
Introducción:
Tuve
grandes dificultades siendo sacerdote Católico al escuchar a evangelistas
durante catorce años de búsqueda del Evangelio.
Los programas cristianos a través de la radio me decían continuamente
acerca de varias cosas que debía hacer para aceptar a Jesucristo en
mi corazón como a mi Salvador personal.
Folletos cristianos, de igual manera, me enseñaban acerca de la dedicación
y entrega necesaria para poder hacer mi decisión por Cristo. Después de una búsqueda
angustiosa, al enfrentar lo que se me había dicho que era necesario hacer para
ser salvo, descubrí que la cosa más importante y necesaria para entender Bíblicamente
acerca del Evangelio es aquello “…acerca de su Hijo, nuestro Señor
Jesucristo”, en palabras de Pablo en Romanos 1.3
Cuando
el Evangelio es proclamado en su totalidad, no es acerca de nosotros o acerca de
ninguna otra cosa que pasa en nosotros. Solamente
es acerca de lo que Cristo hizo y su muerte y resurrección.
También encontré, que el Evangelio es un hecho histórico.
La fe Bíblica no tiene que ver con recomendar técnicas, sean éticas o
místicas por medio de las cuales se pueda obtener la salvación, porque esto es
la carga, el peso de todas las falsas religiones. Contrariamente, la Biblia
proclama el hecho histórico de que Dios ha salvado ciertamente a todos los
suyos de la destrucción. El
Evangelio “por el cual sois salvos” es la obra completa y consumada
del Señor Jesucristo.
Primero,
la forma de no evangelizar es permaneciendo en silencio y esperando que nuestros
misioneros Cristianos sean los que testifiquen.
El mandamiento de “id y
haced discípulos a todas las naciones”,
significa ir y hablar la Palabra a todos, incluyendo a los Católicos. La mayoría
de monjas y sacerdotes y ex-Católicos que conozco los cuales han sido salvos y
han salido del Catolicismo, todos testifican del hecho de que ningún creyente Bíblico
les enfrentó acerca del hecho de su salvación.
El gran obstáculo al Evangelio es el silencio. El mandamiento de Cristo
de llevar las buenas nuevas es un mandato, no una petición. Segundo, al
evangelizar al Católico, la persona tiene que estar bien clara y preparada para
no dar el mensaje en proceso. El
Católico ha sido enseñado continuamente cómo hacer las cosas para agradar a
Dios. Los primeros Viernes, los primeros sábados, el escapulario azul, etc.
“El camino corto de santa Teresa”, todas las apariciones están
llenas de mensajes de lo que se debe hacer.
Sus vidas están llenas de lo que deben o no deben hacer, de manera que
para acercarse al Católico, tiene en contraste que ser basándose en lo que
Cristo ha hecho y en el simple mandato de confiar y creer.
Usar
expresiones como “Acepta a Jesús dentro de tu corazón” y “Entrega
tu vida a Cristo” son bastante similares a lo que los Católicos Romanos
oyen dentro del Catolicismo, a veces esas mismas palabras. Estos mensajes deben
dejarse a un lado completamente si uno quiere evangelizar de verdad.
Es necesario, por lo tanto, que discutamos algunos de estos métodos o vías
tan equivocadas de evangelizar que son para un total detrimento del auténtico
Evangelio. “Acepta a Jesús dentro de
tu corazón”. Es una de las
sentencias más usadas en los modernos círculos Evangélicos. Este concepto humanístico no es Bíblico.
El concepto Bíblico de la Justificación, es que el creyente, es
hecho acepto en Cristo. Todo
el tema de Efesios, capítulo 1 está condensado en el versículo 6, “para
alabanza de la gloria de su gracia, con
la cual nos hizo aceptos en el Amado”.
“Acepta a Jesús dentro de tu corazón” es una terminología al revés,
que asume erróneamente que la persona, por sí misma, elige aceptar a
Jesucristo dentro de su corazón y que es ella la que inicia la acción por la
cual será salva. Cuando el
creyente habita y permanece en Cristo mediante la fe y por amor guarda sus
mandamientos, Cristo mora en el corazón limpio de esa persona. “Permaneced
en mi, y yo en vosotros. Como el pámpano
no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco
vosotros, si no permanecéis en mí.” (Juan 15:4)
La salvación es diferente a la santificación.
