EVANGELISMO TEOCÉNTRICO

 

R. B. Kuiper 

Introducción

 

Se han llegado hacer distinciones entre labor misionera y evangelismo. La labor la remiten a evangelización de los no salvados lejos de nosotros; mientras que evangelismo es para los cercanos. El Dr. Bawinck define misión como una actividad de la iglesia por la cual antes de la proclamación del Reino de Dios llama al arrepentimiento y fe en Cristo, a los pueblos de la tierra, para que sean hechos sus discípulos e incorporarlos por el bautismo a la comunión de los que aguardan la venida de su Reino. En el sentido estricto del nuevo testamento no hay actualmente verdaderos evangelistas. Se dice que el evangelismo en nuestros días más que estar enfocado a Dios, se enfoca en el hombre o en aquellos que deben ser evangelizados. La Teología defendida en el libro es la Reformada, la cual incluye: la doctrina de la trinidad, la deidad de Cristo, el sacrificio sustitutorio, cinco puntos del calvinismo: predestinación absoluta, la total depravación humana, la expiación particular, la gracia irresistible, la eterna seguridad de los creyentes.

 

 

CAPÍTULO 1

 

DIOS EL AUTOR DEL EVANGELISMO

 

El Dios Trino como autor del evangelismo. El evangelismo tiene raíces en la Eternidad con el Pactum Salutis, según los teólogos, o concilio de Redención o de Paz; el cual consiste en un plan acordado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un plan de salvación de los pecadores antes de que el mundo fuera. Dios Padre tenía que enviar a su Hijo al mundo para redimirlo; el Dios Hijo vendría voluntariamente al mundo para ganar la salvación por su obediencia hasta la muerte y Dios Espíritu Santo aplicaría la salvación a los pecadores trayendo a ellos la gracia salvadora. Dios nos amó y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (Cristo habló de la comisión recibida por el Padre). El Espíritu Santo fue enviado por el Padre y el Hijo. El Dios Trino ha ordenado que el Evangelio sea el medio indispensable de salvación.

 El Padre como autor del evangelismo Desde la eternidad comisionó al Hijo para ganar la salvación de los pecadores por su muerte y obediencia. Inspiró a los profetas de la antigüedad para preanunciar la venida del Dios Hijo en carne y predecir que entraría en la gloria por sus sufrimientos. Lanzó la invitación por medio de Isaías de "Mirad a Mi y sed salvos todos los términos de la tierra porque yo soy Dios y no hay más"(Isaías 45:22) Ordenó los sacrificios para tipificar el sacrificio salvador del Hijo en la cruz. Al principio del ministerio público del Dios Hombre, el padre envió sobre Él. "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciego, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor" (San Lucas 4:18-19) Sostuvo a su Hijo al llevar la carga de la ira del santo y justo Dios contra el pecado de toda la humanidad. Levantó al Hijo de los muertos (sello de aprobación sobre la obra perfecta del Hijo) Lo exaltó hasta lo sumo. El Hijo como autor del evangelismo Voluntariamente "se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres" (Filipenses 2:7) Proclamó el evangelio por los profetas antiguos que anticiparon su muerte redentora.

 Cuando profetizaban de la gracia que había de venir era el Espíritu de Cristo que había en ellos. Dio lugar a una nueva dispensación: encargó a los apóstoles y a la iglesia de todas las edades "Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra, id por tanto y doctrinad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"(Mateo 28:18-20) Es la cabeza de misioneros y evangelistas, es el Gran Evangelista por medio de ellos. Aplica eficazmente el Evangelio por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo como autor del evangelismo Movió a los antiguos profetas; el día de Pentecostés capacitó manifestándose mediante viento y fuego. Llama a los evangelistas y los guía. En la Edad Apostólica se hacía por revelaciones especiales; ahora llama y conduce por la providencia y su influencia benévola sobre las mentes y corazones. Preserva la pureza del evangelio.

 

CAPÍTULO 2

 

EL AMOR INFINITO DE DIOS Y EL EVANGELISMO

 

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea tenga vida eterna" (Juan 3:16) Amor soberano Aunque Dios sin duda ama a todos los hombres, no concede su amor salvador a todos por igual. Decir que Dios ama todas las cosas es ignorar la verdadera naturaleza del amor, el cual solamente puede ser otorgado a objetos capaces de recibirlo. Una grave objeción es que se trata de medir el amor infinito de Dios con términos finitos. El creador es infinito. Y Él es infinito en todos sus atributos, así como también en el de su amor. En un sermón sobre Juan 3:16 que aparece en el libro El Salvador del mundo por Benjamín J. Warfield, se afirma que la expresión "al mundo" debe ser tomada más en el concepto de cualidad que en el de cantidad.

 El punto clave, por lo tanto, no es cuan grande es el mundo o que cantidad de amor se necesita para abarcarlo todo; sino que el mundo es tan malo que requiere un amor excesivamente grande para poder ser amado. El amor de Dios es un amor soberano, no depende de su objeto, como el amor humano. Dios ama a los que son despreciables y totalmente repulsivos. La razón de porque Dios les ama no reside en ellos, sino en Dios mismo. Amor abnegado Es natural para un padre humano amar a su hijo por razón de que es carne de su carne, hueso de su hueso, y sangre de su sangre. Ama a su hijo porque se ama a sí mismo. El hombre, creado como fue a la imagen de Dios, (también se ama a sí mismo; y Dios puso su sello de aprobación en el amor propio del ser humano (en contradicción con el amor egoísta que es totalmente otra cosa) cuando le mandó "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 19:19). Dios padre ama pues el Hijo porque se ama a sí mismo. El padre humano comparte el amor de la paternidad con la madre; pero Dios no tiene que compartir su honor con nadie.

 Un padre que tiene sólo un hijo puede humanamente tener más hijos. Pero es inconcebible que Dios el Padre tenga más hijos semejantes al Unigénito. Dios amó de tal modo a los hombres pecadores que para ellos dio al Hijo de su amor. Significa que lo entregó, que le sacrificó; fue herido con la maldición de Dios, "pues escrito está: Maldito todo aquel que es colgado en un madero" (Gálatas 3:14). Dios le desamparó. Esto es equivalente al mismo infierno. Cuando Él clamó con gran voz "Dios mío Dios mío, por qué me has desamparado?" (Mateo 17:46) estaba en el mismo fondo del abismo. Juan 3:16 hace la aclaración de que el santo Dios, ama soberanamente a pecadores merecedores del Infierno; y que les ama de tal modo que quiso que su Hijo Unigénito, a quien ama con todo el amor de su corazón infinito, fuera al infierno en su lugar. Amor salvador El amor de Dios no salva a todos, solamente los que creen en el Hijo tendrán la vida eterna.

 Si todos los seres humanos fueran salvos, el número de los salvad sería aún finito; y lo infinito y lo finito son simplemente incomparables. El hecho de que los creyentes, y sólo ellos sean salvos, no deja de ser por tanto una revelación del infinito amor divino. Siendo todopoderosos, Dios podía salvar a todos los hombres por la fuerza. Siendo amor, escogió salvar sólo por amor. Por el Evangelio suplica con amor a los pecadores que respondan a este amor recibiendo al Hijo por la fe. Dios podía haber vendido su salvación a un precio. Pero ningún hombre podía pagar este precio. En su amor Dios envió a su Hijo al mundo para pagar todo el precio y cumplir todo lo requerido. Sobre la base de aquellos méritos él ahora ofrece salvación al hombre como un don, que estos no tienen que hacer sino tomar.

 La salvación de los creyentes es una revelación del amor de Dios y la condenación de los incrédulos una manifestación de su justicia. El incrédulo se burla del amor de Dios. Si este amor fuera pequeño sería un pequeño pecado ignorarlo; si este amor es grande, es un gran pecado rechazarlo. Pero el hecho es que tal amor es infinito. Esto hace que su rechazamiento sea un pecado infinito. Ninguno puede ser salvo sin la fe en Cristo. Dios les concede las más plenas bendiciones el Cielo. Comunión con Dios que es el bien supremo del hombre por todas las edades de la Eternidad. Estrictamente hablando, no es la fe lo que salva. Dios salva por el instrumento de la fe impartida con amor soberano por el Espíritu Santo. La fe es en sí misma un don del amor divino. La salvación es siempre un don libre del infinito amor de Dios. Amor Universal Cristo es descrito como el Salvador, no sólo de los judíos, sino de todos los hombres de toda tribu y nación; en una palabra de la humanidad.

 Esta es una fase del universalismo de la nueva dispensación y presenta un amor universal de parte de Dios. En 1ª de Juan 2:2, se nos dice que Cristo es la propiciación por nuestros pecados; y "no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo". Esto significa que todo el mundo del hombre, será salva colectivamente, aunque no distributivamente. No quiere decir que todos los individuos serán salvos, sino que todos los salvados constituirán la verdadera humanidad renovada, que será la humanidad real. Dios ha ordenado que el Evangelio sea proclamado más allá y nos declara en su Palabra que él desea la salvación de todos los pecadores alcanzados por el Evangelio.

 

CAPÍTULO 3

 

LA ELECCIÓN SOBERANA DE DIOS Y EL EVANGELISMO

 

Desde la eternidad Dios ha ordenado todas las cosas que tiene que ocurrir. La elección es el propósito inmutable de Dios por el cual antes de la fundación del mundo, Él, por pura gracia, conforme a su voluntad buena y soberana, escogió de toda la raza humana que había caído por su propia culpa y destrucción, a un cierto número de personas para ser redimidas en Cristo, quien desde toda la eternidad fue designado como fundador y cabeza de los elegidos y fundamento de salvación. El amor soberano de la Elección La base de la Elección no radica en los elegidos, sino en Dios. La fe salvadora es un don de Dios a los elegidos por medio de la cual se realiza el propósito de su elección (Efesios 2:8) es una de sus consecuencias. Dios escogió "según el buen propósito de su voluntad" (Efesios 1:5)

 La elección es incondicional. Dios decretó que ciertos hombres serían salvados por la fe en Cristo. Los teólogos de Westminster, tenían razón cuando afirmaban que los elegidos son designados particularmente y de, un modo inmutable, y que su número es tan ciertamente definido que no puede ser aumentado ni disminuido". Que nadie piense que Dios eligió a ciertas personas arbitrariamente para la salvación. Les escogió porque les amó. Romanos 8:29 dice: "A los que conoció a estos también predestinó para ser conformes a la imagen de su hijo". Si se pregunta ¿por qué Dios desde la Eternidad amó para la salvación a algunos hombres distinguiéndolos de otros? Nos toca humildemente confesar nuestra ignorancia. Más bien que hallar falta en Dios por su justo trato con ciertos pecadores que merecen el infierno, debemos adorarle por su amor eterno, gratuito, para otros que sólo merecían la condenación.

