
(Revisión y Corrección de
Estilo: Daviel D’Paz)
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Presciencia y predestinación
La inmensa mayoría de los cristianos que rechazan la
idea reformada de la predestinación adoptan lo que a veces se llama la idea de
la presciencia (presciencia, conocimiento previo) acerca de la predestinación.
Brevemente expresada, esta idea enseña que desde toda la eternidad Dios sabía
cómo viviríamos. Sabía de antemano si recibiríamos a Cristo o lo rechazaríamos.
Sabía nuestras elecciones libres antes de que las hiciéramos. La elección de
Dios en cuanto a nuestro destino eterno se hizo, pues, sobre la base de lo que
Él sabía que escogeríamos. Él nos escoge porque sabe de antemano que
nosotros le escogeremos a Él. Los elegidos, pues, son aquellos que Dios sabía
que escogerían libremente a Cristo.
En este concepto, tanto el decreto eterno de Dios
como la libre elección del hombre quedan intactos. Según esta idea, nada hay
de arbitrario acerca de las decisiones de Dios. No se habla aquí de ser
reducidos a marionetas o de que nuestro libre albedrío sea forzado. Dios es
claramente absuelto de cualquier indicio de mala acción. La base para nuestro
juicio final se apoya, en última instancia, sobre nuestra decisión a favor o
en contra de Cristo.
Hay mucho de loable en esta idea de la predestinación.
Es bastante satisfactoria y tiene los beneficios mencionados anteriormente. Además
de esto, parece tener al menos una fuerte garantía bíblica. Si dirigimos
nuestra atención de nuevo a la carta de Pablo a los Romanos, leemos:
“Porque
a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos. Y a los que predestinó, a éstos
también
llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó,
a éstos también glorificó” (Ro. 8:29,30).
Este pasaje tan bien conocido de Romanos ha sido
llamado la "Cadena de Oro de la Salvación". Notamos una especie de
orden aquí que comienza con la presciencia de Dios y continúa hasta la
glorificación del creyente. Es crucial para la idea de la presciencia que en
este texto la presciencia de Dios venga antes de la predestinación de Dios.
Siento un gran aprecio por la idea de la presciencia
en cuanto a la predestinación. En tiempos la sostuve antes de rendirme a la
idea reformada. Pero abandoné esta idea por varias razones. Entre éstas no es
la menos importante el haber llegado al convencimiento de que la idea de la
presciencia no es tanto una explicación de la doctrina bíblica de la
predestinación como una negación de la doctrina bíblica. No incluye todo el
consejo de Dios en el asunto.
Quizá la mayor debilidad de la idea de la
presciencia es el texto citado como su mayor fuerza. Tras un análisis más
minucioso, el pasaje de Romanos citado anteriormente viene a ser un grave
problema para la idea de la presciencia. Por un lado, los que apelan al mismo
para apoyar la idea de la presciencia encuentran demasiado poco. Esto es, el
pasaje enseña menos de lo que los defensores de la presciencia quisieran que
enseñase y, sin embargo, enseña más de lo que ellos quisieran que enseñase.
¿Cómo puede ser esto? En primer lugar, la conclusión
de que la predestinación de Dios está determinada por la presciencia de Dios
no se enseña en el pasaje. Pablo no sale diciendo que Dios escoge a la gente
sobre la base de su conocimiento previo de las elecciones de ellos. Esa idea ni
se afirma ni se implica en el texto. Lo único que el texto declara es que Dios
predestina a los que conoce antes. Nadie disputa en este debate que Dios tiene
presciencia. Aun Dios no podría escoger a personas de las cuales nada supiera.
Antes de poder escoger a Jacob, tuvo que tener alguna idea en su mente acerca de
Jacob. Pero el texto no enseña que Dios escogió a Jacob sobre la base de la
elección que hizo Jacob.
En justicia, debe decirse que al menos el orden de
presciencia-predestinación que encontramos en Romanos 8 es compatible con la
idea de la presciencia. Es el resto del pasaje lo que crea dificultades.
