arminianismo, porque creen que esto los hará útiles. ¡Necedades inútiles!
Esto es lo que logran. Si un hombre no puede ser útil con la verdad, no puede
serlo con el error. Hay suficiente provisión en la doctrina pura de Dios, sin
necesidad de introducir herejías, para predicar a los pecadores" .
El
hecho es que en la controversia entre los dos sistemas hay cuestiones
doctrinales definidas y cuando un hombre se enfrenta con estas cuestiones, ha de
defender un sistema u otro. Algunas de estas cuestiones pueden formularse como
sigue:
¿Existe un plan eterno de redención por el
cual Dios ha determinado salvar por medio de Cristo, a ciertas personas a
quienes El ha escogido?
¿Hace este plan una provisión para la concesión
gratuita de todo lo necesario para su cumplimiento, o está su cumplimiento
condicionado por la aceptación del hombre?
Cuando Cristo murió, ¿aseguró infaliblemente
la redención de todos aquellos a quienes representó como sustituto?
¿Es cierto que el Espíritu Santo al regenerar
pecadores, lleva a cabo plenamente el propósito del Padre, y aplica sin
falta la obra redentora de Cristo?
¿Es posible resistir la obra regeneradora del
Espíritu?
¿Llegamos a ser regenerados, o nacidos de nuevo,
a causa de nuestra fe y arrepentimiento, o es la fe el efecto y resultado de
la regeneración?
Probablemente
habrá quien desee poner objeciones a la mera formulación de preguntas como éstas.
Los breves artículos doctrinales del evangelicismo moderno -a diferencia de las
confesiones reformadas de los siglos XVI y XVII- nada tienen que decir sobre
estas cuestiones. Es de presumir que esto es debido a no considerarse ya
necesario. La actitud prevaleciente ha sido la de fruncir el ceño ante las
proposiciones claras y definidas de la verdad y luchar por preservar el carácter
oscuro e indefinido, como si esto último fuera más espiritual y bíblico y más
adecuado para preservar la un unidad. Por consiguiente, no ha de sorprender que
en semejante atmósfera de escasa visibilidad espiritual, se haya vulgarizado la
idea de que un hombre puede ser Arminiano y calvinista al mismo tiempo.
William
Cunningham define la verdadera posición con su acostumbrada exactitud cuando
dice que la consideración de todas las discusiones y controversias sobre estos
puntos "confirma decididamente la impresión de que hay una clara línea de
demarcación entre el principio fundamental de los sistemas de teología
Agustiniano o calvinista y el Pelagiano o Arminiano; que el verdadero status
questionis en la controversia entre estos bandos puede comprobarse fácil y
exactamente; que puede sin dificultad llevarse al punto en que los hombres
pueden y deben decir Sí o No, y según digan una u otra cosa, pueden ser
tenidos por calvinistas o Arminianos y puede llamárseles así con plena
justificación" .
No
nos proponemos formular las respuestas de Spurgeon a las preguntas antes
planteadas (en todo caso las respuestas serán lo suficientemente obvias
atendiendo a los pasajes que se van a citar), sino más bien examinar por qué
creía que los errores del Arminianismo eran tan perjudiciales para la Iglesia.
Sólo partiendo de la Escritura, se puede determinar si tenía razón en su
actitud en atacar el protestantismo contemporáneo como lo hizo; pero ha de ser
evidente para todos que éste es un tema de importancia vital para nosotros, ya
que afectará esencialmente nuestra opinión del Evangelicismo de la época
actual. Al explorar las razones de la firme posición de Spurgeon frente al
Arminianismo, no estamos pues, explorando simplemente algún antiguo campo de
batalla de la antigüedad teológica; el hecho de que la cuestión se preste
mucho todavía a la controversia demuestra que tiene bastante que ver con la
presente situación de las iglesias.
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