Todo el proceso de santificación (“Cristo
en vosotros, la esperanza de gloria” Colosenses 1:27) depende primeramente,
de que la persona esté en El, revestida de Su justicia. Es antibíblico el pensar que la santificación se realiza
cuando Cristo viene por primera vez dentro del corazón del hombre pecador. La
persona mala y muerta por el pecado puede ser aceptable a Dios solamente si está
“en Cristo”, como hemos visto en Efesios 1:6.
Entonces, y sólo entonces, Cristo viene a santificar al que ya ha sido
salvado o justificado.
Los
versículos siguientes a veces son usados de manera errónea al evangelizar. Sin
embargo, esas palabras se aplican a los creyentes en la iglesia de Laodicea, “Y
escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él , y cenaré con él,
y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono.”
(Apocalipsis.3:14, 20-21) Es
inexcusable el mal uso de Apocalipsis 3:20; el cual es un mensaje acerca de la
santidad y no para enseñar la justificación. La justificación difiere de la
santificación en que la santificación es interna y experimental, mientras que
la justificación es objetiva y legal. La
justificación es instantánea e inmutable, mientras que la santificación es
gradual y progresiva. Aquellos que
hacen mal uso de este pasaje, saben que no es así, no obstante persisten a
causa de lo que ellos llaman éxito en el evangelismo.
Muchas
veces se oye lo siguiente: “He aquí, yo
estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él,
y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
Jesucristo quiere tener una relación personal contigo.
Imagina, si puedes, a Cristo de pie, a la puerta de tu corazón (la
puerta a tus emociones, intelecto y voluntad). Invítale a entrar; Él está
esperando para que le recibas dentro de tu corazón, de tu vida.”
Los Católicos pueden ser engañados acerca de este asunto tan vital,
creyendo sinceramente que ellos han recibido a Jesucristo como a su Salvador
personal, cuando de hecho, el fundamento para creer esto está cimentado en
arena. Ellos siguen perteneciendo a la Iglesia Católica Romana
creyendo que ahora han hecho algo “evangélico” para añadir a los muchos
rituales del Catolicismo. Es
indeciblemente serio dar un mensaje de salvación tan engañoso.
“Da
a Jesús el control de tu vida para ser salvo.”
Es otro mensaje antibíblico bien conocido.
Él es el único que hace “todas
las cosas según el designio de su voluntad” (Efes.
1:11). Nada de lo que una persona pueda pensar en dar a Dios a cambio por la
salvación, es aceptable delante de Dios. “Nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia...”
(Tito
3:5). El mismo Jesucristo, fue ante el Dios Santo, el único sacrificio
aceptable por el pecado, y esa ofrenda por el pecado está completa. La
persona es salvada por la gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por la
promesa de “una conducta controlada.” El
control de la conducta es un proceso que sigue a la salvación en lugar de ser
la causa inicial de la salvación.
“Da
tu vida a Jesús (para ser salvo)”.
Esta enseñanza es un error por varias razones:
Primero, la vida eterna es un
regalo, un don gratuito. (Efes. 2:8-9, Romanos 5:15-18; 6:23).
La persona no “da” nada por un regalo dado gratuitamente.
Dios da este regalo gratuito a una persona cuando Él
coloca esta persona en Jesucristo. Con
el don de la salvación viene también el regalo de la fe para creer que esto es
lo que Dios ha hecho. (Ver también Juan
5:24-25) Lo que separa al hombre de
Dios es el pecado. (Romanos 3:23) Segundo,
tal frase como “entrega tu vida a Jesús” presume, de manera equivocada, que
la persona tiene algo de valor para dar a Dios.
Las personas muertas espiritualmente no pueden dar nada que les pueda salvar de sus pecados. Cristo
Jesús dio su vida por los pecados de su pueblo (Gálatas 1:4) porque el
hombre está muerto en su pecado. No
hay ningún versículo o pasaje en la Biblia que diga o enseñe, que la persona
que está muerta espiritualmente “da” nada, ni siquiera su vida, para poder
ser salvo.