 Que Dios escogió a los suyos en Cristo, debe significar que en el Consejo de Elección, Dios los vio como pertenecientes a Cristo; en otras palabras: que los escogió en el amor por el cual él ama al Hijo. El Evangelismo requerido por la Elección Se ha sugerido algunas veces que la elección hace superfluo el Evangelismo. "Si el decreto de elección es inmutable... ¿qué necesidad tienen del Evangelio? ¿No serán salvos los elegidos, ora que oigan el Evangelio o no?" Aunque la elección es desde la eternidad su realización es un proceso de tiempo. La soberanía de Dios no debe ser equiparada con su poder omnipotente. La pre-ordenación no es coacción, ni sustituye la libertad. Cada verdadero convertido se vuelve voluntariamente a Dios. Ésta buena disposición es seguramente un don de Dios concedido en el nuevo nacimiento.

 Que nadie suponga que la soberanía del decreto de Dios se refiere sólo a los fines, con exclusión de medios. Dios no solamente decretó que cierto pecador heredaría la vida eterna, sino que su decreto implica que el tal pecador recibirá la vida eterna por su fe en Cristo y obtendrá esta fe por medio del Evangelio. La soberanía de Dios no puede ser imaginada eludiendo la responsabilidad del hombre. Todo aquel que acepta la Biblia con fe humilde, como infalible palabra de Dios, hará tanto el predicador del Evangelio debe decir al pecador, no meramente que la salvación es explícitamente por gracia soberana, sino también que a fin de ser salvo debe creer en Jesucristo como a Salvador y Señor. Por un lado, tiene que proclamar que la elección divina es segura para los salvos, por el otro lado debe advertir que "el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36).

  Todos los elegidos de Dios deben ser salvos, ninguno de ellos puede perecer; y el Evangelio es el medio por el cual Dios les concede la fe salvadora. "La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios" (Romanos 10:17) Es universal, porque Dios tiene sus elegidos en cada nación y en cada hogar. La Iglesia consiste en "elegidos de toda nación". Dios quiere que el Evangelio sea traído por todo el mundo, y en todo tiempo, a fin de que la suma total de los elegidos pueda ser reunida. La Escritura enseña que la elección fue para buenas obras. San Pedro dice: "Vosotros sois pueblo escogido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable"(1ª de Pedro 2:9) Dios escoge a ciertas personas no sólo para que puedan ir al cielo cuando mueran, sino para que sean sus testigos mientras que están sobre la tierra. La elección garantiza que el Evangelismo dará como resultado conversiones genuinas. La reprobación y la oferta del Evangelio Dios ha dejado a la otra parte de la Elección en su estado perdido, decretando su condenación a causa de sus pecados.

 Este aspecto de la predestinación es conocido como reprobación. Ha sido argüido que esta doctrina contradice y excluye la sincera oferta universal del Evangelio. Tratando de refutar se ha argüido que el predicador humano no tiene manera de saber quienes son los elegidos y quienes no lo son, por tanto, no tiene otro recurso que proclamar el Evangelio a todos. Si Dios conoce infaliblemente quienes son sus elegidos y quienes no, de todos modos hace una oferta sincera de salvación a todos aquellos a quienes llega el anuncio del Evangelio. La palabra enseña la reprobación y la universalidad de la oferta del Evangelio. Estas enseñanzas no pueden ser reconciliadas, la una con la otra, por la razón humana. En lo que concierne a la lógica humana se excluyen mutuamente. No es la razón humana sino la infalible Palabra de Dios, la norma de la verdad. Esta Palabra contiene muchas paradojas aparentemente, el ejemplo clásico de la soberanía divina y la responsabilidad humana. Si alguien objeta aún, que con esto Dios obra con duplicidad, la respuesta es: Que Dios desea lo mismo, aunque por diferentes caminos y de un modo inexplicable para nosotros.

 No es sorprendente que nuestros ojos sean cegados por la intensa luz divina, de modo que no podamos juzgar de un modo cierto como Dios quiere que todos sean salvos y sin embargo ha designado a todos los réprobos a eterna destrucción. Herman Bavinck negó, tanto que la fe sea la base de la elección como que el pecado sea el motivo de la reprobación, e insistió en que tanto la elección como el rechazamiento están fundados en la soberana y benéfica voluntad de Dios. Además afirmó "aunque el llamamiento de la salvación viene a ser privilegio de unos pocos... este (llamamiento) tiene sin embargo un gran valor y significado para los que lo desechan". La presentación de la Elección a los inconversos La verdad de la elección es primariamente para creyentes. El propósito resumido en los cánones de Dort dice: "El carácter y certeza de esta elección provee a los hijos de Dios un motivo adicional para humillación diaria ante Él para adorar la profundidad de su misericordia, para limpiarse del pecado y devolver agradecidos frutos de amor ardiente a Aquel que fue el primero en manifestar tan grande amor hacia ellos". Se debe hablar a la gente de "la casa de salvación", el fundamento de la cual es el divino decreto de elección, y la entrada es por Cristo, quien dijo: "Yo soy la puerta" (Juan 10:9) ¿Qué les señalarán, el fundamento o la puerta? Creer en el Señor Jesucristo.

 Los no creyentes tienen que ser advertidos contra el peligro de hacer un mal uso de esta verdad y ser exhortados a atenderla de un modo conveniente. Debe decírseles que la Elección significa salvación por gracia divina. Que el mérito humano es excluido y que por lo tanto hay esperanza segura aún para el primero de los pecadores. Que la predestinación, lejos de excluir la responsabilidad humana la incluye de un modo definitivo, de manera que todos los que oyen la proclamación del Evangelio tiene el sagrado deber de creerlo. Puesto que la fe en Cristo es el fruto y la prueba de la elección, cualquiera que ha creído puede estar plenamente seguro de pertenecer al número de los elegidos. Que la casa a la cual se les invita a entrar tiene este fundamento eterno e inconmovible para todo aquel que entra; de modo que aún cuando todo el infierno les saltara no pueden perecer, sino que Dios les mantendrá seguros para que puedan heredar la vida eterna.

 

CAPÍTULO 4:

 

EL PACTO DE LA GRACIA DIVINA Y EL EVANGELISMO

 

Todo lo que Dios requería del pecador, a fin de participar de su salvación, era fe en el Salvador. Esto es, una fe viva, manifestada en obras de amor. Este convenio es comúnmente y acertadamente denominado el Pacto de la Gracia. Este pacto es continuo por todas las edades. Abraza a los creyentes de todos los tiempos. El pacto y la Elección La Teología Cristiana está compuesta, podríamos decir, por parejas de verdades complementarias. La doctrina de la Elección divina y la del Pacto de la Gracia forman una de tales parejas. La Elección tuvo lugar en la Eternidad. El Pacto concebido en la Eternidad, fue establecido en el Tiempo, y administrado a través de la Historia. En la Elección, el hombre era totalmente pasivo, en el Pacto el hombre viene a ser activo. Ejerce fe activa en Cristo y, movido por esta fe, entra en una vida de obediencia y gratitud.

 

La Elección es monofacética o tiene un solo lado, el Convenio de Gracia es a la vez monofacético y duofacético o sea que tienen dos lados. Dios eligió a ciertos pecadores para la salvación. En ningún sentido se eligieron ellos a sí mismos. Del mismo modo Dios estableció el convenio de la Gracia, no por mutuo acuerdo entre Dios y el hombre, ni con el consentimiento del hombre. El Pacto de la Gracia vino a ser por pura voluntad divina. Es mucho mejor definir el Pacto como una disposición de Dios a favor del hombre, que describirlo como un convenio entre Dios y el hombre. En la ejecución del Pacto entran las dos partes, Dios promete y manda, el hombre está bajo la obligación de querer y obedecer. La Elección es totalmente incondicional. El Pacto de la Gracia, en cambio, es condicional e incondicional. La salvación es condicionada a la fe y a la obediencia. Todos los que creen en Jesús como Salvador serán salvos. Antes de que la fe y la obediencia vengan a ser actos del hombre son dones de Dios; la doctrina de la Soberanía Divina hace fuerte énfasis en la Elección, y la responsabilidad humana está implícita en ella.

 

En el Convenio de la Gracia, Dios exige del modo más explícito fe y obediencia. Enfáticamente hace al hombre responsable por el ejercicio de la fe y la práctica de la obediencia. En la Elección Dios consideró a los suyos como muchos individuos y no como un organismo. Mientras que la Elección puntualiza el hecho de que Dios escogió a unos de dos hermanos gemelos, a Jacob, no a Esaú (Romanos 9:10-12); la doctrina del Pacto enfatiza la verdad de que al impartir su gracia salvadora a los hombres, Dios ha ligado por lazos de sangre, por su misma gracia; a los que tiene en cuenta. La Elección garantiza la salvación de algunos, no de todos. El Pacto de la Gracia afirma la salvación, no de cada individuo pero sí de la raza humana. La actualidad de la Elección Dios escogió a los suyos desde la Eternidad.

 

En la Eternidad Él decretó los que tenían que ser salvos. Del mismo modo en la Eternidad decretó el método y los medios para su salvación. Los elegidos tienen que oír acerca de la obra salvadora de Cristo, lo que se hace por la predicación del Evangelio. Y habiéndolo oído tienen que creer en Cristo como Salvador y Señor. Esto es cumplido por la benéfica aplicación del Evangelio a sus corazones por medio del Espíritu Santo. En resumen, su salvación es realizada por medio del Pacto de la Gracia. Todos los elegidos de Dios son salvos por el Evangelio; ni uno de ellos puede ser salvo sin él. El Universalismo y la separación Desde el principio de la historia Dios traza una clara línea de separación entre su pueblo elegido y el mundo. Se ha dicho con frecuencia que Israel fue aislado del mundo, pero sería mejor decir que fue hecho una isla de bendición. Su aislamiento era el mejor medio para su universalismo.

