

En 1980 Harvest House
publicó un libro por Larry Parker titulado: “Nosotros Dejamos Morir a
Nuestro Hijo”. El libro cuenta la historia trágica de cómo Larry y su
esposa, después de haber sido influenciados por uno de los numerosos maestros
de “Palabra de Fe” en los Estados Unidos, detuvo la insulina de su hijo diabético,
Wesley. Tal como era de esperarse,
Wesley entró en coma debido a la diabetes. Los Parkers, advertidos sobre la
impropiedad de hacer una confesión “negativa”, continuaron confesando de
manera positiva la sanidad de Wesley hasta el tiempo de su muerte.
Incluso después de
la muerte de Wesley, los Parkers --firmes en su “fe”-- dirigieron un
servicio de resurrección en lugar de un funeral. Por más de un año después
de la muerte de su hijo, ellos se negaban a abandonar
la seguridad de “la revelación” que ellos habían recibido a través
del movimiento "Palabra de Fe." Eventualmente, ellos fueron acusados
y encontrados culpables de homicidio involuntario y abuso del niño.
Podrían contarse
muchas otras historias similarmente trágicas. Y sin embargo, la carnicería
deliberada de este movimiento no se limita a la muerte física. Literalmente
miles de personas se están tragando el cianuro espiritual distribuido por los
maestros de “Palabra de Fe”, mientras se encuentran llevando al naufragio la
fe de muchas personas.
Mucho ha sido escrito
durante los últimos años sobre el movimiento de la Nueva Era y la amenaza que
representa al Cristianismo histórico. Tan real como ésta amenaza es, yo me he
visto igualmente involucrado sobre la amenaza ominosa que el movimiento de
Palabra de Fe propone al Cuerpo de Cristo. Si el movimiento de la Nueva Era es
la amenaza más grande al
Cristianismo evangélico desde afuera, estoy igualmente convencido que el
movimiento “Palabra de Fe” o
“Confesión Positiva”, puede
muy bien ser considerado muy bien como una de las más grandes amenazas desde
adentro.
No hay duda que
muchos creyentes creerán que al escribir sobre este asunto, no estoy mas que
dividiendo cabellos teológicos. Sin embargo, la magnitud de la
controversia no es solamente una diferencia doctrinal honrada entre creyentes
ortodoxos; trae consigo una
confrontación más bien entre el evangelio predicado por el Señor Jesucristo y
“otro evangelio”.
Jesús dijo: “En
el mundo tendréis aflicción; pero confiad,
yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). En agudo contraste, los
maestros de Palabra de Fe prometen salud ilimitada y riquezas a creyentes que
puedan conjurar a su marca de fe.
Jesús exhortó a Sus
seguidores a “no trabajar por la comida que perece”, sino a trabajar
por la comida que ha “vida eterna permanece” (Juan 6:27). El
evangelio de prosperidad, por el contrario, anima a que los cristianos se
enfoquen en lo que ellos pueden recibir de Cristo aquí y ahora.
La mayoría de lo que hoy se conoce como Radio
y Televisión cristiana satisfacen
los oídos que tienen “comezón de oír” lo que ellos desean oír: la
promesa de ganancias terrenales. Una y otra vez nosotros oímos los testimonios
de hombres de negocios que "se volvieron a Jesús" y vieron que sus
negocios se duplicaron, o atletas cuyas estadísticas mejoraron como resultado
de sus fórmulas de fe y Cristo. El sacrificio y servicio se han trocado en auto
realización y auto engrandecimiento. Y mientras hay un elemento de verdad en el
mensaje (por ejemplo, la fe es esencial a la oración eficaz; Cristo satisface nuestras necesidades), tristemente, el énfasis
solo representa la piel de la verdad cubierta con una mentira. Cristo se ha
convertido en meramente un medio hacia un
fin, y los creyentes son seducidos a través de la manipulación astuta al
estilo de la Avenida Mádison para venir a la mesa del Maestro, no a
experimentar compañerismo e intimidad con Él, sino solo a disfrutar de lo que
está en Su mesa. En una contrastante distinción con este mensaje, el Jesús de
las Escrituras no es un medio hacia un
fin, Él es el fin ( lea por ejemplo: Filipenses 3:7-8).
Jesús predijo para
Sus seguidores pobreza, rechazo y persecución. Sus discípulos estaban deseosos
de enfrentar el acero blandido del tirano, la melena ensangrentada del león y
las llamas de las mil muertes, porque ellos sabían que no eran de este mundo.
Ellos eran solamente peregrinos y extranjeros en una tierra extraña.
A menudo llamado el
“Salón de la Fama de la Fe” en Hebreos 11, nosotros leemos de aquellos que
fueron elogiados por su fe, sin embargo fueron destituidos, perseguidos,
encarcelados y sufrieron muertes tortuosas. Estos hombres y mujeres pusieron el
ejemplo para nosotros y sin embargo, sus vidas se caracterizaron más por la
perseverancia que por la
prosperidad.
Ciertamente, este
mensaje no se vende bien en una época auto indulgente. No obstante, nosotros
nos alegramos de que nuestro Padre celestial es el que decide lo que es mejor
para nosotros y no nosotros, porque sólo Él entiende lo que nosotros
necesitamos de verdad y lo que nosotros podemos manejar. Uno se estremece al
pensar en qué pasaría si Dios nos diera todo lo que nosotros deseamos.
Yo no deseo ser mal
entendido: Yo creo en la sanidad divina y en la provisión de Dios para cada
detalle de nuestras vidas. Además, yo no asocio la piedad con la pobreza. Yo
doy gracias a Dios por aquellos que Él ha prosperado y por quienes se dedican a
usar sus recursos para la extensión de Su reino.
Pero para los maestros de Palabra de Fe, la
sanidad y prosperidad se convierte en algo tan importante que ellos tuvieron que
encontrar alguna manera de garantizarlas, y ellos hacen esto exaltando la fe del
hombre sin tomar en cuenta la soberanía de Dios. Así, ellos desarrollaron la
doctrina de que Dios creó al mundo de la nada solo por fe, y que Él creó a
los hombres como unos “dioses pequeños” para que puedan ejercer el mismo
tipo de fe. Por consiguiente, la fe se vuelve una fuerza tan poderosa que logra
resultados, ya sea en las manos de un creyente o de un incrédulo.
En base a esta
deificación de la fe humana, prácticamente los proveedores del mensaje de
Palabra de Fe prometen salud y riqueza a aquellos que ejercen fe en su fe,
en lugar de fe en su Dios. Como se ha dicho bien en otra parte, la fe sólo es
tan buena como el objeto en que es depositada.
Walter Martin solía decir: "Toda la fe
se encuentra incluida bajo el marco de la doctrina bíblica de la soberanía de
Dios". El Creador es el Señor del universo y no un “Duende”
cósmico al servicio de Su creación. No es nuestra fe la que se sienta
en el trono, sino nuestro soberano Dios (1 Crónicas 29:10-12).
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