Si
se enseña al Católico a “dar su vida a Jesús” para ser salvado,
seguramente va a pensar que tiene que dar su servicio, tiempo, dinero, trabajo
etc. para poder ser salvo. Todo
esto puede conducir a una persona al evangelio de las obras, el cual nunca puede
dar salvación. El ser salvado no
es un comercio o negocio mediante el cual la persona da algo a Jesús a cambio
de la salvación. Sólo por el don
gratuito de la Gracia de Dios la persona puede ser salvada, a través de la fe
en Cristo Jesús solamente y sin ninguna otra cosa. (ver Efes. 2:8-9) Es
falsedad el decir a los pecadores que “den su vida a Jesús” o que también
“podrán ser salvos aceptando a Jesucristo como a su Salvador personal”
cuando todavía están envueltos y cegados con sus rituales, idolatrías y
tradiciones y en sus corazones siguen amando el pecado.
El
arrepentimiento es necesario. El arrepentimiento es tan esencial para la fe
salvadora que si de alguna manera este arrepentimiento se descuida, entonces,
esta persona no tiene la fe que salva. La convicción de pecado es el primer
trabajo del Espíritu Santo en las vidas de los que están perdidos (Juan 16:8).
Sin esta convicción de pecado, la persona no tiene salvación. “Y dará a
luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de
sus pecados”. (Mateo 1:21) El arrepentimiento siempre es una parte del
creer en Cristo, porque Cristo vino para salvar al pecador de
sus pecados, no en sus pecados. “(Dios)
ahora manda a todos los hombres, en todo lugar, que se arrepientan.” (Hechos
17:30)
La
metodología Bíblica es una parte importante de la verdad del Señor. El propio
método del Señor, fue esencialmente haciendo preguntas y proclamando la
necesidad de arrepentirse y creer. De
la misma manera, los apóstoles proclamaron el mandamiento del Señor de creer.
El método Bíblico es el de hacer preguntas, como hizo nuestro Señor.
Usando las mismas palabras de la Biblia, uno puede mostrar o exponer la
Santidad de Dios, la Bondad y
santidad de Cristo al declarar Su justicia la cual se imputa o acredita a cada persona que salva.
Se puede mostrar que la obra y sufrimiento salvador de Jesucristo es un
hecho real y completo. Con
toda claridad debemos hacer saber a todos, que se nos manda creer en el Señor
Jesucristo. Para hacer esto, la
persona debe desechar todo esfuerzo propio para poder establecer su propia
justificación y clamar a Dios por el don gratuito de su gracia.
El punto clave de cómo Dios realiza la salvación del pecador esta en
que Él imputa, esto es, aplica la Justicia de Cristo a aquel que cree en Él.
Este es el tema de Romanos en el capítulo cuatro y que se sumariza
maravillosamente en el verso cinco: “mas
al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada
por justicia.” La razón
por la cual Dios imputa la justicia de Cristo al creyente es para enseñar Quién
es El, “ … con la mira de
manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que
justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos3:26)
Ejemplo
de algunas preguntas sencillas
1.
Nosotros que somos pecadores ¿Cómo podemos presentarnos delante del
Dios Santísimo?
2.
Delante de Dios, ¿Cuál es tu propósito en la vida?
3.
¿Cuál es el mensaje central de la Biblia?
4.
¿Cómo tú y yo podemos tener la vida eterna?
5.
Dios es absolutamente Santo. Todos
nosotros somos pecadores. ¿Cómo
entonces podemos tener amistad con Él?
6.
¿Cómo nos enseña la Biblia si una persona es salva?
7.
¿Por qué murió Cristo en la cruz si no tuvo ningún pecado?
En
la Escritura, está bien claro que la salvación es solamente en Cristo.
Por ejemplo, en Efesios 1 y 2, “en Cristo”, “en quien”, “en
Él”, “en el Amado” se dice 18 veces.
En todas las epístolas del apóstol Pablo, se repite lo mismo.