 

El Pueblo escogido de Dios, fue separado de los pueblos paganos de la tierra para que en la plenitud del tiempo pudiera traer al Salvador del mundo, y proclamar su Evangelio a todos los confines del globo. En la presente Dispensación, también la separación es un medio para el fin del universalismo. El Nuevo Testamento está lleno de exhortaciones a la Iglesia para que salga del mundo. Ha habido iglesias que han hecho énfasis en la separación a expensas del universalismo y no pocas enfatizan el universalismo a expensas de la separación. Aunque parezca extraño tienen más interés en traer el Evangelio al mundo que en guardar a la iglesia de la mundanalidad. El pacto de los hijos y los extraños Los hijos de los creyentes, así como sus padres, están incluidos en el Pacto de la Gracia. Dios estableció su pacto con Abraham y su simiente. "Para vosotros es la Promesa, y para vuestros hijos" (Hechos 2: 39).

 

Los hijos no heredan la gracia salvadora de sus padres creyentes como heredan sus bienes mundanales. No es una continuación sin excepción. En la continuación de su Pacto de padres a hijos, Dios quiere emplear medios y los medios son la educación cristiana. Hay cristianos que descuidan la educación religiosa de sus hijos y muestran a veces gran celo para el evangelismo de los extraños. Por el otro lado, hay también creyentes que se concentran en la educación de los hijos del Pacto hasta tal punto, que toman poco o ningún interés en evangelizar aquellos que están ajenos a los pactos de la promesa. En su sermón de Pentecostés, Pedro declaró a sus oyentes judíos que la Promesa era, no solamente para ellos y para sus hijos, "sino para los que están lejos; a todos cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2: 39).

 

Al convertido y su casa Dios ha prometido ser el Dios, no solamente de los que creen, sino también de sus parientes según la carne. El que predica el Evangelio, no solamente puede tener la seguridad de que Dios tiene su pueblo, y Cristo sus ovejas, en los lugares más inesperados, y que éstos tarde o temprano responderán el Evangelio con fe, sino también la seguridad de que cuando Dios empieza la buena obra en el corazón de un padre o madre la continuará en el de sus hijos. Impartirá su gracia salvadora aún a los hijos de sus hijos en generaciones lejanas de la misma familia.

 

 

CAPÍTULO 5

 

LA SOBERANA ELECCIÓN DE DIOS Y EL EVANGELISMO

 

La idea de que la soberanía de Dios solamente se expresa en los decretos divinos es bastante común, pero bastante errónea. La Soberanía divina se expresa también en los mandatos divinos. Ha sido dicho con frecuencia que mientras que el Calvinismo pone todo su énfasis en la Soberanía divina, el Arminianismo lo pone en la responsabilidad humana. El Calvinismo no es inconsistente de tal modo; precisamente porque hace un énfasis tan fuerte en la Soberanía divina, tiene que enfatizar no con menos fuerza la responsabilidad humana. El Arminianismo enseña que Dios ajusta sus decretos a los poderes del hombre, y por lo tanto nunca excede al hombre en lo que este no puede hacer. La fe Reformada mantiene que Dios requiere del hombre perfecta obediencia a su ley, aunque este se halle en estado caído, e incapaz de rendir tal obediencia.

 El Arminianismo nos dice que la responsabilidad humana está limitada por la humana inhabilidad; pero la fe Reformada no acepta tal descripción. Aplicando lo antedicho al Evangelismo, la Soberanía de Dios se expresa vigorosamente en los muchos mandatos misioneros que hallamos en la Biblia y en la medida en que se reconoce la Soberanía divina, debe el creyente ser celoso en llevar a cabo tales mandatos. La soberanía Mediadora de Cristo La muerte y la resurrección de Cristo marcan la transición del nacionalismo judío al universalismo, pero los mismos acontecimientos marcaron la coronación de Cristo como Mediador. Esta transición y esta coronación no dejan de estar bien relacionadas. Ocurrieron simultáneamente porque eran parte del mismo suceso.

 La permanente validez de la gran Comisión Como las aves han sido hechas para volar y los peces para nadar, así el cristiano tiene que testificar de su Salvador. El derramamiento del Espíritu en Pentecostés hizo de la Iglesia Cristiana una iglesia testificante, tiene que aceptarse plenamente. El conocimiento universal de la Soberanía de Cristo El deber de enseñar excede a todo límite. Un discípulo es alguien que es enseñado, y por tanto presupone un maestro. Tiene que desecharse la idea de que en el Evangelismo las gentes tienen que ser inducidas a aceptar el Evangelio por otros medios que la enseñanza, es decir que basta un llamamiento emocional para venir a ser discípulos; los cuales serán enseñados después. Se viene a ser discípulo de Cristo, no meramente aceptándole con fe como Salvador; si no por reconocerle como Señor. Estos dos actos son inseparables: la fe en Cristo y la obediencia a Él. El fin del Evangelismo es el reconocimiento universal de la Soberanía de Cristo.

 Apoyándose en la Soberanía de Cristo Los apóstoles debieron quedar extrañados cuando el Señor les comisionó para que fueran a hacer discípulos en todas las naciones. Este mandato era poco menos que sobrehumano. ¡Totalmente imposible! diría la razón humana. Su Maestro conocía sin duda sus pensamientos; por esto vino a decirles: Si confiareis en vuestro propio poder de cierto sería un fracaso, pero recordad que no estáis solos, Yo soy el escogido de Dios para estar a vuestro lado; mi nombre de antiguo es El Señor de los Ejércitos. Mía es toda autoridad y poder en el Cielo y en la tierra; ni Satanás con todos sus huestes puede haceros nada sin mi permiso. Seguramente en el mundo tendréis tribulación, pero no temáis yo he vencido al mundo (Juan 16:33) "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos, el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer"(Juan 15:5) Se piensa comúnmente acerca de la gran Comisión como un mandato misionero. Es esto y mucho más que esto. Su verdadero tema es la Soberanía de Cristo. Es una declaración gloriosa de su Soberanía; es un mandato soberano el proclamar su nombre en todas las naciones; es una demanda incondicional al reconocimiento universal de su Soberanía.

  

 

CAPÍTULO 6

 

DIOS Y EL PROPÓSITO DEL EVANGELISMO

 

No nos precipitemos a la conclusión de que no existe el universalismo cristiano. Ciertamente es la mayor realidad. El Cristianismo es una religión universal y requiere evangelismo universal. El Universalismo en la antigua dispensación La antigua dispensación se distingue principalmente de la nueva en que aquella fue nacionalista y esta universal. Por otro lado, al mismo principio de la nueva Dispensación la iglesia fue comisionada y capacitada para traer el Evangelio a todas las naciones del mundo. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son la revelación propia de Dios. El Dios que se reveló en ambos es el mismo. La idea modernista de que Jehová era un Dios tribal, o cuanto menos nacional, es pura imaginación. Dios creó la raza humana, prometió un Salvador a toda la raza caída. Y porque es el Dios de toda la tierra y el único Dios, el Dios del Antiguo Testamento reclama reconocimiento y aceptación universal. "Mirad a mí y sed salvos todos los términos de la tierra; pues yo soy Dios y ninguno más" (Isaías 45:22).

 

El nacimiento de Cristo y el Universalismo El universalismo se declaró en la muerte de Cristo. Sin embargo, su nacimiento fue una evidencia del predeterminado universalismo de la nueva Era. Esto se expresa en la frase escritural de que nació en el "cumplimiento del tiempo" (Gálatas 4:4) Dios puso en el corazón de Alejandro el Grande hacer del griego el lenguaje de la literatura en toda la tierra. Esto explica porque el Nuevo Testamento, aunque escrito mayormente por judíos, lo tenemos en griego. Una lengua común no podía dejar de ser un auxiliar para la evangelización de las naciones. Por otra parte, Dios había dispersado a Israel entre muchos pueblos. La muerte de Cristo y el Universalismo Toda la historia Sagrada se junta alrededor de la cruz de Cristo que marca el fin de la vieja Dispensación y el principio de la nueva. La antigua Dispensación fue la sombra; la nueva es la verdad, en el sentido de realidad. La ley ceremonial, particularmente la que se refería a los sacrificios, significaba el derramamiento de la sangre expiatoria de Cristo en el Calvario; por tanto, por su muerte Cristo abolió la ley ceremonial.

 

Cuando la sangre de Cristo fue vertida, se rompió el velo del templo en dos, como señal de que la ley ceremonial estaba anulada y que desde entonces en adelante todo creyente en Cristo podía entrar y pedir confiadamente al Trono de la Gracia sin la mediación de un sacerdote humano o un nuevo sacrificio para el pecado. Si la muerte de Cristo reclama universalismo, esta muerte debe ser el tema central del Evangelio proclamado universalmente. La exaltación de Cristo y el Evangelismo Por su levantamiento de entre los muertos, Dios Padre expresó su aprobación a la obra mediatoria del Hijo. La muerte de Cristo y su resurrección constituyen un solo tema. No sólo el Cristo glorificado ordenó a sus discípulos la evangelización universal, sino que fue Él quien, exaltado a la diestra de Dios, derramó sobre su Iglesia el Espíritu Santo para capacitarla a fin de que hiciera discípulos en todas las naciones (Mateo 28:19).

 

Pentecostés y el Universalismo Desde la misma caída del hombre hubo sólo un camino de salvación. Todos los que creyeron en Cristo fueron miembros de su cuerpo, la Iglesia. Respecto a la salvación, la única diferencia entre los santos de la vieja dispensación y los de la nueva, es que los primeros fueron salvos por fe en Cristo en Profecía; y los últimos son salvos por fe en el Cristo de la historia. El derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia fue la transición del nacionalismo al universalismo. El Señor les mandó no solamente predicar a las naciones, sino hacer discípulos en las naciones. En Babel y en Jerusalén Dios sobrenaturalmente hizo que se hablaran diversas lenguas. Un solo mensaje fue predicado en muchas lenguas; el Evangelio, por la Palabra de Dios que es viva y eficaz (Hebreos 4:12).

 

El Espíritu de Dios trajo hombres de todas las naciones debajo del cielo a la Iglesia única de Cristo. Pentecostés impulsa al universalismo y a la unidad. El Universalismo y la Iglesia Apostólica Para los creyentes judíos había sido grabado en sus corazones el hecho de que ellos eran el pueblo escogido por Dios, que les era casi imposible comprender que la muralla de separación entre ellos y los gentiles había sido derribada "Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación" (Efesios 2:14) y que en Cristo Jesús, no hay ni judío ni griego (Gálatas 3:28).

