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 Daviel D’Paz

 

 

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LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD
Juan 5:40

 

Hubo un cambio radical en la voluntad de Adán en la caída, y él fue capacitado para volver a Dios por otro cambio radical. No fue Adán quien buscó a Dios, sino más bien Dios quien buscó a Adán. La voluntad esclavizada no puede por sí misma amar a Dios. Entonces, los hombres quienes aman a Dios lo hacen porque Dios les amó primero ( 1Jn. 4:10).

La voluntad esclavizada es controlada por sus afectos, que son terrenales, animales, y diabólicos (Sant. 3:15). Como la voluntad de Adán actuó según su naturaleza después la caída, así, la voluntad de cada pecador es libre sólo para actuar según su naturaleza. La acción de la voluntad es determinada por la naturaleza de la persona que hace la elección. La mente carnal es enemistad contra Dios (Rom. 8:7). Solo la gracia de Dios puede cambiar la voluntad que es esclavizada al pecado y causarla llegar a ser esclavizada a Jesucristo. La libertad verdadera es encontrada sólo en esta esclavitud: “Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo” (1Cor. 7:22). El testigo Bíblico a la libertad es limitada a la relación del hombre a Dios.

La esclavitud del hombre no significa impotencia sino más bien pecado, culpabilidad, rebelión, y alienación del Omnisciente. El pecado del hombre no manifiesta su libertad sino su esclavitud. La primera lección que una persona debe aprender es que él o ella no tienen ni la voluntad ni el poder para salvarse a sí mismos. Dios da ambas cosas en la regeneración. El cambio de la voluntad en la regeneración es tan radical como el cambio en la voluntad de Adán cuando cayó. El disfrutó la libertad antes de su caída; después su voluntad se hizo esclava. Ninguna persona desde Adán jamás ha tenido un libre albedrío. Los hombres son agentes libres, pero ellos no tienen libre albedrío. Una persona quien atribuye la salvación al libre albedrío del hombre no sabe nada de la libre gracia.

Uno que se adhiere a la doctrina del libre albedrío del hombre recientemente hizo las siguientes declaraciones: “Desafortunadamente Dios no tiene poder sobre la voluntad del hombre; es decir, que Dios no puede salvar a una persona en contra de su voluntad, pero a la vez, El no quiere que ninguno perezca. Dios ha hecho posible que todos los hombres sean salvos, pero la Biblia indica que la salvación depende en la disposición del hombre para ser salvo. Sería un tipo de tiranía si Dios salvara a la gente en contra de sus voluntades. Y por el libre albedrío del hombre, es obvio por la misma definición de las cosas que el hombre puede negar la voluntad de Dios y frustrar Su plan benévolo”.

Las declaraciones arriba son hechas frecuentemente por la gente quienes creen en el libre albedrío. Ellos deshonran al Dios soberano y enaltecen al hombre caído. Los hechos aquí son de que la voluntad de toda persona no salva es esclavizada al pecado. El es libre para ir en una sola dirección. Como una cascada, él es libre para ir hacia abajo. Los pecadores son libres de actuar según sus naturalezas depravadas. El hombre no tiene ni la voluntad ni la capacidad para venir a Cristo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere...” (Juan 6:44). “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40).

La controversia ha existido y continúa existiendo en cuanto a la (1)La naturaleza, (2) La libertad, y (3) El poder de la voluntad:

1. Aquellos quienes creen que la naturaleza de la voluntad del hombre es tal que él puede ser salvo en cualquier tiempo que él lo desee siguen la enseñanza de Pelagio. Los arminianos creen que la voluntad se determina a sí misma. Ellos hacen que la voluntad sea soberana, declarándola ser el determinante y el determinado. Así que, su creencia hace que la voluntad sea separada de las otras facultades y la coloca primero en el orden de los poderes del alma humana.

