top

 

(Revisión y Corrección de Estilo: Daviel D’Paz)

 

OPOSICIÓN A LOS ERRORES DE LOS  CREYENTES; NO A SUS PERSONAS

 

 

 

No obstante, antes de proseguir, es necesario decir algo sobre el aspecto negativo, para evitar posibles malentendidos. Spurgeon no atacó el Arminianismo porque creyese que aquellos errores significaban que la persona que los defendía no podía ser cristiana; no creía tal cosa. Por el contrario, sostenía que un hombre puede ser Arminiano evangélico, como John Wesley o John Fletcher de Madeley y vivir "muy por encima del nivel ordinario de los cristianos corrientes"; sabía que un hombre puede ser fervoroso creyente en la elección, y al mismo tiempo "orgulloso como Lucifer", mientras otros cristianos pueden vivir vidas humildes y útiles sin ver estas verdades: "Lejos esté de mi aun imaginar que Sión no contiene sino cristianos calvinistas dentro de sus muros, o que sólo se salvan los que sostienen nuestro punto de vista."

 

Dicho de otro modo, Spurgeon vio –así como nosotros necesitamos ver- que es preciso distinguir entre los errores y las personas. Todos los que están dentro del círculo del amor de Cristo han de estar dentro del círculo de nuestro amor y contender por la doctrina ignorando esta verdad es romper la unidad de aquella Iglesia que es Su Cuerpo. No obstante, es igualmente evidente que ningún hombre está por encima de que sus creencias o predicación sean examinados y es deber de los ministros oponerse a los errores aun cuando sean defendidos por creyentes sinceros y piadosos.

 

Spurgeon armonizaba estas dos cosas cuando escribió de John Wesley: «En cuanto a el sólo puedo decir que, si bien detesto muchas de las doctrinas que predicó, para el hombre en si tengo una reverencia no inferior a la de un Wesleyano." Resume su posición del modo siguiente: "Al atacar al Arminianismo no sentimos hostilidad alguna hacia los hombres que llevan este nombre y nos oponemos, no a un grupo de hombres, sino a los conceptos que han abrazado" . En nuestra época tan emocional, se supone enseguida aun entre evangélicos, que cuando se muestra oposición a los puntos de vista de alguno, esto se refleja sobre su persona entera; pero no debiera ser así y todos deberíamos estar dispuestos a que nuestras opiniones fueran juzgadas por la Escritura sin considerarlo una afrenta personal. Más tarde tendremos ocasión de citar pasajes de uno de los evangélicos contemporáneos más conocidos, con quien no podemos estar de acuerdo; esperamos que esto no será interpretado como expresión de mala voluntad, pues es sencillamente un llamamiento a principios en los cuales es preciso que todos los evangélicos estén de acuerdo, a saber, que toda enseñanza ha de ser examinada a la luz de la Palabra de Dios, y que cualquier controversia es beneficiosa si sirve para aclarar la verdad bíblica.

 

Con demasiada frecuencia la Iglesia del siglo XX ha sucumbido a la tentación (de la cual Spurgeon habló hace un siglo) de condenar toda controversia como "espíritu partidista" y sectarismo. Hablando de la "incalculable utilidad de la controversia para despertar la natural letárgica de la Iglesia". decía Spurgeon: «Me glorío en aquello contra lo cual hoy día tanto se habla: el sectarismo. Lo encuentro aplicado a toda clase de cristianos; no importa cuales sean sus puntos de vista; si un hombre es fervoroso, es sectario. Deseo que el sectarismo triunfe; que viva y florezca. Cuando esto no ocurra, adiós al poder de la piedad. Cuando cada uno de nosotros cese de sostener el propio punto de vista y de defender aquellas opiniones de modo firme y esforzado, la verdad huirá de nuestra nación y sólo el error reinará”.

 

Para Spurgeon era evidente no sólo por las Escrituras, sino también por su propia experiencia, que un hombre (o un niño) puede llegar a ser creyente con muy pocos conocimientos además del hecho de que el Hijo de Dios llevó sus pecados en Su cuerpo sobre el madero. Lo que le trajo a la fe, o lo que llevó a Cristo al Calvario, podrá no saberlo entonces -"no sabíamos si Dios nos había convertido o si nos habíamos convertido nosotros». Sobre este punto nos da su propio testimonio: "Recuerdo que cuando fui convertido a Dios, yo era Arminiano de pies a cabeza... A veces solía sentarme y pensar: «He buscado al Señor cuatro años antes de encontrarle».

 

En otro sermón, predicado veintiocho años después del que acabamos de citar, dice: "He conocido a algunos que, al principio de su conversión no habían visto muy claro el Evangelio y habían llegado a ser evangélicos por el descubrimiento de su propia necesidad de misericordia. No sabían ni deletrear la palabra «gracia». Empezaban con la G, pero proseguían con la L, hasta que todo sonaba muy parecido a «libre albedrío» antes de haber terminado. Mas después de haber aprendido cuál era su flaqueza, después de haber caído en faltas graves y haber sido restaurados por Dios, o después de haber pasado por profundas depresiones mentales, han cantado una canción nueva. En la escuela del arrepentimiento han aprendido a deletrear bien. Empezaban a escribir la palabra «libre», pero de ella pasaron no a «albedrío», sino a «gracia» y así quedó la cosa en mayúsculas: «LIBRE GRACIA»... Su teología se aclaró y fueron más fieles como nunca lo habían sido antes”. 

 

Reconociendo pues, que doctrina errónea no implica necesariamente experiencia falsa, o des-cristianización de los verdaderos creyentes, volvemos a la pregunta: ¿Por qué se opuso Spurgeon tan resueltamente al Arminianismo? Si los hombres pueden ser traídos a Cristo a través de una predicación que no sea netamente calvinista y si pueden ser santos sin comprender claramente estas doctrinas, ¿vale la pena que este tema perturbe jamás la paz de la Iglesia? ¿Tiene razón el evangelicismo después de todo, en relegar todas estas cosas al limbo y considerar al Arminianismo como una especie de fantasma teológico, que quizá haya vivido en otros tiempos y que algunas veces aún se aparece, pero que ningún cristiano sensato debería malgastar el tiempo en contender acerca de él? Usando la distinción popular, ¿Acaso no estamos en peligro de confundir lo esencial con lo no esencial si damos prominencia a estas cuestiones? Veamos cómo Spurgeon justifica su posición.

 ======================================================

©Sólo por Gracia

 Todos los Derechos Reservados

 

www.soloporgracia.org

 

MENU PRINCIPAL      REGRESAR ARRIBA