 

Por esa razón, Dios en varias ocasiones recordó a la Iglesia apostólica su deber de predicar el Evangelio a los gentiles, así como a los judíos. El Universalismo y la Iglesia en la actualidad Más de diecinueve siglos han pasado desde que la Iglesia Cristiana fue comisionada y capacitada para evangelizar al mundo y todavía esta obra no ha sido completada. Si se acusa a la Iglesia histórica de descuido o indolencia; no puede dejar de reconocer su culpabilidad. Uno de los factores ha sido su falta de santidad. La Iglesia no ha sido consciente de la presencia divina como debiera haber sido. Si hubiese vivido siempre en plena conciencia del amor infinito de Dios; de la elección soberana de Dios; el pacto de Gracia; de la soberana comisión de Dios; y de la verdad que el Dios de la Biblia es el único y verdadero Dios viviente, por tanto, Dios de toda la tierra, habría sido más incomparablemente activa en la difusión del Evangelio. Por el motivo que sea, durante los siglos XIX y XX todas las ramas cristianas han sido más activas que nunca en la evangelización mundial.

 

Sin embargo, triste es decirlo: Aún hoy día no puede ser afirmado que la Iglesia haya comprendido el pleno significado del Universalismo cristiano. Basta citar una prueba: Los protestantes liberales creen que tratar de evangelizar a un judío es insultarle a él y a su religión. El Judaísmo y el Cristianismo son estimados como igualmente válidos o algo así. "Considerad, pues hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a lo sabio; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte" (1ª Corintios 1:26-28) Todos necesitamos igualmente ser salvos, del mismo modo que lo fue el malhechor clavado a la diestra del Salvador en el Calvario, como pobres pecadores, merecedores de la maldición divina.

  

 

 

CAPÍTULO 7:

 

DIOS Y LA URGENCIA DEL EVANGELISMO

 

La heterodoxia VERSUS la urgencia del Evangelismo Cualquier doctrina de un período de prueba después de la muerte, tiende a disminuir la importancia del Evangelismo antes de la muerte. Durante toda la historia del Cristianismo ha habido quienes han argüido que no habiendo salvación fuera de Cristo es injusto de parte de Dios condenar a perdición eterna a los que nunca oyeron de Cristo durante su estancia en la tierra. Se olvidó la verdad de que la entera raza humana, habiendo pecado en Adán, merece el infierno. El castigo de cualquier pecado cometido por el hombre es la muerte eterna. Tampoco se tuvo en consideración la declaración de Jesús "Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Pero el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco, porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá. (Lucas 12:47-48).

 

Cristo declara en su palabra que "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3: 36), que en el día del juicio sentenciará a los injustos al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25: 41-46) y que es aquel un lugar donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga (Marcos 9:44) Esto hace la predicación del Evangelio, a los no salvos, extremadamente urgente. Si se nos objeta que tanto los Testigos de Jehová como los Adventistas del Séptimo Día muestran un excelente celo misionero, la respuesta es que ellos se preocupan más del proselitismo que de la evangelización. Su propaganda tiene por objeto, más que proclamar el Evangelio escritural de salvación, difundir sus peculiares aberraciones del Cristianismo histórico. En la escena teológica de nuestros días, ha aparecido con gran fuerza el resurgimiento de un error que confundió al Cristianismo ya en los días de orígenes y que desapareció cerca de la mitad de la tercera centuria, es la herejía de la salvación universal.

 

Casi todos los teólogos liberales de ciertas denominaciones la aceptan, y aún el neo-ortodoxo Karl Barth, considerado como el teólogo más influyentes de nuestros días, la enseña; aunque no con perfecta consistencia. Hay finalmente otra herejía, muchos que se llaman cristianos están negando que el Cristianismo sea la única religión verdadera, que Jesucristo sea el único salvador, y que la salvación sea por gracia de Dios, con exclusión de mérito humano. La Ortodoxia y el Evangelismo urgente Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió no lo atrae.." (Juan 6: 44) "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). "Y nadie puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu Santo" (1ª Corintios 12:3).

 

Precisamente porque el amor de Dios es infinito los que se resisten a aceptarlo merecen el peor infierno. Puesto que el amor de Dios es infinito, es un pecado de infinitas proporciones burlarse de Él. Dios ha manifestado su amor infinito enviando a su Hijo unigénito al mundo a morir por los impíos (Romanos 5:6); y con amor infinito asegura a los pecadores, por todas partes, que Él quiere que todos los hombres sean salvos (1ª Timoteo 2:4) y "que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento" (2ª Pedro 3:9) Por lo tanto, rechazar semejante amor es incurrir en el castigo de eterno destierro de la presencia de Dios. Responder a Él con fe y amor es hallar la Vida Eterna.

 

Nada puede ser más urgente que hacer esta elección. La vuelta de Cristo y la urgencia del Evangelismo El hecho de que Cristo no volverá hasta que el Evangelio haya sido predicado a todas las naciones, significa un fuerte llamamiento al Evangelismo. Por la predicación del Evangelio, la Iglesia hace una contribución indispensable a la Venida de Cristo, y cuando todas las cosas hayan sido sujetadas al Hijo, Él también se sujetará a aquel que le sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1ª Corintios 15:28) Por tanto, lo que por encima de todo hace al Evangelismo cristiano en gran manera urgente, es porque contribuye a apresurar el día cuando Dios recibirá toda la gloria debida a su grande y santo nombre.

 

  

CAPÍTULO 8

 

DIOS Y EL MOTIVO DEL EVANGELISMO

 

En los principios del colonialismo las misiones fueron empleadas algunas veces con el fin de ganar dominio sobre pueblos primitivos, y extraer riquezas de sus recursos naturales. Semejante uso del Evangelio, para fines materiales y mundanos, solamente puede ser juzgado como un insulto, tanto al Evangelio de Cristo como el Cristo del Evangelio ¿Qué declara la Escritura acerca de los motivos del Evangelismo? El amor propio como motivo de Evangelismo El hombre se ama a sí mismo porque lleva la imagen de Dios, quien se ama a sí mismo. Sin embargo, el hombre caído convierte el amor a sí mismo, en amor propio en el sentido de egoísmo. Y el egoísmo, no sólo es pecado, sino que es la raíz de todos los pecados. A los judaizantes de la Iglesia apostólica Pablo los juzgó de la siguiente manera: "Todos los que quieran agradar a la carne os obligan a que os circundéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aún los mismos que se circuncidan guardan la ley, pero quieren que vosotros os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne" (Gálatas 6: 12-13).

 

Los judaizantes miraban su propio bien y gloria. Nosotros también necesitamos hoy día ponernos en guardia contra los motivos egoístas del Evangelismo. El ministro que quisiera ser misionero de un pueblo atrasado a fin de escapar a la tarea difícil de educar a un auditorio de personas educadas en su patria, es culpable de egoísmo. Igualmente el misionero que se deleita en la aventura por encima, o al par, que con la evangelización. Si uno siente una compulsión interna a evangelizar, un anhelo que le lleva a no tener reposo hasta que se entrega a esta tarea, puede con buena conciencia dar su vida a las tareas del Evangelismo. No debe hacerlo solamente para su propia satisfacción, debe entregarse a la obra de Evangelización, principalmente para traer el Evangelio a otras almas, y sobre todo por amor a Dios, el autor de este impulso y deseo. El amor al prójimo como motivo del Evangelismo El cristiano al traer el Evangelio a los no salvos, debe ser impulsado por el amor a ellos, motivo altamente necesario.

 

La Biblia habla de dos clases de amor al prójimo: por un lado reconoce que el hombre no regenerado es capaz de amar a sus semejantes, y a menudo lo hace. Jesús dice: "Si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? Lo mismo hacen los pecadores; pues también los pecadores aman a aquellos que les aman" (Lucas 6:32) Pero a sus discípulos les amonestó diciendo: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen" (Lucas 6:27). El primer amor es producto de la gracia común de Dios, el segundo es producto de la gracia salvadora, brota del amor a Dios. Las dos tablas de la ley: la primera que requería amor a Dios y la segunda que ordenaba amor al prójimo, son inseparables. La segunda está basada en la primera. Tenemos que amar a nuestros prójimos porque amamos a Dios; sólo cuando hacemos esto les amamos como Dios quiere. La ley de Dios nos dice que amemos a Dios porque se lo merece, y asimismo que amemos a nuestros semejantes, porque Dios se lo merece. Sólo los que han sido nacidos del Espíritu de Dios, y por, lo tanto, aman a sus prójimos porque Dios les ama, y aún a sus enemigos porque Dios ama y "bendice aún a los que le maldicen", manifiestan ser hijos del Padre celestial (Mateo 5:44-45).

 

El Señor Jesús rogó por los que le clavaban en la cruz: "Padre perdónales porque no saben lo que hacen" (Lucas: 23-34) El amor de Dios como motivo del Evangelismo Tanto el amor propio como al prójimo son motivos del Evangelismo adecuados solamente cuando parten del amor a Dios. El último motivo del Evangelismo es el amor a Dios. Con frecuencia el cristiano fervoroso halla aún difícil amarse a sí mismo a causa de sus pecados y debilidades y a causa de ellos se aborrece a veces a sí mismo; pero no hay tal dificultad en cuanto al amor a Dios en Cristo. El creyente sabe que Dios mismo es amor en sí, pues "Dios es Amor" (1ª Juan 4:8-16) En la negación, Pedro había traicionado su apostolado; pero en su gracia sobreabundante, el Señor resucitado quiso restaurarle a su exaltado oficio. En el mar de Tiberias, le fue presentada por tres veces la pregunta: "Simón, hijo de Jonás ¿me amas?" Era una pregunta humillante, ya no era Pedro, o sea la roca. Su amor al Salvador fue puesto a prueba, y con razón. Fue necesario que sus respuestas borraran su anterior negación. Tan sólo después que el Salvador, hubo recibido seguridad acerca del amor de Pedro, le encargó: "Apacienta mis ovejas", "apacienta mis corderos", y "alimenta mis ovejas" (Juan 21:15-17).

 

Todo aquel que quiera traer el Evangelio de Cristo, necesita estar impulsados por un sincero amor a Cristo. En 2ª de Corintios 5:14-15, el apóstol indica que el amor que Cristo les manifestó al morir por ellos, debería controlarles de tal manera que de aquí en adelante no vivieran para sí mismo, sino para Él. Los discípulos del Señor le aman porque Él les amó primero (1ª Juan 4:19) El amor para Dios y su Cristo garantiza en el creyente que ama a su Señor con un amor genuino y fervoroso, obediencia al mandamiento divino de evangelizar a las naciones. El amor para Dios y su Cristo capacitará al cristiano para dar testimonio, valientemente, frente a la persecución. Los verdaderos discípulos de Cristo están expuestos a padecer persecución en manos del mundo. Pablo declaraba a los nuevos convertidos del Asia Menor: "Es necesario que por muchas tribulaciones entréis en el Reino" (Hechos 14:22).