Los semi-pelagianos creen que la voluntad del hombre es libre pero necesita alguna asistencia del Señor. Uno de los dogmas de los Católicos Romanos los colocan en esta categoría concerniente a la naturaleza de la voluntad. Durante la Reforma entre los años 1545 y 1563, la jerarquía de la Iglesia Católica Romana se juntó intermitentemente para formular su dogma. Su cuarta ley del canon afirmó, “Si cualquiera dice, que el libre albedrío del hombre, movido y excitado por Dios, por asentir a Dios excitando y llamando, en ninguna manera coopera hacia disponerse y prepararse para obtener la gracia de la justificación; que no puede negar su consentimiento, si lo hiciera, pero que, a veces inanimado, no hace ninguna cosa y es simplemente pasivo; que sea anatema.” El propósito para la reunión del concilio no fue sólo para definir la doctrina como ellos la creyeron pero para condenar a los Reformadores.

Los Reformadores primitivos enseñaron que había dos facultades del alma humana—entendimiento y voluntad. Ellos verdaderamente afirmaron que el entendimiento es primero cognoscitivo, o perceptivo, capacidad de la mente, y el entendimiento es comprendido no sólo del intelecto pero también de la conciencia del hombre. Sin embargo, un estudio más completo del tema reveló que habían tres facultades en el alma humana—el entendimiento, la sensibilidad, y la voluntad. Luego, los teólogos creyeron que las tres facultades fueron mejor expresadas por referirlas como el entendimiento, el afecto, y la voluntad. (El afecto fue metido en el lugar de la sensibilidad.) Y así, vemos que el alma es una trinidad: Su intelecto es el poder de saber; sus afectos son el poder de sentir; y su voluntad es el poder de escoger. La voluntad es influenciada por lo que es oído y entendido; los afectos son afectados por el entendimiento; y la voluntad es influenciada a volición.

La voluntad del hombre no puede ser el determinador y determinado, la causa y el efecto, o el soberano y el sirviente. Esto colocaría la voluntad primero en el orden de las facultades del alma. Afirmar que la voluntad está aparte de las otras facultades del alma afirma que hay un hombre dentro de un hombre quien puede revertir el hombre y atacarle y quebrarle en pedazos. La idea que la libertad de la voluntad ordena, determina, e influye a sí misma a escoger es contradictorio. Si la voluntad es influenciada, o determinada, como los arminianos declaran, algo debe causar que sea influenciada, o determinada.

La voluntad es una agente auto-determinante, pero no es ambos determinador y determinado. ¿Cómo puede la mente actuar primero y, por su propio hecho de escoger, determinar cual motivo será la razón para su escogimiento? Eva escogiendo y comiendo la fruta prohibida fue influenciada: Satanás la engañó, al decirle que serían como dioses. Por lo tanto, su intelecto fue influenciado, su afecto se fue a lo prohibido, y escogió tomarla. Tomar del fruto fue un hecho de la voluntad, pero su voluntad fue influenciada.

El hombre tiene el poder para discernir, discriminar, y expresarse a sí mismo. El intelecto percibe lo que será hecho; la conciencia instruye a la mente en lo que debe ser hecho. Por lo tanto, el entendimiento es la facultad estacionaria del alma. Puede ser pervertida mediante la instrucción inadecuada, pero no puede ser radicalmente cambiada.

Adán retuvo sus capacidades intelectuales después de su caída, y continuó haciendo decisiones naturales. Todo pecador escoge las cosas naturales. No obstante, él no puede hacer decisiones espirituales porque él es depravado, es un enemigo de Dios, aborrece a Dios, y su voluntad no está inclinada hacia Dios. Aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas (Juan 3:19-21).

Toda persona no salva es auto-céntrica y aborrece cualquier cosa que intervenga con su concentración en sí mismo. El desea su propia voluntad, no se preocupa acerca de la voluntad de otros, y desprecia la voluntad de Dios. Su voluntad queda en aquella condición hasta que es cambiada por la gracia de Dios. El corazón naturalmente duro debe ser quitado por Dios y reemplazado con un corazón nuevo (Ez. 36:26).

