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Serie:

“LAS CARACTERISTICAS DEL CRISTIANISMO AUTENTICO”

(Mensajes Expositivos de la primera epístola de Juan)

 

Por: Daviel D’Paz

 

Tema:

“Introducción a la Primera epístola de Juan”

(1ª Parte) 

Mensaje # 1

Domingo 11 de Noviembre 2007

 

Estamos iniciando una serie de mensajes sobre la primera epístola del apóstol Juan y lo primero que he estado haciendo, es investigar acerca del propósito del porqué Juan escribió esta carta. He estado sumergiéndome en un mar de literatura y comentarios bíblicos sobre esta epístola tan interesante. Y me he dado cuenta que Juan escribió esta epístola con un sentido de urgencia, con un sentido de necesidad por la situación en la que se encontraban muchas iglesias y muchos cristianos de ese tiempo.

 

Y una de las razones que he podido ver por las que Juan se sintió impulsado a escribir esta carta, fue porque había un grupo de maestros que habían salido de la iglesia y ahora se encontraban sembrando la falsa doctrina. Maestros que habían pertenecido a la iglesia de Jesucristo externamente hablando, porque los que pertenecen a la iglesia invisible o verdadera, nunca renuncian a ella; nunca salen de esa iglesia. Pero en ese tiempo había muchos que aparentemente eran cristianos y que habían abandonado las congregaciones y estaban causando confusión a otros cristianos, enseñando doctrinas completamente cuestionables y antibiblicas, doctrinas totalmente en contra de la Palabra de Dios. Y el apóstol Juan escribe esta epístola para aclarar la verdad y refutar las falsas enseñanzas de esos maestros.

 

En los comentarios que he leído, muchos comentaristas creen que el apóstol Juan estuvo pastoreando en la ciudad de Éfeso y que desde esa ciudad escribió esta interesante carta. Y esto me ha llamado de alguna manera la atención, porque si fue así, entonces es muy importante que primero nos demos cuenta de cual era la situación espiritual que estaba reinando en esa ciudad de Éfeso.

 

Éfeso era un centro del paganismo en ese tiempo. Esa ciudad era un lugar entregado a la idolatría y uno de sus ídolos principales era una mujer a quien llamaban “Diana de los Efesios” y ella era supuestamente la diosa o patrona de los efesios. Así que, en esa ciudad saturada de idolatría, a Dios le plació establecer una asamblea local por medio del apóstol Pablo quien fuera el fundador de esa iglesia y posteriormente el apóstol Juan se dice que fue a pastorearla.

 

Una de las cosas que he podido notar de la situación que imperaba en ese tiempo, era que los cristianos que vivían en esa ciudad de Éfeso, eran cristianos de la segunda o tercera generación. Eran cristianos que de alguna manera, habían perdido ya el celo del primer amor. Habían perdido el gozo que trae consigo la nueva vida en Cristo. Al principio de la vida cristiana todo es gozo, todo es fortaleza y el cristiano desea servirle al Señor en todo y obedecerle en todo. Pero conforme pasan los años, el fuego del primer amor se va desvaneciendo y llega un momento cuando el cristiano ya no siente esa pasión por el Señor, ese celo por la sana doctrina y ese amor que le caracterizó en un principio.

 

Así que, el mismo apóstol Juan, escribió en Apocalipsis 2, y describió con precisión las condiciones de la iglesia en Éfeso. Apocalipsis 2:1-4, dice:

 

“Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: el que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.

 

Ese fue el reproche que Jesucristo le hizo a la iglesia de Éfeso. Esa fue la falla de la iglesia en Éfeso y ese fue uno de los problemas que comenzó a surgir en la iglesia de Éfeso: que los cristianos habían abandonado su primer amor, habían abandonado el gozo que trae consigo cuando Jesucristo hace una obra en los corazones, un cambio en las vidas. Y ese gozo que sentían, esa pasión por Dios, ese amor por la sana doctrina, ahora ya no lo sentían. Ahora el amor se había desvanecido y lo que antes era un fuego glorioso, ahora quedaba solamente las ascuas de ese fuego que un día había caracterizado las vidas de los cristianos en Éfeso.

 

Esa era la situación que imperaba en la iglesia de Éfeso. Los cristianos ya no sentían ese primer amor, ya no sentían ese gozo y todo lo hacían por compromiso. Todo lo hacían por una mera obligación y no con un deseo de agradar al Señor. Ya no lo hacían con ese gozo que caracteriza cuando el pecador tiene un encuentro con Jesucristo. Y una vez que el gozo del primer amor se había ido, fue cada vez más y más difícil luchar contra el mundo y rehusar conformarse a las prácticas generalmente aceptadas por el espíritu de la época. El peligro que enfrentaban las iglesias del Asia Menor en ese tiempo, no era la persecución debido a su fe, sino el engaño doctrinal propagado desde dentro de la misma iglesia.