 

Las ocho bienaventuranzas de Jesús no son una descripción de ocho clases de cristianos, sino la declaración de ocho características de cada cristiano, la última de las cuales es "bienaventurados los que sufren persecución por causa de la Justicia pues de los tales es el Reino de los cielos. Bienaventurados cuando os vituperaren y os persiguieren y dijeren todo mal de vosotros por mi causa mintiendo. Gozaos y alegraos porque vuestra merced es grande en los cielos, que así persiguieron a los profetas y fueron antes de vosotros" (Mateo 5:10-12) La persecución no es un incidente casual a los que hablan la Palabra del Señor, sino un elemento propio en la vida del profeta. Por medio del Evangelismo se apresurará el día cuando toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor a la gloria de Dios Padre (Filipenses 2:11) Este es el principal motivo para aquel que ama a Dios.

 

CAPÍTULO 9

 

DIOS Y EL PROPÓSITO DEL EVANGELISMO

 

¿Cuál es el propósito del evangelismo? Su más alto y último fin no es el bienestar de los hombres, ni su eterna bendición, sino la gloria de Dios. La salvación de las almas El hombre es inmortal, tiene un destino eterno, pero este destino no es el mismo para todos. Depende en si creerá o no en aquel cuyo nombre es "sobre todo nombre debajo del cielo" por el cual únicamente los hombres pueden ser salvos (Hechos 4:12) Es asunto de suprema importancia que todos los hombres conozcan este nombre; y conseguir esto es la tarea del evangelismo. Pablo iba tan lejos en sacrificio propio que pudo llegar a decir: "Por lo cual, siendo libre de todos me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío para ganar a los judíos, me he hecho débil a los débiles para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos (1ª de Corintios 9:12-22).

Deseó ser separado del mismo ser de Cristo, si con ello la nación judía, sus parientes según la carne, hubiesen podido ser llevados a Cristo (Romanos 9:3) El señor Jesús se declaró a sí mismo el buen Pastor que ama de tal modo a sus ovejas que está dispuesto a dar su vida por ellas (Juan 10:11). Tan grande era la "anchura, altura y profundidad" (Efesios 3:18-19) de su amor, que murió por los impíos (Romanos 5:6) Esto significa que consintió en favor de ello, no solamente la separación temporal de su cuerpo y su alma después de horribles sufrimientos, sino el ser desamparado de Dios, como lo son los pecadores que merecen el infierno. El crecimiento de la Iglesia de Cristo La Iglesia no es muy apreciada hoy día. Las gentes de fuera lo mejor que piensan de ella es: una institución benéfica, aunque no muy útil.

Aún muchos evangélicos, miembros de la propia iglesia, la consideran una institución temporal e inferior, que ha de ser substituida por el Reino que Cristo vino a establecer en su primera Venida; pero como el pueblo judío le desechó como Rey a pospuesto hasta su Segunda Venida. La Iglesia Católica yerra al enseñar que la membresía en la Iglesia es requisito indispensable para la salvación. La membresía de la Iglesia ha de ser la normal y necesaria consecuencia de la salvación. Los evangelistas protestantes están en un serio error si menosprecian la membresía de la Iglesia invitando a los pecadores solamente a acercarse a Cristo y hacerse miembros de algún grupo que no es propiamente una iglesia. La venida del Reino de Cristo El Evangelio que Jesús predicó, se llama el "Evangelio del Reino" (Mateo 4:23).

 Los teólogos distinguen entre el Reino de su Gracia y el Reinado de su poder. El primero es representado por la Iglesia. La confesión de Fe de Westminster define la Iglesia de Cristo como "El Reino del Señor Jesucristo" (XV-II) El Reinado del poder de Cristo se extiende sobre todas las cosas del Universo: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra", -dijo- (Mateo 28:18) Los teólogos hablan a menudo del "Reino de la gloria de Cristo", quieren significar el último reconocimiento universal de Cristo como rey, el día cuando todos los reinos serán puestos por estrado de sus pies (1ª Corintios 15:23). Un propósito significativo del Evangelismo es la declaración del Reino de la Gracia, por la conversión de los pecadores y su adición a la Iglesia. Debemos persuadir a los hombres a que reconozcan a Cristo como Rey en todos los aspectos de la vida humana. Nuestra edad es una época de secularismo.

La vida se divide en dos compartimentos herméticamente cerrados entre sí: lo religioso y lo secular. La religión no se relaciona con los negocios, la política y la vida diaria. Sin embargo, el reino de Cristo no se extiende solamente sobre la Iglesia, sino sobre la sociedad en todas sus ramificaciones. "Enseñadles a que guarden todas las cosas que yo os he enseñado" (Mateo 28:20) Dos tipo de Totalitarismo han estado luchando por la supremacía, por un lado el Estado Totalitario, por el otro, la Iglesia Totalitaria. Ambos son inmensos males, y ¡ay de la humanidad si ambos hicieran causa común! Pero al lado de estos vanos intentos totalitarios hay un verdadero Gobernante y Señor, que es "cabeza de la Iglesia" (Colosenses 1:18) Su nombre es: El Cristo de Dios.

 El reconocimiento universal de su Reinado totalitario, es un propósito esencial del Evangelismo. La Gloria de Dios El último propósito de todas las cosas es la gloria de Dios. "Por Él para Él y en Él son creadas todas las cosas, al cual sea gloria por los siglos amén" (Romanos 11:35) La salvación de las almas, el crecimiento de la Iglesia de Cristo y aún la venida de su Reino por importantes que sean actualmente, representan tan sólo medios para un fin más alto; el más alto de todos: La gloria de Dios. El reconocimiento universal de su señorío será "la gloria de Dios el Padre" (Filipenses 2:11).

 

CAPÍTULO 10

 

DIOS Y SU AGENTE PARA EL EVANGELISMO

 

La Iglesia cristiana fue el agente nombrado por Dios para la evangelización del mundo. Sin embargo, al hacer esta afirmación, tenemos que medir bien el término "Iglesia". En este contexto hay dos referencias: la iglesia como organización, obrando por medio de sus oficiales especiales, y la Iglesia como un conjunto de creyentes, cada uno de los cuales tiene un oficio general o universal. La iglesia como una organización Cada iglesia tiene cierta medida de organización. La Biblia enseña claramente que el Evangelismo es tarea de la Iglesia organizada. La Iglesia empezó a existir en el jardín del Edén; sin embargo, grandes cambios tuvieron lugar en la Iglesia cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre ella. Uno de estos cambios fue, como se ha dicho, la transición del nacionalismo al universalismo; otro, la separación de la Iglesia y el Estado, tenía que ser separada del Estado judío. De tal manera, en Pentecostés no se marca el nacimiento de la Iglesia cristiana como tal, marca el nacimiento de la organización Neo-testamentaria de la Iglesia. Es la Iglesia en este sentido, que capacitada por el Espíritu Santo, testificaría de Cristo en Jerusalén, en Samaria y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

 El evangelista, no era un cuarto oficio en la iglesia apostólica en adición a los tres oficios de: anciano-presidente, anciano-maestro y diácono. Cristo, la cabeza de la iglesia, tiene los tres oficios de Rey, Profeta y Sacerdote, y los tres mencionados oficios le representan en este triple aspecto. Un cuarto oficio en la Iglesia, relacionado con los tres, es difícilmente imaginable. La iglesia es un agente organizado señalado por Dios para el Evangelismo, todos sus miembros tienen el deber de traer el Evangelio a los que no son salvos. La función de evangelista es puesta entre la función temporal de los apóstoles y profetas y la función permanente de los pastores y doctores. Desde la Reforma del Siglo XIX el Protestantismo ha enseñado que hay tres señales que distinguen la Iglesia de la falsa.

 Estas son: la sana predicación de la Palabra de Dios; la administración de los sacramentos según los preceptos de Cristo, y el fiel ejercicio de la disciplina eclesiástica. Podemos decir que a estos tres principios podemos añadir un cuarto: La evangelización de los que no son salvos. El Evangelismo es la esencia de la verdadera iglesia. Ésta debe proveer la educación de evangelistas. La Iglesia como un organismo Cada creyente tiene el triple oficio de profeta, sacerdote y rey. Esto se declara en 1ª Pedro 2:9 "Vosotros sois generación escogida, real sacerdocio, gente santa pueblo adquirido; para que anunciéis las virtudes de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable" Es el deber de todo sacerdote y rey en el sentido espiritual, proclamar las excelencias de su Salvador. Cada simple creyente es un agente ordenado de Dios para el Evangelismo, tiene que sembrar la semilla del Evangelio por doquiera.

 Al hacer esto, el creyente no lo hace de un modo absolutamente particular, sino como un miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Lo que el creyente debe hacer como individuo debe hacerlo también en colaboración con otros creyentes. Ocurre muchas veces que campaña misioneras y de evangelismo son llevadas a cabo por iglesias o sociedades, independientes del control eclesiástico. Esto no debería de ser de un modo ordinario. Hay que hacer todo lo posible para persuadir a la Iglesia organizada a que realice su deber y lo realice bien. Tanto la Iglesia como una organización como la Iglesia en calidad de organismo, son agentes ordenador por Dios para la evangelización; no tienen que tropezar la una con la otra, pues son dos aspectos de la misma obra del cuerpo de Cristo.

  

 

 

CAPÍTULO 11

 

LA IGLESIA Y LA TACTICA DEL EVANGELISMO

 

Tan sólo por la gracia del Espíritu Santo puede alguien nacer otra vez. De ahí se sigue que al considerar la táctica del Evangelismo, no debemos suponer que hay en el hombre natural algún bien espiritual que hace su corazón fértil a la semilla del Evangelio. Sólo cuando el Espíritu Santo le ha dado un corazón de carne en vez del corazón de piedra (Ezequiel 11:19), la simiente caerá en buena tierra y traerá fruto (Mateo 13: 8-23) ¿En qué sentido pues, debemos hablar de la táctica del Evangelismo? La naturaleza religiosa del hombre El hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26); esto le distingue de las otras criaturas terrenas. Cuando el hombre cayó en pecado, la imagen de Dios, sufrió un incalculable daño; sin embargo no fue totalmente borrada.