Aunque los Israelitas fueron el pueblo escogido de Dios, ellos tuvieron que ser traídos al fin de sí mismos. La providencia de Dios les causó ir a Egipto y servir bajo capataces hasta que conocieron su impotencia. Dios les dio el deseo para el rescate, y ellos clamaron a El para recibirlo. Dios oye el clamor de toda persona en cuyo corazón El ha hecho la obra de gracia, y da el deseo para el rescate de las cosas mundanas y una delicia en las cosas espirituales. Ninguna persona desea la salvación en vano, porque el Dios quien da el deseo también satisface.

La persona quien desea oír el evangelio y es atraído al hecho que Dios de tal manera le amó que dio a Su Hijo para morir en su lugar como el Sustituto tiene una obra de gracia ya en su corazón. La voluntad, la última facultad del alma, es determinada por cosas precedentes—el entendimiento de la mente y afecto del corazón.

Después que uno ha comenzado la vida Cristiana, su deseo para el Señor y las cosas del Señor nunca disminuyen. Lo que es mejor, el celo aumenta con el crecimiento en la gracia y conocimiento. La seguridad, la estabilidad, y la esperanza son ganadas mediante el conocimiento que Dios trae a la fruición cualquier cosa que El comienza.

2. La controversia existe sobre la libertad de la voluntad. Los pelagianos mantuvieron que hay libertad absoluta de la voluntad. Los semi-pelagianos creyeron que Dios da capacidad igual a todos los hombres, y que algunos la usan para llegar ser Cristianos, y los otros la usan para rechazar a Jesucristo.

El diccionario define al libre albedrío como la doctrina que la acción humana expresa la decisión personal y no es determinada por fuerzas divinas o físicas. Los arminianos definen el libre albedrío como un poder en la voluntad humana por el cual una persona puede aceptar o rechazar la salvación. Su creencia que el libre albedrío del hombre lo capacita para escoger lo bueno o lo malo niega la depravación. (La mayoría entre los religiosos son clasificados con los arminianos).

Sin embargo, la Escritura declara que no hay ninguno que puede resistir la voluntad de Dios (Rom. 9:19). Si una persona fuera de Jesucristo tiene la capacidad en su propia voluntad de aceptar o rechazar a Jesucristo, él tiene mayor capacidad que un Cristiano, porque la voluntad de un Cristiano está sujeta a la voluntad de Dios (Fil. 2:12, 13).

Los defensores de la libre gracia adecuadamente distinguen la agencia libre del libre albedrío. La voluntad del hombre no es libre. Por su caída, la voluntad del hombre ha quedado predispuesta naturalmente hacia la maldad. Siempre está inclinada hacia lo que deshonra a Dios. El hombre caído es libre para actuar según su naturaleza depravada. El es libre de la justicia y libre al pecado: “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia” (Rom. 6:20). Aun las cosas correctas y honradas (desde el punto de vista de la justicia cívica) son desempeñadas de motivos egoístas y no para la gloria de Dios. Uno debe poseer la gracia de Dios para hacer algo para la gloria de Dios.

Un agente libre tiene el poder para desear y para actuar como dicte su voluntad. La agencia libre es el poder para decidir según el carácter de uno. Toda persona es un agente libre porque no es forzado desde afuera, pero él no tiene un libre albedrío hacia Dios. Todo individuo se encuentra atado desde dentro y sólo puede actuar según su propia naturaleza depravada.