La salvación es en Cristo. De
manera similar así lo expresa el Apóstol Juan en sus escritos, diciendo que la
vida eterna está en Cristo y es creyendo en Él. “Y
éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está
en su Hijo” (1
Juan 5:11)
“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para
conocer al que es verdadero, “y
estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo.
Este es el verdadero Dios y la vida eterna.”
(
1Juan 5:20).
En
los tiempos de la Reforma cuando literalmente millones de Católicos se
acercaron al Señor, fue precisamente basándose en el cuarto principio que la
Reforma defendía acerca de la verdad de la Escritura de que la salvación es
solamente en Cristo. Todos los
mandamientos son “creer en” o “mirar a” “ven a Cristo” “cree en el
Señor Jesucristo y serás salvo” o en palabras del mismo Jesús, “El
que creyere y fuere bautizado, será salvo”;
o sus palabras en Juan 6:29, “Esta es la obra de Dios, que creáis en él
que ha enviado”. Cuando
testificamos al Católico, lo más importante es recalcar que la salvación es
en Cristo y no en el creyente. Cuando
nosotros tenemos la palabra “recibieron” tal como está en Juan 1:12 explica
claramente, que es a los que le recibieron, a los que creen en él, así que el
recibir es un acto de fe conociendo
al Señor y creyendo en Él. “Mas
a todos los que le recibieron, a los que
creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
La
Escritura es consistente enseñando que la salvación sólo está en Cristo.
Toda otra terminología que se enfoca en el corazón humano más que en
Cristo, no es efectiva porque no está de acuerdo a la Palabra.
Mirar a Cristo para ser aceptos en Él, es un principio Bíblico de suma
importancia. El venir a Cristo se
inicia por el Padre el cual acerca a cada persona (Juan 6:44) y ha dado cada uno
a Cristo. (Juan 6:37) La salvación
se realiza solamente por la gracia de Dios. Es totalmente un regalo concedido
gratuitamente mediante la fe. (Efesios 2:8-9).
Venir a Cristo, es tener la vida eterna ahora, para luego ser plenamente
glorificada en el cielo. Al hablar
de “alcanzar el cielo” cuando testificamos, no solamente cambia el foco
acerca de la Santidad de Dios, sino que además, falla en dejar bien claro que a
través de la fe ya tenemos ahora como creyentes, la vida eterna.
En vez de hablar acerca de alcanzar el cielo, debiéramos enseñar a los
perdidos, “y esta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
(Juan 17:3) Y esto que se escribió,
de igual manera debe ser proclamado, enseñado por los creyentes, estén donde
estén, sea en el supermercado, la calle o a través del teléfono, “estas
cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para
que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del
Hijo de Dios.” (1Juan 5:13)
Cuando
damos todo el crédito y la gloria a Dios y a Su gracia, cuando usamos su
Palabra poderosa, Él salva al pecador, y aquel a través del cuál la palabra
ha sido dada se humilla por la demostración de la grandeza y misericordia del
Dios Santo, entonces, ambos, se benefician de la gloria del Señor, así como se
establece en Efesios 1:6 “Para
alabanza de la gloria de su gracia”.
Es
“el Dios de todos las gracias” ( 1 Pedro. 5:10) así como es el Dios
que busca encuentra y salva a Su pueblo. El
regalo de Dios al creyente es la justificación, la cual se le imputa basándose
en la obra completa y terminada de Cristo en la cruz [1].
Así de sencillo, la justificación es el justo juicio de Dios al
creyente, declarándole a la vez, sin falta con relación al pecado, y justo de
acuerdo a su posición moral que tiene en Cristo. Este juicio de Dios es
legalmente posible debido a la muerte sustituta de Jesucristo y a su resurrección,
en lugar del creyente. La justificación es lo primero y el principal juicio
legal del creyente. “
Asi que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los
hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la
justificación de vida.” (Romanos 5:18)
La justificación es el recto juicio de Dios que se demuestra a través
de la palabra en Romanos 3:26, que dice: “Con
la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo,
y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Este juicio recto de Dios predicado por los apóstoles, es el
centro de las buenas nueves de la Biblia. Es el justo juicio que Dios concede
libremente:
“Pero ahora,
aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley
y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe de Jesucristo, para
todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe, en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los
pecados pasados, con la mira de manifestar
en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al
que es de la fe de Jesús.” (Romanos 3:21-26)
El
significado precioso del término “justificar” se ve claramente y con
exactitud en su contraste con el término “condenar”. “Dios es el que
justifica. ¿Quién es el que condenará? (Romanos 8:33-34)[2]
La condenación no es un proceso por el cual un buen hombre se hace malo,
sino es un veredicto del juez declarando al hombre culpable.