 

Esa situación fue precisamente la que el apóstol Pablo había anunciado a los ancianos de Éfeso que tendría lugar en  Hechos 20:29,30 algunos años antes. El apóstol Pablo en estos versículos se despide de los cristianos y ancianos de Éfeso y les dice con lágrimas las siguientes palabras:

 

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño, y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.

 

Esto que Pablo había dicho a los cristianos de Éfeso, se estaba cumpliendo en el tiempo del apóstol Juan. Exactamente tal como Pablo lo había anunciado, estaban cumpliéndose sus palabras: que “lobos rapaces entrarían en medio del rebaño” y no lo perdonarían.

 

Y no solamente serían lobos que vendrían de afuera, pero dice que de ellos mismos, de la misma congregación se levantarían hombres que hablarían cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Y esto es precisamente lo que los cristianos de Éfeso estaban experimentando en los tiempos del apóstol Juan: hombres que se decían ser cristianos, hombres de la misma congregación de Éfeso se encontraban enseñando una nueva doctrina totalmente contraria a lo que los apóstoles habían enseñado, completamente distinta a lo que Jesucristo y sus apóstoles habían estado enseñando.

 

Es por eso que el ataque hacia la doctrina cristiana que Juan intenta combatir con su carta, provenía no de aquellos que se encontraban fuera de la iglesia y cuya intención era destruir al cristianismo, sino de aquellos que se encontraban dentro y que pensaban que estaban mejorando las enseñanzas de la Biblia y haciéndolas más populares y aceptables para todos los filósofos y educados de ese tiempo. Este era el problema que imperaba en el tiempo del apóstol Juan: que muchos que se decían ser seguidores de Jesucristo, estaban tratando de hacer que la doctrina cristiana fuera un poco más aceptable.

 

Decían: ‘Bueno, si la doctrina cristiana la podemos mezclar con un poco de filosofía  griega y le agregamos un poco más de filosofía de otras culturas, estamos seguros que el cristianismo será fácilmente aceptado por los intelectuales, por los filósofos que hay a nuestro alrededor’. Para ese tipo de maestros, el cristianismo tal y como se enseña en las Escrituras era tropiezo y tal como lo dijo el apóstol Pablo, “era locura”. El evangelio es locura para los no regenerados. El evangelio de salvación predicado tal y como se enseña en la Palabra de Dios, es locura para el inconverso.

 

Pero estos maestros decían: ‘Nuestro mensaje está siendo rechazado por todos aquellos intelectuales. Nuestro mensaje no está siendo aceptado. Tenemos que hacer algo. Tenemos que mejorarlo. Tenemos que darle un toque atractivo para que la gente educada e intelectual pueda aceptarlo’. Y comenzaron a mezclar enseñanzas bíblicas con filosofías griegas, con misticismo oriental, tergiversando así el mensaje del evangelio que es locura para los que no conocen a Jesucristo.

 

En su deseo y ansia para que el evangelio fuera aceptado, comenzaron ellos mismos a tergiversar el mensaje del evangelio. Ellos mismos comenzaron a atacarlo y a rebajarlo hasta casi dejarlo irreconocible. Es por eso que esa enseñanza era tan peligrosa, porque los que estaban atacando el evangelio no eran personas de afuera. No eran ateos, ni eran personas ajenas a la iglesia. Eran líderes cristianos, eran líderes que estaban dentro de las iglesias, dentro de las congregaciones.

 

Esto me hace pensar que estamos viviendo en un tiempo muy similar y casi en la misma situación a la que le tocó vivir al apóstol Juan. Porque en este tiempo, el mayor ataque hacia el evangelio ya no proviene de personas ajenas a la iglesia, sino más bien, proviene de líderes cristianos y de pastores con buenas intenciones. Y voy a mencionar dos nombres que tal vez ustedes han escuchado y que muy probablemente los han visto predicar a través de la televisión. Uno de ellos es Rick Warren y el otro es Joel Osteen. Pastores que muy probablemente tienen buenas intenciones, pero que se encuentran diluyendo el mensaje del evangelio. Pastores que tal vez desean ver a multitudes abrazar el evangelio, pero que al seguir los métodos que ellos emplean, están rebajando el mensaje de salvación y menoscabando el mensaje bíblico.