El libre albedrío asume una capacidad en la voluntad misma para escoger lo bueno o lo malo. Por supuesto, esto no puede ser cierto en una voluntad depravada. Una voluntad que espontáneamente y de sí misma escoge la santidad no puede ser llamada depravada. Pero tal voluntad no existe en cualquier ser humano. Ninguna persona puede aceptar a Jesucristo por su propia voluntad. La voluntad humana es depravada naturalmente. Un individuo hace lo que su voluntad desea. El va hacia abajo como un automóvil sin un motor hasta que Dios por Su gracia cambia su curso. Si una persona ejercita su voluntad para aceptar a Cristo, es porque ya le ha sido dada una voluntad nueva y cambiada en la regeneración.

En la caída, el hombre no perdió las facultades necesarias para hacerle una persona responsable. El no perdió su razón, conciencia, o libertad de elección; pero sí perdió su libertad moral, el poder para hacer decisiones espirituales. El hombre no es un agente moral y libre porque él no puede escoger entre lo bueno y lo malo. El sólo escoge la maldad.

La auto-determinación de Adán a la maldad comenzó y terminó consigo mismo. Dios no fue involucrado en ello. Viceversa, el cambio radical que ocurre en la regeneración es auto-determinación impulsado por el Espíritu de Dios. En la regeneración, la dureza que previene la voluntad a actuar en la dirección de Dios es quitada (Ez. 36:25-27). Por lo tanto, por el poder de la gracia, la voluntad que una vez fue inclinada a la maldad es ahora inclinada hacia Dios. La operación de Dios en la voluntad esclavizada no es forzada desde fuera. El hace a la voluntad tierna y flexible desde dentro. El Espíritu Santo es la causa eficiente, y el espíritu humano es el recipiente de la participación del Espíritu en la inclinación de la voluntad hacia Dios.

3. La controversia existe acerca del poder de la voluntad. Los arminianos creen que la voluntad tiene la capacidad para ordenar, determinar, e influenciarse a sí misma para actuar con respecto a lo bueno o lo malo. Ellos creen que el hombre no puede ser libre sin aquel poder. Pero ellos confunden la disposición del hombre con su capacidad.

Si uno admite el libre albedrío (en el sentido que la determinación absoluta de sucesos es colocada en las manos de los hombres), él pondría al hombre en una posición mayor que Dios, haciendo la voluntad del hombre principal y la voluntad de Dios secundaria. Pero nosotros sabemos que la voluntad de Dios precede a la voluntad del hombre. No es dependiente de la voluntad de ninguno. El arminiano hace un dios de su propia voluntad. Consiguientemente, él debe creer que hay tantos dioses como tantas voluntades libres, lo cual es un tipo de politeísmo.

No hay validez en la declaración del arminiano de que Dios dio la misma capacidad a todos y algunos la usan para aceptar a Jesucristo mientras que otros la usan para rechazarle. Esto confunde la repugnancia del hombre para responder a Cristo con su inhabilidad. Sin embargo, los dos deben permanecer separados.

Agustín negaba que el hombre caído tenía la capacidad de sí mismo para venir a Dios. El hizo algunas declaraciones importantes concerniente a la voluntad humana: (1) La libertad del hombre antes de la caída fue la potencialidad para pecar o no pecar. (2) Desde la caída, el hombre tiene libertad para pecar pero no capacidad hacer el bien. (3) En el cielo, el hombre tendrá libertad para hacer el bien pero no el mal.

Agustín estuvo en lo  correcto en su negación que el hombre caído tiene la capacidad de sí mismo para venir a Dios. Sus distinciones concernientes a la voluntad humana son también correctas. En contraste con Agustín, el Cristianismo profesante es llevado lejos de la enseñanza de la Iglesia Primitiva. Lo más lejos que los hombres vayan de la enseñanza primitiva y apostólica, mayor su apostasía. Agustín afirmó que la libertad del hombre antes de la caída fue la capacidad para pecar o no pecar. Esto es como decir que Dios dio poder al hombre para perseverar o no perseverar. (Adán fue una persona que podía pecar y no perseveró.) Agustín distingue entre la agencia libre y el libre albedrío en su declaración que desde la caída el hombre tiene la libertad para pecar. Como un agente libre, el hombre tiene la libertad para pecar, pero él no tiene la capacidad para hacer el bien. Como Agustín declaró, el hombre tendrá la libertad de hacer solo el bien en el cielo.