 

Uno de los aspectos más prominentes de la imagen divina que han quedado en el hombre su "sensus divinitatis", o sea sentido de la divinidad, pero con toda seguridad, también este don ha sido corrompido; pues leemos que cambió la verdad de Dios por mentira y sirvió a la criatura antes que el Creador" (Romanos 1:25) Verdad en las religiones falsas La Historia de la religión busca respuesta a la pregunta de cómo se originó el sentimiento religioso; pero esto no puede ser determinado sobre una base histórica. La religión fue originada en tiempos prehistóricos, por lo tanto los historiadores han sido obligados a adoptar explicaciones psicológicas con respecto al origen de la religión. La única manera por la cual nosotros podemos obtener un conocimiento cierto de los hombres prehistóricos es por la revelación de Dios.

 

Sobre este asunto existen dos tendencias. La naturalista enseña que el hombre primitivo, de su propia iniciativa llegó a un conocimiento rudimentario de Dios y que en el curso de la historia, por medio de la recepción humana y la experiencia, el concepto fue purificado y ennoblecido. Se ha dicho que el monoteísmo es todo un desarrollo posterior, y que por eso el libro del Deuteronomio, que insiste en que hay un solo Dios (Deuteronomio 6:4) no puede haber sido escrito por Moisés. Las escrituras dicen que el primer hombre fue creado a la imagen del Creador y poseyó un verdadero conocimiento de Dios, así como justicia y santidad (Col. 3:10, Efesios 4:24). Sólo cuando cayó en pecado el conocimiento de Dios fue corrompido y esta situación fue restaurada después por la revelación sobrenatural.

 

Todas las religiones son falsas porque señalan a falsos dioses y falsos caminos de salvación. Todas las religiones del mundo son corrupciones de la verdadera religión original, y que hay una gran cantidad de elementos de verdad en tales religiones. Todas las religiones tienen dos creencias en común: la fe en un ser sobrenatural y la creencia en la inmortalidad del alma humana. A esto se debe añadir que tienen dos prácticas en común, la oración y las ofrendas. La Gracia común de Dios La Biblia enseña enfáticamente, que la bondad de Dios y aún su mayor amor se extiende a todas las criaturas racionales. "Bueno es el Señor para con todos" (Salmo 145:8-9). Las bendiciones de la naturaleza derramadas sobre todas las naciones son una evidencia de la gracia común de Dios. El señor Jesús mandó a sus discípulos: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos que hace que su sol salga sobre buenos y malos y llueva sobre justos e injustos (Mateo 5:34-45).

 

La revelación de Dios en la Naturaleza Tanto el orden material, como el espiritual, son revelaciones divinas y tienen en común el que ambas presentan los atributos del Creador. Por esto no es extraño que haya entre ellas analogías dignas de comparación. El orden natural ha sido trazado de acuerdo con el orden espiritual, no el espiritual según lo natural. La razón porque la Escritura habla de Dios como Padre, no es porque él se parece a los padres humanos, sino porque los padres humanos se parecen remotamente a Dios. La paternidad divina es desde la eternidad, antes de que existiesen padres humanos Dios era Padre. En su enseñanza el Señor Jesucristo hace mucho uso de las analogías que existen en el mundo natural con respecto al espiritual ¿qué es una parábola sino un relato natural con un significado espiritual?

 

La tarea del Evangelismo es espiritual, sin embargo, es buena táctica acercarse a quienes quieren evangelizar mostrándoles la existencia de Dios por medio de las obras de la Naturaleza. Yerran los que piensan que el evangelista sólo tiene que pensar en la salvación delas almas, prescindiendo de la salvación de los cuerpos. Adaptación misionera Es necesario decir que el misionero tiene que adaptarse al pueblo al cual quiere evangelizar. Tiene que hacer todas las renuncias necesarias a tal objeto, excepto a sus principios morales y espirituales. Aquel que era Dios verdadero "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Filipenses 2: 7-8).

 

  

 

CAPÍTULO 12

DIOS Y LOS MEDIOS DEL EVANGELISMO

 

La teología habla de los medios de gracia. Dios ha tenido a bien dar medios para traer a los pecadores a la fe y también los emplea para edificar a los santos en esta fe. En el primer caso los medios con la Palabra de Dios dada en la evangelización y en el último caso son la Palabra de Dios y los sacramentos divinamente instituidos. La fe y la Palabra de Dios La palabra de Dios es el único e indispensable medio por el cual el Espíritu Santo obra la fe en los corazones de los hombres. El conocimiento de la Palabra de Dios es un prerrequisito de la fe salvadora. Todo aquel que se confía al Salvador, lo hace a causa de su conocimiento de este Salvador, obtenido por medio de la Escritura ¿Cuánto conocimiento debe exigir el evangelista de aquel que desea unirse a la iglesia por medio de la profesión de fe? Saber que Jesucristo es el Hijo de Dios, el único Salvador por su muerte sustitutoria y Señor de todos.

 En cuanto a su persona, debe saber que es un pecador que necesita salvación, que no puede salvarse a sí mismo y que la salvación es por la gracia del Trino Dios. La entrega personal a esta gracia es la esencia de la fe salvadora. Jesús equiparó la fe en Él con acudir a Él: "El que a Mí viene nunca tendrá hambre y el que en Mí cree no tendrá sed jamás" (Juan 6:36) El acudir para salvación al Cristo de la Palabra Santa, es en sí mismo un acto de fe. La Palabra de Dios y la conducta ejemplar Dios puede emplear para la salvación de las almas el Evangelio de verdad, predicado por boca de un infiel o un hipócrita. Sin embargo, el que enseña la Palabra de Dios a otro y no es hacedor de l a misma, no tiene derecho a esperar la bendición divina sobre su enseñanza, porque lo que hace contradice lo que enseña. Por otro lado, no es justo llegar a la conclusión de que una vida santa y ejemplar puede tomar el lugar del Evangelio y hacerlo superfluo.

Los que mantienen que un ejemplo de santidad puede sustituir el Evangelio, no están en el terreno bíblico. Está claro que aún cuando el evangelista tiene el sagrado deber de confirmar su mensaje con una conducta cristiana ejemplar, la vida santa no es un sustituto al evangelio hablado. La Palabra de Dios y la experiencia religiosa La convicción de pecado, el arrepentimiento hacia Dios y la fe en Cristo producen un crecimiento en santidad. La fe en Cristo y el crecimiento en Santidad, son todas ellas experiencias conscientes, a la vez que tan necesarias como lo es la regeneración. Sin embargo, la substitución de la experiencia religiosa por el Evangelio es un error muy serio. "La Palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que una espada de dos filos que penetra hasta los corazones y llega a partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12).

 La Palabra de Dios y la oración Se habla a veces de la oración como un medio de gracia. Así debe de ser consideradas, pero no como un medio de gracia equivalente a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios y la oración, son medios de gracia en un sentido diferente. Dios imparte su gracia salvadora mediante su Palabra como instrumento y también imparte la gracia salvadora en respuesta a la oración. El orar por la conversión de un alma y no hacer nada a favor de tal persona para llevarla al conocimiento del Evangelio de Jesucristo, es una abominación. Ser diligente en la salvación de perdidos y no orar a Dios que bendiga esta siembra de su Palabra en tales corazones para salvación, es una insensatez ya que sólo Dios, por el Espíritu Santo, puede traer por medio de su Palabra, la los pecadores al arrepentimiento.

  

CAPÍTULO 13

 

DIOS Y EL MENSAJE DEL EVANGELISMO

 

El Evangelio es Cristo-céntrico, del mismo modo que es Teocéntrico. Sin embargo, según la Teología Moderna, Jesús de Nazaret fue divino tan solamente en el sentido en que todos los hombres lo somos, con la diferencia de que la chispa divina ardió en él más brillantemente que en cualquier otro ser humano. El Evangelio del Arrepentimiento El llamamiento al arrepentimiento debe venir ante todo del Evangelismo. Sólo el que es oprimido por el pecado conocerá la necesidad de un Salvador. Sólo el que se sabe a sí mismo culpable y manchado correrá al Calvario para perdón y limpieza. Hay dos clases de arrepentimiento totalmente diferentes: Pablo escribió: "Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse, pero la tristeza del mundo produce muerte". (2ª. Corintios 7:10).

 

Calvino comentó así este pasaje: "La tristeza según el mundo es cuando los hombres, a consecuencia de severas aflicciones, se sienten oprimidos por la pesadumbre; mientras que la tristeza según Dios es la de aquel que mirando a Dios reconoce su propia miseria por haber perdido su favor. La primera procede solamente del amor a uno mismo y conduce a la muerte; la segunda está arraigada en la reverencia a Dios y resulta en arrepentimiento y salvación. Hay una gran diferencia entre arrepentimiento y remordimiento. El remordimiento puede apartar al pecador de Cristo (Judas Iscariote por su remordimiento se colgó) El arrepentimiento lo impulsa hacia él (Simón Pedro cuando negó al Señor lloró lágrimas de arrepentimiento). Hay una idea popular que el evangelista encontrará trabajo en disipar y es la de que el verdadero arrepentimiento puede venir demasiado tarde.

 

El arrepentimiento de corazón es indispensable para la salvación. Sin embargo, el arrepentimiento no tiene ningún mérito salvador ¿Cómo podría tenerlo si es en sí mismo un don de Dios? El Evangelio de la expiación El Evangelio no es en su esencia un mandato, sino Buenas Nuevas. La buena nueva de lo que Dios ha hecho por Cristo, para la salvación de los pecadores. Las buenas nuevas para el pecador son lo que Dios ha hecho para librarle del pecado y del infierno. La Teología Liberal ha falseado la doctrina escritural de la expiación. Dice que la muerte de Cristo tuvo como propósito reconciliar el hombre con Dios; pero no reconciliar a Dios con el hombre. Nunca debe ser olvidado que según la propia revelación en la Sagrada Escritura el Dios de amor infinito es también un Dios de absoluta justicia y su ira no puede ser detenida. Por su obediencia manifestada en su pasión que culminó con su muerte, Cristo pagó la pena del pecado. Pero hizo mucho más para los pecadores. Por su perfecta obediencia a la ley de Dios durante su vida terrena, les alcanzó justicia y vida eterna. "Por cuanto por la ofensa de uno vino el juicio sobre todos los hombres para condenación, por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida" (Romanos 5:18).