 

Estos pastores, ministros y líderes evangélicos están mezclando enseñanzas bíblicas con enseñanzas psicológicas por ejemplo. Ahora no tenemos que decirle al pecador que es un pecador, no, ahora lo único que debemos decirle es que él o ella debe procurar tener una buena estima de sí mismo. Que debe tener un alto concepto de sí mismo. Que el verdadero problema del ser humano es que tiene un concepto muy pobre de sí mismo. Para ellos, el problema del hombre no es el pecado, sino una baja auto estima. ¿Es este el mensaje del evangelio? ¡Claro que no! Ese no es el mensaje del evangelio.

 

El mensaje del evangelio bíblico es que el ser humano sin Cristo es un pecador perdido que va rumbo a la condenación eterna y que si muere sin Cristo, un día va a despertar en el lago de fuego. Este es el mensaje bíblico de la Palabra de Dios.

 

Pero al igual que algunos de estos líderes modernos, los líderes de aquel tiempo estaban rebajando el evangelio y escondiendo las enseñanzas más difíciles de aceptar, para que el inconverso pudiera aceptarlas y comenzara a asistir a la iglesia. Pero sin darse cuenta, ellos se encontraban atacando al mismo corazón del evangelio y como resultado, comenzaron a enseñar herejías como si fueran las últimas revelaciones de Dios.

 

Los propósitos y objetivos generales de la epístola que deseo abordar aquí, son dos y voy a mencionarlos rápidamente.

 

La primera razón por la que Juan escribe su epístola es para dar seguridad a los verdaderos creyentes.

 

En el capítulo 5 versículo 13, el apóstol Juan dice:

 

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

 

Esta es la primera razón por la que Juan escribe su carta: para darles seguridad a los verdaderos creyentes. Y estas palabras nos hablan precisamente de que el verdadero creyente tiene seguridad en Cristo. Ahora bien, una de las cosas que inquietaban a muchos creyentes de la época del apóstol Juan, era que estaban observando que muchos de los miembros de la iglesia más intelectuales y más conocedores, habían abandonado las congregaciones. Habían abandonado la iglesia y estaban iniciando ellos mismos una nueva congregación.

 

La situación era que esos ‘supuestos’ creyentes que se habían separado de la iglesia local, afirmaban que sólo ellos conocían los verdaderos secretos da la vida cristiana. Que solamente ellos conocían y poseían la verdad y nadie más. Se atrevían a decir que ni aún los apóstoles conocían tanto como ellos. Que ellos eran los únicos que tenían la verdad. Que no había otros que conocieran las verdades espirituales como ellos las conocían.

 

Y como resultado de esto, muchos creyentes que permanecían en las iglesias locales se encontraban confundidos y pensaban que tal vez el evangelio que ellos habían recibido por parte del apóstol Pablo y del apóstol Juan quien todavía vivía, no era el correcto después de todo. Pensaban que tal vez ese evangelio no era el que Jesucristo había enseñado. Y existía confusión en muchos de ellos; había duda. Y Juan escribe esta carta para decirles que no tuvieran esas dudas, que no se dejaran confundir. Que ellos se encontraban en el verdadero evangelio. Para disipar esas dudas el apóstol Juan escribe su carta asegurándoles que ellos se encontraban en la verdad y que debían permanecer en esa verdad que habían conocido. En el capítulo 2 versículo 5, dice:

 

“Pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en El…Os escribo a vosotros, padres,  porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros hijitos porque habéis conocido al Padre…Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad…” (2:5, 13, 14, 20, 21…).

 

Todo lo que Juan dice en estos versículos es “sabemos, sabemos, sabemos”. Esto nos habla de seguridad. El apóstol Juan había escrito esta carta precisamente para dar seguridad a los creyentes de ese tiempo. Muchos de ellos tenían dudas y tal vez hasta dudaban de su salvación. Pensaban que el evangelio que habían escuchado no era correcto, no era el verdadero; que tal vez era un evangelio falso, que tal vez los habían engañado. Tenían esas dudas en su mente. Pero cuando Juan escribe esta epístola, habla claramente que ellos estaban en la verdad, que Jesucristo el Hijo de Dios se había manifestado para dar a conocer al Padre “y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna”. En otras palabras, lo que el apóstol les decía con esto era que, ‘Si tienen a Cristo lo tienen todo, si no tienen a Cristo no tienen nada. No importa cuanto conocimiento digan aquellas personas que tienen, si no tienen al Hijo de Dios no tienen la vida’.