Entonces, así como al condenar a un hombre le declara culpable pero no
infunde maldad en él, de la misma manera, la justificación no infunde bondad o
virtud dentro del hombre, pero le declara justo.
La justificación es una sentencia formal del Juez Divino por medio de la
cual Él declara al creyente justo.
La
Escritura declara que la rectitud o justicia de Dios se ha manifestado fuera de
la ley; este es el propósito del Evangelio. Lo que se ha declarado no son obras
humanas de rectitud sean las que sean, sino que más bien es la rectitud o
justicia de Dios la que se ha revelado. El Evangelio es la demostración de un
hecho histórico, concreto, de la compensación o pago perfecto mediante el cual,
Cristo se sometió a todas las demandas de la ley, por lo que Dios
acredita y aplica este pago a cada creyente verdadero.
Ante la naturaleza Santa de Dios, el pecado debe ser castigado y la
justicia verdadera, establecida.
Todo
esto ha sido efectuado perfecta y totalmente mediante la obediencia fiel del Señor
Jesucristo en su sacrificio propiciatorio.
Así la fidelidad de Cristo ha sido proclamada en el v. 22, “la
justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo.”
Cuando la Biblia declara que la fe es un regalo de Dios al creyente,
también enseña varias palabras acerca de lo que es la justificación.
La justificación se encuentra en Cristo y por Cristo. Es la demostración
de la fidelidad[3]
de Cristo llevada incluso al extremo de la muerte. Semejante rectitud perfecta se origina en Dios y viene de
Dios; “la justicia de Dios por medio de
la fe de Jesucristo”, v.22.
Las buenas nuevas son que esta rectitud totalmente perfecta es “para
todos los que creen en Él”. Legalmente, lo que esto enseña es la
verdadera identificación de los creyentes con el Señor Jesucristo.
Dios ha provisto la justicia, la rectitud de Cristo a los pecadores que
han creído. Hay varios pasajes en
los cuales se menciona la fidelidad del Señor.
En cada caso, el nombre de Jesucristo está en el tiempo genitivo
indicando que la fidelidad es una cualidad que Él posee en su carácter.
Galatas 2:16 nos da un buen ejemplo de este uso: “Sabiendo
que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de
Jesucristo.” Sabiendo que la
ley tiene que ser cumplida por Dios para declarar a una persona recta o justa,
la fidelidad de Cristo tiene que ser entendida al aplicarla específicamente a
este contexto.
De
acuerdo al versículo 23, “por cuanto
todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, cada persona,
bajo la ley, ha sido destituida de la gloria de Dios y por lo tanto está en
posesión de estas dos realidades: un mal corazón a causa de su naturaleza
pecaminosa y un mal registro oficial a causa de su pecado personal. Las buenas noticias empiezan en el v.24, “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención
que es en Cristo Jesús.” Esto
es solamente por la Gracia Soberana de Dios, enseñándonos cómo es el
verdadero corazón de Dios. Su propia misericordia le movió a Él, a desviar
por medio de su amor asombroso lo que hubiera podido ver en el más vil de los
rebeldes. Como está escrito, “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me
acordaré de tus pecados.” (Isa. 43:25)
El designio de Dios es resaltado por el adverbio “gratuitamente”.
Esto excluye toda consideración o cualquier cosa en el hombre o por el
hombre por lo cual pueda haber alguna causa o condición a la justificación. El
mismo adverbio Griego es traducido “sin causa” en Juan 15:25, “sin
causa me aborrecieron”. El
derecho del creyente a estar delante de Dios está en la redención de Cristo,
la cual es dada gratuitamente, de manera que fuera de esto, nada puede hacer por
él mismo. “Ser
justificado”, significa que por cuanto no hay nada más en el hombre mismo,
sino perecer, puesto que ha sido castigado por el justo juicio de Dios, entonces
sólo puede ser justificado gratuitamente a través de la provisión de Dios en
Cristo.