 

Cristo no sólo pago la deuda de los pecadores, sino que mereció, a favor de ellos, infinitas riquezas. El Evangelio de la Gracia La Naturaleza y la Historia son revelaciones valiosas de Dios, aunque no tienen nada que decirnos acerca de la salvación del pecado y la muerte espiritual. En cambio la Biblia, nos dice lo que todos los hombres necesitan saber sobre tan trascendental asunto. Lo que la Escritura tiene que decirnos acerca de la salvación se resume en el término: "Salvación por gracia". Esto no significa que el pecador no tenga responsabilidad en el asunto de la salvación. Deber creer en Cristo, pues Dios le hace responsable por su incredulidad. Sin embargo, la fe salvadora es un don de Dios. No puede ser negado que en el proceso de la salvación el creyente tiene el deber de obedecer, hasta el punto que es exhortado a ocuparse de su salvación con temor y temblor. Cuando obedece este mandato lo hace porque Dios mismo es el que obra en él, y le mantiene obrando el querer y el hacer según su buena volunta. (Filipenses 3: 12-13).

 

Dios el Padre salva Desde la fundación del mundo Dios escogió en Cristo a todos los que tendrían que heredar la Vida Eterna (Efesios 1:4) los escogió por su soberano amor; nadie puede arrebatarles de la mano de Cristo. A los que predestinó a estos también llamó y a los que llamó a estos también justificó, y a los que justificó a estos también glorificó (Romanos 8:30) El Hijo salva Por su perfecta obediencia al Padre, Cristo mereció justificación para los pecadores, vida eterna y gloria. El Hijo de Dios no sólo mereció la salvación, sino que también la otorga. El creer que un individuo dado será salvo o no dependiendo del ejercicio de su propia voluntad es un serio error, roba a Cristo su honor de Salvador haciendo al hombre su propio salvador. La muerte redentora de Cristo salva a todos los que han sido designados para ser salvos. Dios el Espíritu Santo salva Él aplica la salvación a los pecadores, él les da corazones de carne, en lugar de corazones de piedra (Ezequiel 11:9). Son nacidos de nuevo; y su segundo nacimiento procede del Espíritu (Juan 3:5 y 6) La fe salvadora es un fruto de la regeneración. Suponer que Dios obliga al pecador a creer es un absurdo.

 

Hay que enfatizar que la fe es desde el principio, un don de Dios por el Espíritu Santo. El Evangelio del Nuevo Nacimiento La razón porque las Escrituras no mandan a los no regenerados que nazcan ellos mismos a la vida, es evidente: Están espiritualmente muertos, es una prerrogativa divina traerlos a la vida, Dios Todopoderosos ejerce esta prerrogativa. Sin este segundo nacimiento espiritual, que solamente Dios puede efectuar, nadie puede llegar a la gloria de Dios. Es necesario distinguir entre la regeneración y la conversión. En el nuevo nacimiento, o regeneración el pecador es pasivo, en la conversión viene a ser activo. Según las palabras de Jesús: "El viento de donde quiera sopla y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene ni a donde va, así es todo aquel que es nacido del espíritu" (Juan 3:8), la regeneración tiene lugar en el subconsciente, pero la conversión es una experiencia consciente, pero la conversión es una experiencia consciente del hombre.

 

La regeneración es efectuada instantáneamente por el Espíritu Santo. En terminología teológica la regeneración es efectuada cum Verbo la conversión per Verbum. Y la conversión es una consecuencia, una manifestación del nuevo nacimiento. La Escritura nos dice que todo aquel que crea en Cristo será salvo, y es innecesario decir que la voluntad humana participa en el acto de la fe. "El que empezó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1:6). El Evangelio del Reino Los fundamentalistas y los modernistas han estado peleando acerca de si el mensaje del Evangelio es para la salvación individual o social. Muchos pensadores fundamentalistas, conscientes de que la sociedad está como una casa incendiada, muestran interés tan solamente en el rescate de individuos del fuego; no en apagarlo. El predicador modernista por el contrario, trata de extinguir el fuego, y espera hacerlo en beneficio del individuo que, según él, es producto de su época. La falta en el Evangelio social que predica el Modernismo no es que trata de remediar los males de la sociedad; sino que trata de hacerlo en un sentido totalmente opuesto al Cristianismo bíblico.

 

Prescindiendo de la evidente verdad que la sociedad nunca puede ser mejor que los individuos que la constituyen; trata de mejorar al individuo por medio d mejoras en la sociedad. Un Evangelio comprensivo El Evangelio es la historia de Jesús y su amor. Esta historia está saturada de sobrenaturalismos; por cuya razón los teólogos liberales la desechan, y la comúnmente llamada nueva Ortodoxia, la convierte en un mito o la pone fuera de la historia actual. La Biblia lo relata todo como una historia clara y positiva. El Evangelio es una doctrina, una invitación, una promesa, un llamamiento, una demanda y un mandato. Confiar en Cristo como Salvador y reconocerle como Señor, son inseparables.

 

Un Evangelio exclusivo El único Dios verdadero se ha revelado a si mismo, sobrenaturalmente e infaliblemente en la palabra escrita conocida por el nombre de Biblia; y en la palabra personal que es su hijo el Verbo de Dios. Todas las otras religiones enseñan la salvación por el esfuerzo humano. El Cristianismo sólo enseña salvación por la gracia de Dios. Todas las otras religiones dicen: "Haz y vivirás" El Cristianismo declara: "Vive y harás". Un Evangelio ofensivo Aún cuando el Evangelio desagrada al hombre natural, le es especialmente ofensivo en dos aspectos: la salvación es solamente por la Gracia de Dios, y sólo por Gracia; y el otro aspecto del Evangelio es su exclusivismo. Este Evangelio ofensivo debe ser proclamado sin el menor compromiso, ni adulteración.

 

CAPÍTULO 14

 

DIOS Y EL CELO PARA EL EVANGELISMO

 

Los reformadores y las iglesias de la Reforma a menudo han sido acusados de completa, o casi completa indiferencia para el Evangelismo. El entusiasmo protestante para las misiones alcanzó su más alto nivel en los siglos XIX y XX. Los reformadores estaban empeñados en una valerosa y difícil campaña que tenía por objeto la evangelización de Europa. La Biblia había sido trasladada a la lengua del pueblo, y cuando la Iglesia Romana había sustituido el Evangelio por ritos y ceremonias, el Protestantismo se esforzó en la predicación del Evangelio. Jóvenes de todas partes del continente, así como de las Islas Británicas, acudieron a los pies de Calvino y fueron enseñados a proclamar la Palabra de Dios. En lo que se refiere a misiones extranjeras las iglesias de la Reforma sufrieron dos serias dificultades: estaban envueltas en una terrible lucha para su propia existencia, y en segundo lugar muchas de las tierras recientemente descubiertas, África y América, estaban bajo el control de naciones católico-romanas, como España y Portugal.

 En vista de estos hechos es difícil acusar a las iglesias de la Reforma de que han tenido poco o ningún interés por el Evangelismo. Celo sin conocimiento Todos somos o por lo menos pretendemos ser, celosos para el Evangelismo; y muy pocos toman un vivo interés por la doctrina cristiana. El Cristianismo es una vida; pero también, con toda certeza, es una doctrina; un Cristianismo sin doctrina no sería Cristianismo. Se conviene generalmente en que el Evangelismo tiene por objeto llevar la Palabra de Dios. Pero ¿qué significa esto? Todos comprenden que la tarea del Evangelista es predicar a Cristo; pero ¿qué Cristo? Todos comprenden también que el evangelista tiene que proclamar la salvación; pero ¿qué salvación? Los miembros de las iglesias prefieren que se les diga desde el púlpito lo que tienen que hacer, más no lo que tienen que creer. La iglesia que descuida el adoctrinamiento de las generaciones futuras, pronto no tendrá misioneros para enviar.

 Por lo menos misioneros celosos para declarar el único Evangelio verdadero. El celo orientado hacia la Teología La fe Reformada, propiamente comprendida y creída de corazón, conduce al celo evangelístico. La voluntad soberana de Dios, sólo puede engendrar celo en la difusión del Evangelio. Dios escogió en amor; por consiguiente Dios no fuerza a los elegidos al cielo. Él ordenó que los tales serían salvos por el Evangelio y no por otro medio. De ahí se sigue que la Elección, demanda Evangelismo; y también que la Elección garantiza los resultados del Evangelismo. La Gran Comisión es un mandato del Dios soberano. Cuanto más seriamente se toma el hecho de la Soberanía divina, tanto más se siente un creyente obligado a cumplir este mandato. Dios requiere del hombre que ponga su confianza en su Creador, pide tan sólo aquello que podía hacer originalmente. Y aún cuando el hombre, en su estado caído, no sea capaz de ello, tiene que culparse a sí mismo, tan sólo por esta pérdida. El cristiano Reformado rechaza la enseñanza de que la Verdad se contradice a sí misma. Pero encuentra de un modo inequívoco que en la Escritura hay a veces dos verdades que no pueden ser reconciliadas en el tribunal de la razón humana, y en tal caso sujeta gustosamente su lógica a la Palabra divina. El más fuerte y noble motivo para el Evangelismo debe ser el amor para el adorable Señor y Dios.

 

CAPÍTULO 15

 

DIOS Y EL MÉTODO DEL EVANGELISMO

 

El método del evangelismo debe ser determinado por los principios del mismo. Dios es un Dios de ley y de orden, pero también es un Dios que admite variedad, que tiene también su lugar en el método evangelístico. La procedencia de la Iglesia organizada La Iglesia Cristiana es un agente ordenado por Dios para el Evangelismo. Según la Escritura, la Iglesia organizada es el primer agente del Evangelismo, y ello trae varias implicaciones definidas. En primer lugar, la Iglesia organizada debe realizar labor evangelística. En segundo lugar, las asociaciones voluntarias de creyentes, no deben, en circunstancias normales sustituir a la Iglesia. Los comités misioneros, y los evangelistas independientes de control eclesiástico, solamente deben ser organizados cuando la Iglesia falla en realizar la tarea asignada por Dios, y todos los esfuerzos para persuadirla han fracasado.

 En tercer lugar, los concilios eclesiásticos no son iglesias. En cuarto, la razón porque Dios ha asignado la obra del evangelismo principalmente a la iglesia organizada, es porque el resultado ha de ser, convertidos que deben unirse a la Iglesia, El propósito del evangelismo no es meramente la salvación de almas individuales, sino la adición de almas salvas a la Iglesia. La prioridad del evangelismo Educativo Hay dos métodos de evangelismo en contraste, el evangelismo de masas y el evangelismo personal. Hay argumentos de valor contra el evangelismo de masas, como es concebido y generalmente llevado a cabo hoy día. Hoy día las masas del pueblo están casi totalmente ignorantes de la historia bíblica, y de la doctrina bíblica. Por consiguiente, la predicación debe ser hoy día, antes que todo, instructiva.