Nótese
el orden de los acontecimientos en el pasaje. Presciencia-predestinación-llamamiento-justificación-glorificación.
El problema crucial aquí tiene que ver con la relación
entre el llamamiento y la justificación. ¿Qué quiere decir Pablo aquí con
"llamamiento?" El Nuevo Testamento habla del llamamiento divino en más
de una manera. En teología distinguimos entre el llamamiento externo de Dios y
el llamamiento interno de Dios.
Encontramos el llamamiento externo de Dios en la
predicación del Evangelio. Cuando se predica el Evangelio, todos los que lo
oyen son llamados o invitados a Cristo. Pero no todos responden positivamente.
No todos los que oyen el llamamiento externo del Evangelio llegan a ser
creyentes. A veces, el llamamiento del Evangelio cae en oídos sordos.
Ahora bien, sabemos que sólo aquellos que responden
con fe al llamamiento externo del Evangelio son justificados. La justificación
es por la fe. Pero una vez más, no todos cuyos oídos oyen la predicación
externa del Evangelio responden con fe. Por tanto, debemos concluir que no todos
los que son llamados externamente son justificados.
Pero
Pablo dice en Romanos que los que Dios llama, a éstos también justifica. Ahora
bien, concedemos que la Biblia no dice explícitamente que Él justifica a todos
los que llama. Estamos supliendo la palabra todos. Quizá seamos tan culpables
de leer algo en el texto que no está allí como aquellos que abogan por la idea
de la presciencia.
Cuando suplimos la palabra todos aquí, estamos
respondiendo a una implicación del texto. Estamos haciendo una inferencia. ¿Es
ésta una inferencia legítima? Pienso que lo es.
Si Pablo no quiere decir que todos los que son
llamados son justificados, la única alternativa sería que algunos de los que
son llamados son justificados. Si suplimos la palabra algunos en lugar de la
palabra todos aquí, entonces debemos suplirla a todo lo largo de la Cadena de
Oro. Entonces se leería de la siguiente manera:
“A
algunos de los que antes conoció, también los predestinó. A algunos de los
que predestinó, a éstos también llamó. A algunos de los que llamó, a éstos
también justificó. A algunos de los que justificó, a éstos también glorificó”.
Esta lectura del texto nos deja con una monstruosidad
teológica, una pesadilla. Significaría que sólo algunos de los predestinados
oyen jamás el Evangelio, y que sólo algunos de los justificados son
finalmente
salvados. Estas nociones están totalmente en conflicto con lo que enseña el
resto de la Biblia sobre estos temas.
Sin embargo, la idea de la presciencia sufre un
problema aun mayor al suplir la palabra algunos. Si la predestinación de Dios
se basa en su presciencia de cómo la gente responderá al llamamiento externo
del Evangelio, ¿cómo es que sólo algunos de los predestinados son siquiera
llamados? Ello demandaría que Dios predestinase a algunos que no son llamados.
Si algunos de los predestinados son predestinados sin ser llamados, entonces
Dios no estaría basando su predestinación en un conocimiento previo a la
respuesta de ellos a su llamamiento. ¡No podrían dar respuesta alguna a un
llamamiento que nunca recibieron! Dios no puede tener presciencia de la no
respuesta de una persona a un no llamamiento.
Si seguimos todo eso, entonces veremos cómo nos
vocifera la conclusión. Pablo no puede estar implicando la palabra algunos. Por
el contrario, la Cadena de Oro necesariamente implica la palabra todos.
Revisemos
la propuesta. Si suplimos la palabra algunos en la Cadena de Oro, el resultado
es fatal para la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación, porque
haría que Dios predestinase a algunos que no son llamados. Puesto que la idea
enseña que la predestinación de Dios se basa en la presciencia de Dios en
cuanto a las respuestas positivas de la gente al llamamiento del Evangelio,
entonces la idea se hunde claramente si algunos son predestinados sin un
llamamiento.