Quizás
no hay otro pasaje en toda la Escritura que ilustre de una manera tan notable la
eficacia de la justicia de Cristo como lo hace este. Enseña que la gracia de
Dios es la causa eficiente. “Mediante la
redención que es en Cristo Jesús”:
Esto nos muestra que “siendo
justificados gratuitamente por su gracia” es sólo a través del pago
realizado por Cristo Jesús y no por nada que el creyente haga, para que no se
imagine alguno, un tipo de “un pedazo de gracia”, que le lleve a intentar añadir
algo a los méritos de la gracia de Dios.
Las
Riquezas de la Gracia de Dios
En
esto el amor de Dios se ha manifestado a través de su Hijo, Jesucristo en el
que este regalo de la justificación, el cual costó a Jesucristo la vida, es un
trabajo terminado y es concedido gratuitamente. Porque ¿a quién Dios le debe
algo? Y ¿quién puede satisfacer sus reglas según la ley? Entonces ¿quién
puede regatear con Dios o con Jesucristo, incluso pensar en ofrecer a Dios
alguna cosa a cambio por el recto juicio de Sí mismo? Hacer semejante ridícula
oferta sería un intento de soborno del más alto grado.
Una y otra vez la Biblia establece, como en el texto de arriba, que la
justicia de Cristo se
imputa
al creyente gratuitamente por Dios, o por la gracia de Dios solamente.
Y
es solamente en Cristo que la persona tiene el derecho legal de estar delante
del Dios Santísimo, “en quien tenemos
redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”
(Efesios 1:7).
La
justificación Bíblica, por lo tanto, es la obra perfecta y acabada de Dios. “Dios
es el que justifica.” (Romanos 8:33)
La justificación es solamente el trabajo de Dios para enseñar Su
rectitud, Su justicia y el hecho de que Él es el único que salva. Una vez que
Dios justifica a la persona, Él ve a la persona “en
Cristo”[4],
porque Dios habiendo perdonado al pecador, lo reconcilia a cuenta de la
justicia de Cristo. De esta manera la justificación es sólo por la fe “sin
las obras de la ley” (Romanos 3:28). En el Señor Jesucristo, los
creyentes tienen la rectitud sin mancha o defecto, perfecta y gloriosa. Justicia
la cual no sólo ha expiado todos sus pecados, sino que también satisface cada
requerimiento de los preceptos de la ley. No
es una transfusión de la justicia de Cristo a aquellos que van a ser salvados o
justificados, de manera que ellos puedan ser rectos por herencia. ¡No es un
derecho divino y legal a la vida eterna, el título a una herencia eterna!
La
obediencia de Cristo meritoria y perfecta es en verdad y en tal manera
transferida a los creyentes, que ellos serán llamados “los justos” en el
juicio final. (Mat. 25:40) Verdaderamente
el creyente tiene razón al clamar en oración con las palabras del Salmo
71:15-16, “Mi boca publicará tu
justicia y tus hechos de salvación todo el día.
Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; Haré memoria de tu
justicia, de la tuya sola.”
Los
Dos Puntos Claves para Recibir el Evangelio
Bíblicamente,
el recibir el Evangelio tiene dos puntos principales.
Primero, todos los hombres tienen el mandato de creer en el Señor
Jesucristo. Segundo, aún cuando la fe para creer es un don gratuito de Dios,
con todo, sin la gracia de Dios, ninguna persona puede creer.
El Señor puso el mandato de creer cuando dijo: “Porque
si no creyereis que yo soy,
en
vuestros
pecados
moriréis.”