 

Y la segunda razón por la que Juan escribió esta carta fue para contrarrestar las enseñanzas de los falsos maestros que habían abandonado sus respectivas congregaciones. El capítulo 2, versículo 19 nos dice:

 

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”.

 

El apóstol Juan habla claramente en este versículo que esos maestros habían salido de en medio de ellos. Esos maestros habían estado en la iglesia y la habían abandonado. Ahora no deseaban tener nada que ver con la comunión de la iglesia. Pero decían que ellos tenían la verdad y que eran los únicos que la poseían. Que los demás cristianos no conocían la verdad y no tenían la verdad. Que solamente ellos la tenían. Y el apóstol Juan no duda ni por un momento en decir que todos aquellos que habían salido “no eran de nosotros porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros”.

 

La enseñanza que se encontraba causando confusión entre los creyentes del primer siglo era lo que se conoce como gnosticismo y era una combinación o mezcla de cristianismo con misticismo oriental y filosofía griega. Este era el tipo de enseñanza que estaba causando estragos en la iglesia de Éfeso y las demás iglesias de alrededor. Por ejemplo, la carta del apóstol Pablo a los Colosenses habla también en contra de esa falsa enseñanza gnóstica. El apóstol Pablo cuando les escribió a los Colosenses menciona también a este tipo de personas. Así que esa enseñanza gnóstica había comenzado a invadir las congregaciones y a infiltrarse en las iglesias del primer siglo.

 

Los postulados del gnosticismo eran los siguientes:

 

Primero, sostenían que era el conocimiento y no la fe la única condición para la salvación y la única evidencia de comunión con Dios. En otras palabras, los gnósticos enseñaban que no había necesidad de tener fe en Jesucristo. Creían que la fe no salvaba a nadie, pues lo único que salva es el conocimiento. Entre más conocimiento tengas, más probabilidad hay de que puedas ser salvo.

 

Sin embargo, ese conocimiento no se encontraba al alcance de todas las personas, sino solamente de aquellos que se habían “iniciado” en los misterios del sistema gnóstico. En otras palabras, la enseñanza que ellos se encontraban promoviendo era una enseñanza exclusivista. Ellos decían ‘si no perteneces a nuestro grupo no hay manera que puedas conocer las profundidades de Dios. Si no perteneces a nuestro grupo, no puedes ser salvo’.

 

Los gnósticos reclutaban a las personas para que se hicieran miembros de ese sistema y creían que solamente ellos poseían la verdad y nadie más. Es por eso que el conocimiento que ellos presumían tener, era un conocimiento esotérico que los creyentes comunes no podían adquirir. Tal énfasis distorsionado del conocimiento llevaba a la arrogancia, a la falta de amor y al exclusivismo. Este tipo de enseñanza hacía del conocimiento lo máximo. Para que una persona pudiera ser admitida en su congregación debía ser “iniciada” en los misterios gnósticos. Tenía que conocer ciertos misterios, de lo contrario ellos no podrían entonces comprender las profundidades de Dios.

 

Segundo, ellos sostenían que la materia es inherentemente mala. Y quiero mencionar rápidamente lo que esto significaba para ellos. Como resultado de ese concepto antibíblico, los gnósticos se vieron involucrados en otros dos graves errores, uno práctico y el otro teológico. Al decir que la materia era mala en sí misma, automáticamente decían que el cuerpo como es materia, es malo y pecaminoso en sí mismo. Sin embargo, el apóstol Pablo había escrito que nuestro cuerpo “es templo del Espíritu Santo”. Así que la enseñanza de los gnósticos chocaba directamente con las enseñanzas inspiradas del Espíritu Santo: que nuestro cuerpo no es malo en sí mismo, sino que es santo debido a que es un templo del Espíritu Santo. Pero ellos al ver la materia como algo malo, afirmaban que el cuerpo es pecaminoso y esto creaba errores terribles tanto en la teología como en la práctica. Por ejemplo, uno de los errores prácticos que cometían, tenía que ver con la naturaleza de la vida cristiana. Comenzando con la idea que el cuerpo es malo, algunos gnósticos se involucraban en la vida ascética y algunos se iban al otro extremo que los llevaba a vivir una vida inmoral y sin restricciones.