 Existe una creciente y justa demanda a que el evangelista pruebe lo razonable de la religión cristiana. Se supone que el hombre no regenerado tiene capacidad, de su propia y libre voluntad, para aceptar a Cristo por la fe; y que es tarea del evangelista apelar por medio de una poderosa invitación, a la voluntad y emociones del hombre natural para "hacerle levantar". El evangelismo de masas tiene que ser estimulado porque tiene que ser llevado, tan pronto como sea posible, a tantos como sea dable alcanzar. Debe dar oportunidad de un modo u otro a aquellos que quieran conocer más acerca del camino de Salvación a que lo expresen. Es asunto de suprema importancia que aquellos que expresan tal deseo sean realmente instruidos después. De este modo el evangelismo personal sería el resultado del evangelismo de masas.

 El método total El evangelista no debe solamente proclamar el evangelio de la salvación del pecado y de la muerte, más también impartir los beneficios de la cultura. Los medios modernos de transporte y comunicación Los medios modernos de transporte, los medios de comunicación entre otros inventos, representan el descubrimiento por parte del hombre de aquellas leyes de la naturaleza dadas por Dios desde un principio, de la creación. Dios quiere que su Iglesia haga un uso diligente y eficaz de los medios modernos de transporte y comunicación para la más pronta extensión del Evangelio a las partes más remotas de la tierra, apresurando así el día de la vuelta triunfal de Cristo (Mateo 24:14) La Iglesia indígena Cuando la Iglesia ha nacido en un país extranjero por la predicación del Evangelio, el misionero encargado debe trasladarse a otro país y dejar la nueva iglesia nativa organizada navegar por sí misma. El pastor nativo no tiene mayor deber de discutir y ganar personas de fuera que el enseñar a su rebaño la Palabra de Dios.

 

CAPÍTULO 16

 

DIOS Y LA COOPERACIÓN EN EL EVANGELISMO

 

La Iglesia y el Estado La posición tomada algunas veces de que la Iglesia, a causa de su carácter espiritual, tiene que rehusar todo contacto con los gobiernos civiles, es totalmente insostenible. Ambas son creaciones divinas, y el Dios único se ha revelado en ambas esferas. No hay dos esferas en la vida humana completamente independientes la una de la otra. El Estado no puede practicar el Evangelismo. Es una tarea asignada indudablemente por Dios a la Iglesia. La función propia del Estado es el mantenimiento de la justicia en las relaciones humanas. El Dios soberano ha asignado autoridad -o sea una soberanía relativa- a la Iglesia, y otra al Estado. La Iglesia no debe pedir permiso al Estado para predicar la Palabra de Dios.

 

Es una idea herética la de que los hombres poseen las libertades básicas que se denominan: de reunión, de palabra, de prensa, de religión y de culto, por gracia del Estado. Estas libertades han sido dadas por Dios. Tampoco la Iglesia debe llegar a tal grado de degradación que se convierta en un instrumento del Estado. Esto ha ocurrido en el pasado, especialmente en el período anterior a la Reforma. No fue hasta el Siglo XIX cuando empezaron a florecer las iglesias libres; y hasta el presente no han logrado todavía sustituir a las iglesias estatales. Mucho daño ha resultado de esto en la obra de las misiones, ya que por esta causa el destino de las misiones se vio ligado a las maniobras políticas de países extranjeros. En una palabra, las misiones extranjeras fueron consideradas, y a veces vinieron a ser de verdad, órganos políticos. Es deber del Estado proteger a sus ciudadanos, incluyendo la iglesia en el ejercicio de la libertad religiosa. Por otro lado, Dios se agrada de la intercesión de su pueblo por sus gobernantes.

 

El Cristianismo y otras religiones La cooperación de los cristianos con los adherentes de otras religiones tiene que ser desechada sin vacilación. Los cristianos pueden cooperar con los adherentes de otras religiones en cuestiones seculares, para el bien y la justicia, tales como la lucha contra el analfabetismo, el adelanto de la medicina y la justicia social, pero cuando se llega al Evangelismo, no existe mensaje común con el cual coincidir..."salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré y seré a vosotros por padre y vosotros me seréis por hijos e hijas, así dice el Señor todopoderoso" (2ª. Corintios 6: 14-18) Ortodoxia y Heterodoxia.

 

El Protestantismo tendrá que hacer frente, decididamente, al hecho de que muchas de las enseñanzas romanistas son anti-cristianas; especialmente la doctrina del mérito de las buenas obras y la del sacerdotalismo. Esto es, la pretensión de que la Iglesia no solamente proclama la gracia de Dios, sino que imparte gracia salvadora a los hombres por medio de los sacramentos. La presente tendencia, cada vez más fuerte en la iglesia de Roma, hacia la exaltación de María como salvadora, excluye igualmente toda posibilidad de colaboración. Aunque negando la suficiencia de la Biblia como Palabra de Dios, Roma sostiene todavía la infalibilidad de la Sagrada Escritura; pero el Modernismo la niega y tilda de perjudicial esta tradicional enseñanza.

 

Roma enseña la salvación por los méritos humanos en adición a los méritos de Cristo; el Modernismo afirma, con descaro, que la salvación es tan sólo por méritos humanos. Que nadie sea tan cándido en creer que el antiguo Modernismo tuvo su auge, y hoy día está muerto. Todavía es vivo y habla con voz fuerte. Pero a su lado ha surgido un nuevo Modernismo el cual, aunque critica el antiguo suscribe una presuposición básica: que la Biblia, en lugar de ser la infalible Palabra de Dios, está plagada de numerosos errores. En el Evangelismo la cooperación de los cristianos evangélicos con los oponentes de las enseñanzas cardinales de la Religión Cristiana, está excluida. "Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa ni le digáis bienvenido" (2ª Juan 10) Evangélicos y evangélicos Un cristiano evangélico puede ser definido como una persona que sostiene las enseñanzas fundamentales del Cristianismo histórico. El impacto del Evangelio será reforzado por la unidad de aquellos que lo proclaman. Un Concilio de Iglesias no es en sí mismo una iglesia, y Dios ha encomendado la proclamación del Evangelio, específicamente a su Iglesia. Todas las iglesias evangélicas pueden cooperar en actividades evangelísticas como: Traducción de la Biblia a diversas lenguas, distribución de la Palabra de Dios, entre otras.

 

 

CAPÍTULO 17

 

DIOS Y LA EFECTIVIDAD DEL EVANGELISMO

 

La Comunicación del Evangelio Recientemente se ha dado un nuevo nombre a una ciencia antigua. Lo que hace tiempo se llamaba retórica, y después elocución, es conocido hoy día bajo el nombre de comunicación. Algunas veces se cita al apóstol Pablo como gran orador, y aún se le llama el más grande orador que ha tenido la Iglesia Cristiana. Según los modelos de oratoria del mundo greco-romano, él no sería llamado un orador. En la sofística Corinto había quienes decían de él: "Sus cartas son poderosas y fuertes, pero su presencia corporal es flaca y su oratoria despreciable" (2ª Cor. 10:10). La Ciencia de la comunicación es más bien un asunto de personalidad que de técnica. La Escritura reconoce que la salvación es cumplida por la predicación de la Palabra de Dios. Sin duda los pecadores pueden ser salvos, y a menudo lo son, por la simple lectura de la Palabra de Dios; pero, como regla general, Dios ha querido emplear la predicación como medio para tal fin.

 Pablo declaró: "La predicación de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, es potencia de Dios", "y ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1ª Cor. 1:18-21) El Evangelista para dominar la atención de su auditorio y traerlo al Evangelio, tiene que poseer una clara comprensión del Evangelio, tener una fuerte convicción respecto a la verdad del Evangelio, tener un sentido muy vivo de la suprema importancia del Evangelio, y de que la actitud del individuo es asunto de vida o muerte. Aún más; de vida eterna o muerte eterna. Debe asimismo haber experimentado el poder salvador del Evangelio, de modo que puede testificar. Debe tener una verdadera pasión por las almas perdidas, que le impele a buscarlas como Dios las busca y finalmente debe tener un supremo amor al Salvador que le amó primero. El don de la conversión.

 Se dice que los oradores, los escritores y actores, tienen que comunicar sus convicciones a la gente a las cuales se dirigen. Es tarea del evangelista comunicar el Evangelio a los hombres; pero impartir al hombre la fe en el Evangelio es una prerrogativa de Dios. La fe salvadora "es el don de Dios" (Efesios 2:8) "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (1ª Corintios 12:3) Ningún pecador ha sido jamás convertido por un evangelista, pues el autor de la conversión es Dios. De los muchos que son llamados por el Evangelio, los pocos que creen, lo hacen porque fueron divinamente escogidos a este propósito desde la Eternidad. El evangelista debe trabajar con todas sus fuerzas; pero en completa dependencia sobre el Espíritu Santo en cuanto a los resultados. Sólo aquella persona que ha pasado por el cambio radical de corazón que la Sagrada Escritura llama nuevo nacimiento, abrazará el Evangelio con fe, pues "el hombre natural no recibe las cosas que son del Espíritu de Dios, antes le son locura y no las puede entender, porque tienen que ser discernidas espiritualmente" (1ª Cor. 2:14).

 Toda verdadera conversión es de Dios, por Dios y para Dios. A Él sea pues la gloria para siempre (Romanos 11:36). El que se esfuerza celosamente en traer el mensaje, y sus métodos están en armonía con la Palabra de Dios, nunca tendrá motivo para desanimarse; por el contrario, debe confiar en Dios en cuanto a los resultados. La Palabra de Dios abunda en promesas grandes y preciosas para aquel que trabaja en la obra del Evangelio, por esto dice: "Andará sembrando y llorando el que lleva la preciosa semilla, más volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas" (Salmo 126:6) Y Dios asegura: "Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Isaías 55:10-11) Porque Dios es fiel, y su consejo permanecerá (Isaías 46:10), el evangelista puede sentirse plenamente seguro de que todos los que son ordenados para vida eterna creerán y serán salvos" (Hechos 13:48) Con Dios como conductor, no hay lugar para el desánimo. Hay lugar tan sólo para una fe fuerte, una esperanza firme y un ardiente amor.

 

CAPÍTULO 18