(Juan
8:24). De la misma manera, Pablo y Silas dijeron:
“Cree en el Señor
Jesucristo, y serás salvo, tu y tu casa.” (Hechos 16:31)
La importancia central de la fe, fue dada por el Señor en las palabras
siguientes, “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida
eterna.” (Juan 6:47) En una
palabra, el Señor,“El que cree en el
Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino
que la ira de Dios está sobre él.” (Juan 3:36)
El Señor Jesús establece claramente la razón de esto: “El
que en Él (Cristo) cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido
condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta
es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (Juan 3:18-19)
La
gracia de Dios es la expresión más sublime de su misericordia. El término
denota la verdadera naturaleza de la bondad de Dios. De esta manera, la
Escritura insiste: “…para mostrar en los siglos venideros las abundantes
riquezas de su gracia en su bondad para nosotros en Cristo Jesús. Porque por
gracia sois salvos por medio de la fe; no por obras, para que nadie se gloríe.”
(Efes. 2:7-9). La salvación no procede de nada del que está dando testimonio,
sino totalmente de la pura misericordia de Dios. El contraste entre Su gracia y
el mérito humano se evidencia claramente en las sencillas palabras, “…y si
por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.”
(Ro. 11:6) El plan que Dios ha
provisto para salvar a los pecadores es por la fe, para que la justificación de
ellos sea solamente por gracia, y Sus promesas y fidelidad manifestadas
firmemente, y ellos, por lo tanto, perfectos y seguros; “Por
tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme
para toda su descendencia.” (Romanos 4:16).
Tensión
Bíblica entre Dos Puntos
La
tensión Bíblica entre los dos puntos, primero, que el mandato de creer es para
cada persona, y segundo, que sin la gracia de Dios, la persona no puede creer,
tiene que ser claramente expuesto en el momento en que testificamos a los no
creyentes. Esta tensión se expresa en varios textos, como por ejemplo:
“Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que
él ha enviado.” (Juan 6:29) Uno de los ejemplos más claros está en Juan
1:12-13; “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de varón,
sino de Dios.” En la predicación
del apóstol Pablo también se encuentran los dos aspectos: “Sabed, pues,
esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y
que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados,
en él es justificado todo aquel que cree.” (Hechos 13:38-39).
La
intención del Señor en estos y otros versículos es la de mostrarnos que el
hombre no puede ser justificado por su propio trabajo o méritos, en contra de
la tentación de Satanás de que uno puede ser salvado por su propia rectitud o
justicia. La gracia de Dios, es el resultado de Su promesa, “Mas
la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe
en Jesucristo fuese dada a los
creyentes.” (Galatas 3:22). Al testificar, es de absoluta necesidad dejar
bien claro a los que están perdidos, que como en palabras de la Escritura, cada
persona por sí misma, tiene que levantarse y
“. . . da voces en la noche, al comenzar las vigilias; derrama como agua tu
corazón ante la presencia del Señor.” (Lam. 2:19) “Porque todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Romanos 10:13) “Dios,
sé propicio a mí, pecador.” (Lc. 18:13)
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú oh Dios.” (Salmo 51:17) “Cree
en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31).
Este
artículo es cortesía de: Richard Bennett y su ministerio “The Berean
Beacon”.
Para
www.soloporgracia.org.
©Todos los derechos Reservados.
[1]
Romanos. 4:5-8, II Cor. 5:19-21;Romanos. 3:21-28;Tito
3:5-7;Efes.1:7;Jer.23:6;I Cor 1:30-31;Romanos.5:17-19.
[2]
Por un estudio detallado de este término ver textos como: Deut. 25:1,Job
19:20, Job 32:2, Prov.17:15, Mat.12:37, Luc. 7:29, I Tim. 3:16, Salmo 143:2,
Isa, 50:7-8.
[3]
Del griego pistis.
Hay varios contextos donde necesariamente se traduce como fidelidad
Mat. 23:23, Romanos. 3:3, Galatas 5:22, Tito 2:10 etc…. Hay
variedad de pasajes en las cuales la fidelidad del Señor se ha mencionado.
En cada caso, el Nombre de Jesucristo está en genitivo indicando que la
fidelidad es una cualidad del carácter de Cristo que El posee (2:16, 3:22,
Efes 3:12, Fil.3:9)
[4]
El concepto de en Cristo (en el
Amado, en El, en Quien, etc.) ocurre 18 veces en Efesios capítulos 1 y 2).
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