Suplir la palabra todos es igualmente fatal para la
idea de la presciencia. Esta dificultad se centra en la relación entre el
llamamiento y la justificación. Si todos los que son llamados son justificados,
entonces el pasaje podría significar una de dos cosas: (A) Todos los que oyen
el Evangelio externamente son justificados; o (B) Todos los que son llamados por
Dios internamente son justificados.
Si respondemos con la opción A, entonces la conclusión
a la que debemos llegar es que todos los que oyen el Evangelio son predestinados
para ser salvos. Por supuesto, la inmensa mayoría de los que sostienen la idea
de la presciencia en cuanto a la predestinación también sostienen que no todos
los que oyen el Evangelio son salvos. Algunos son universalistas. Creen que
todos serán salvos, tanto si oyen el Evangelio como si no lo oyen. Pero debemos
recordar que el principal debate entre los evangélicos acerca de la
predestinación no es acerca de la cuestión del universalismo. Tanto
los
defensores de la idea reformada de la predestinación como los defensores de la
idea de la presciencia están de acuerdo en que no todos son salvos. Están de
acuerdo en el hecho de que hay personas que oyen el Evangelio externamente (el
llamamiento externo de Dios), que no responden con fe y que, por tanto, no son
justificados. La opción A repugna tanto a los defensores de la idea de la
presciencia como a los defensores de la idea reformada.
Eso nos deja con la opción B: todos los que son
llamados internamente por Dios son justificados. ¿Cuál es el llamamiento
interno de Dios? El llamamiento externo se refiere a la predicación del
Evangelio. La predicación es algo que hacemos como seres humanos. El
llamamiento externo puede también ser "oído" leyendo la Biblia. La
Biblia es la Palabra de Dios, pero nos llega mediante documentos escritos por
seres humanos. En ese sentido es externa. Ningún ser humano tiene poder para
obrar internamente en otro ser humano. No puedo llegar al interior del corazón
de una persona para obrar en él una influencia inmediata. Puedo hablar palabras
que son externas. Esas palabras pueden penetrar en el corazón, pero no puedo
hacer que ocurra eso por mi propio poder. Sólo Dios puede llamar a una persona
internamente. Sólo Dios puede obrar inmediatamente en lo más recóndito del
corazón humano para influir una respuesta positiva de fe.
Así pues, si la opción B es lo que quiere decir el
apóstol, entonces las implicaciones son claras. Si todos los que Dios llama
internamente son justificados, y todos los que Dios predestina son llamados
internamente, entonces se sigue que la presciencia de Dios tiene que ver con
algo más que una mera conciencia previa de las decisiones libres que los seres
humanos tomen. Sin duda, Dios conoce desde toda la eternidad quiénes responderán
al Evangelio y quiénes no. Pero tal conocimiento no es el de un mero observador
pasivo. Dios conoce desde la eternidad a quienes llamará internamente. Él
justifica a todos los que llama internamente.
Dije anteriormente que la Cadena de Oro enseña algo
más de lo que la idea de la presciencia quiere que enseñe. Enseña que Dios
predestina un llamamiento interno. Todos los que Dios predestina a ser llamados
internamente serán justificados. Dios está aquí haciendo algo en los
corazones de los elegidos para asegurar su respuesta positiva.
Si la opción B constituye el entendimiento correcto
de la Cadena de Oro, entonces está claro que Dios hace una clase de llamamiento
a
algunos que no hace a todos. Puesto que todos los que son llamados son
justificados, y puesto que no todos son justificados, entonces se sigue que el
llamamiento es una actividad divina bastante significativa que algunos seres
humanos reciben y otros no.
Ahora nos vemos forzados a tratar de nuevo una
importante cuestión no muy diferente de nuestra cuestión original. ¿A qué se
debe que algunos sean predestinados para recibir este llamamiento de Dios y
otros no? ¿Reside la respuesta en el hombre o en los propósitos de Dios? Un
defensor de la idea de la presciencia tendría que responder que la razón por
la que Dios llama sólo a algunos internamente es que sabe de antemano quiénes
responderán positivamente al llamamiento interno y quiénes no. Por tanto, no
malgasta el llamamiento interno, sólo lo hace a aquellos que Él sabe que
responderán favorablemente al mismo.