Antes de la caída, Adán fue un agente libre. El hombre es un agente libre ahora, y él será un agente libre en la eternidad. Pero él está caído ahora y no puede dejar de pecar: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar...” (2Ped. 2:14). El hombre en la gracia tiene conflicto con el pecado (Rom. 7), pero él puede confesar sus pecados y así ser restaurado al compañerismo con el Señor. El curso general del hombre en la gracia es siempre hacia arriba: “...la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Prov. 4:18). En el cielo, el hombre tendrá la libertad para hacer el bien, pero él no será capaz de hacer lo malo. A lo largo de la eternidad él usará su agencia libre para alabar y honrar al Señor.

Los Reformadores enseñaron que la agencia libre pertenece a Dios, los ángeles, los santos en la gloria, los hombres caídos, y Satanás mismo. Los Puritanos afirmaron que el hombre no tiene la capacidad para cambiar su estado moral por un hecho de la voluntad.

Los Reformadores estuvieron correctos en su afirmación. Dios es un agente libre, pero El no puede hacer la maldad. El hace lo que a El le place pero no puede hacer nada contrario a Su naturaleza. Las elecciones pueden ser hechas sólo según la naturaleza de uno. Por lo tanto, el hombre fuera de Jesucristo no puede hacer elecciones positivos o espirituales. Una persona puede mejorar sus circunstancias y ambiente, pero sin un cambio en su naturaleza, él no puede mejorar su condición espiritual. De hecho, su final será peor que su principio (Mat. 12:43-45; 2Ped. 2:20-22).

Satanás no puede recobrar la bendición perdida por un hecho de su propia voluntad; ni puede el hombre. Ninguna provisión fue hecha para la recuperación de Satanás, y ninguna provisión se ha hecho para la recuperación de los ángeles caídos. Los ángeles caídos son reservados en cadenas esperando el castigo (2Ped. 2:4; Judas 6). Cuando Dios eligió algunos de los ángeles, El los guardó de una caída. Sin embargo, El no previno la caída de toda la humanidad en Adán. Algunos de entre la humanidad caída fueron escogidos para ser salvos. Por lo tanto, hay esperanza para los elegidos en Jesucristo de entre la humanidad, pero no hay esperanza para los ángeles caídos.

Satanás tuvo el poder de auto-determinación. El no fue tentado desde adentro como fue Eva (o como fue Adán tentado mediante Eva). No había nada fuera de Lucifer para tentarle. Esta es la razón por la cual su caída lo dejó sin esperanza.

Los Puritanos correctamente afirmaron que el hombre no tiene la capacidad para cambiar su estado moral por un hecho de la voluntad. El hombre debe ser un agente libre para ser responsable ante Dios. Sin embargo, uno no puede atribuir la agencia moral al hombre. La agencia libre es el poder para decidir según el carácter de uno. El libre albedrío es el poder de cambiar el carácter de uno por volición o elección. La agencia libre pertenece a todo hombre, pero el poder para cambiar el carácter de uno por el ejercicio de la voluntad no pertenece a la humanidad. El hombre es libre para usar su mano, pero la mano no es libre. Sólo hace lo que el hombre le manda. Es un esclavo de sus músculos. Una persona no salva debe actuar en armonía con su naturaleza engañosa, depravada, y malvada. El no puede actuar al contrario de lo que se le es mandado por su corazón.

El mismo Dios quien ha ordenado todos los sucesos, ha ordenado la agencia libre del hombre en medio del curso de los sucesos que El preordenó. El evangelio no es forzado sobre los elegidos contra sus voluntades (Sal. 110:3). Sus voluntades son cambiadas mediante la regeneración, que los hace dispuestos a aceptar el evangelio.

 

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