¿Cuánto poder hay en el llamamiento interno de Dios?
¿Tiene alguna ventaja recibirlo? Si sólo es dado a aquellos que Dios conoce
que responderán a Él por su propio poder, parecería ser una influencia
interna sin una influencia real. Si no tiene influencia alguna en la persona que
oye el llamamiento externo, entonces Dios está predestinando una ventaja para
algunos de que está privando a otros. Si no tiene influencia alguna sobre la
decisión humana, entonces simplemente no es una influencia en absoluto. Si no
es una influencia en absoluto, entonces nada significa en cuanto a la salvación
y constituye una parte absurda de la Cadena de Oro.
Es crucial recordar que el llamamiento interno de
Dios se hace a las personas antes que crean, antes que respondan con fe. Si
influye en la respuesta de alguna manera, entonces Dios está predestinando una
ventaja para los elegidos. Si no influye en la decisión humana, ¿entonces qué
hace? Este dilema es penoso para la idea de la presciencia, penoso y sin alivio.
La
idea reformada de la predestinación
En contraste con la idea de la presciencia en cuanto
a la predestinación, la idea reformada asevera que la decisión final en cuanto
a la salvación descansa en Dios y no en el hombre. Enseña que desde toda la
eternidad Dios ha escogido intervenir en las vidas de algunos y llevarlos a la
fe salvadora, y ha escogido no hacer eso por otros. Desde toda la eternidad, sin
tener en cuenta previamente nuestra conducta humana, Dios ha escogido a algunos
para elección y
a otros para reprobación. El destino final de la persona está decidido por
Dios antes que la persona haya siquiera nacido y sin depender finalmente de la
elección humana. Sin duda, existe una elección humana, una elección humana
libre, pero la elección se hace porque, en primer lugar, Dios escoge influir en
los elegidos para que hagan la elección correcta. La base de la elección de
Dios no se apoya en el hombre, sino únicamente en el beneplácito de la
voluntad divina.
En la idea reformada de la predestinación, la elección
de Dios precede a la elección del hombre. Nosotros le escogemos a El solamente
porque Él nos ha escogido primero a nosotros. Sin la predestinación divina y
sin el llamamiento interno divino, la idea reformada sostiene que nadie escogería
jamás a Cristo. Esta es la idea de la predestinación que irrita a tantos cristianos.
Esta es la idea que suscita importantes cuestiones acerca del libre albedrío
del hombre y acerca de la equidad de Dios. Esta es la idea que provoca tantas
respuestas enojadas y acusaciones de fatalismo, determinismo, etc.
La idea reformada de la predestinación entiende la
Cadena de Oro como sigue: Desde toda la eternidad, Dios conoció de antemano a
sus elegidos. Él tenía una idea de la identidad de ellos en su mente antes de
crearlos. No sólo los conoció de antemano en el sentido de tener una idea
previa de su identidad personal, sino que también los conoció de antemano en
el sentido de amarlos de antemano. Debemos recordar que cuando la Biblia habla
de "conocer", distingue a menudo entre una simple conciencia mental de
una persona y un profundo e íntimo amor de la persona.
La
idea reformada cree que todos aquellos a quienes Dios ha conocido así de
antemano también los ha predestinado para ser llamados internamente, para ser
justificados y para ser glorificados. Dios, en su soberanía, hace que se lleve
a cabo la salvación de sus elegidos y sólo de sus elegidos.
Resumen
del capítulo 6
1.
La
presciencia no es una explicación válida de la predestinación.
2.
Hace
que la redención sea, en última instancia, una obra humana.
3.
La
predestinación es soslayada y virtualmente vaciada de significado.
4.
La
Cadena de Oro muestra que nuestra justificación depende del llamamiento de Dios.
5.
El
llamamiento de Dios se apoya en una predestinación previa.
6.
Sin
predestinación, no hay justificación.
7.
No
son nuestras elecciones futuras, sin embargo, las que inducen a Dios a
escogernos.
8.
Es
la decisión soberana de Dios a nuestro favor.
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