 

Cuando digo que algunos de ellos vivían una vida ascética, me refiero a que ellos se apartaban de las personas e incluso, flagelaban sus cuerpos, ayunaban por muchos días intentando martirizar su cuerpo. Esto es el ascetismo. Ciertas comidas eran prohibidas para ellos y las relaciones sexuales eran un pecado y no había manera que ellos aceptaran el matrimonio como una ordenanza divina, debido a que para ellos, las relaciones sexuales eran pecaminosas sin importar que la persona se casara. Es por eso que ese grupo nunca se casaba y siempre permanecían célibes. Así que, este tipo de personas tenían esos grandes errores que, debido al concepto antibíblico de ver la materia como algo malo y pecaminoso, pensaban que entre más martirizaran su cuerpo, más cerca de Dios estaban. Entre más golpearan y flagelaran su cuerpo, mas cerca de Dios estarían. Pero esto es algo completamente falso y antibíblico.

 

Pero existía otro grupo gnóstico que se iba al otro extremo. Algunos de ellos decían que ‘el espíritu es bueno, el cuerpo como es materia es malo y aunque no podemos hacer nada para cambiar el cuerpo, no importa lo que hagamos con nuestro cuerpo el espíritu sigue siendo puro’. Por eso muchos de ellos vivían en pecados terribles. Muchos de ellos vivían peor que los paganos de esa época y supuestamente decían que conocían a Dios, que conocían la verdad. Por eso Juan escribió que “el que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (2:6). Precisamente porque un grupo de gnósticos decía que el pecado no les afectaba en lo absoluto sin importar qué tanto pecado cometieran, tal pecado no les dañaba. Ellos creían que el pecado solamente afectaba su cuerpo pero no su espíritu, pues el espíritu, según ellos, no es tocado por la materia sino solo el cuerpo. Debido a que el cuerpo es pecaminoso, no podían dejar de pecar y no podían evitar el pecado.

 

Así que muchos de ellos se dejaban llevar por la corriente, por toda clase de pecado imaginable. Para ellos no había restricciones en cuanto al pecado. Vivían una vida sin restricciones y totalmente licenciosa, pero afirmando que estaban en la verdad y que solo ellos conocían los profundos secretos de la vida cristiana.

 

Tal parece que Juan tenía en mente a este último grupo de gnósticos cuando escribe su carta, debido a las enseñanzas tan contrarias a las enseñanzas apostólicas. Esa forma de pensar los llevaba a creer que para ellos nada era pecado y podían hacer todo lo que les diera la gana.

 

El otro error que ellos cometían era un error teológico. Este error tenía que ver con la doctrina bíblica, ya que si la materia es mala en sí misma, entonces Jesucristo no pudo haber sido una persona real de carne y hueso como nosotros. Los argumentos de ellos, eran que Jesucristo no podía vivir en un cuerpo humano debido a que el cuerpo es pecaminoso. Como resultado, la enseñanza bíblica de la humanidad de Cristo era seriamente distorsionada. Para ellos,  Jesucristo no fue un ser humano. Debido a que el cuerpo es materia y la materia es mala, entonces lo divino no pudo haberse mezclado con la materia.

 

Pero la Biblia nos enseña que Jesucristo es todo Dios y todo hombre. Esa es la enseñanza bíblica, aunque ellos no lo veían así. Por eso muchos de ellos decían que Jesucristo solo “parecía” humano, pero que en realidad no era un ser humano. Ahora bien, ¿Cuál es el problema de todo esto? El problema es más serio de lo que parece. Porque muchos pudieran preguntar ‘¿Y cual es el problema en decir que Jesucristo solo “parecía” un ser humano pero que en realidad no lo era? ¿En qué afecta lo genuino del evangelio? El problema es que si Jesucristo no fue verdaderamente humano, entonces no pudo morir en la cruz y si él no murió en la cruz, entonces no pudo haber pagado el precio por nuestros pecados y si él no pagó el precio por nuestros pecados, entonces todavía estamos sin esperanza. Es por eso que esa falsa enseñanza atacaba el mero corazón del evangelio de la gracia de Dios. ¿Cómo puede ser salvo el ser humano? ¿Cómo puede un pecador culpable ser justificado delante del Dios santo? Si Jesucristo no murió para expiar los pecados de su pueblo, entonces no existe esperanza de salvación, porque no existe otra manera de poder ser salvos sino solo a través del derramamiento de sangre. Sin derramamiento de sangre no hay perdón o remisión. Y si Jesucristo no murió en la cruz y si no derramó su sangre, entonces no hay esperanza para nosotros.

 

Ese era el verdadero problema. Ese era el problema que se creaba con la enseñanza gnóstica y era una terrible herejía. Una herejía que muchos le estaban prestando atención. Pero los gnósticos no veían cual ningún problema en esto, porque pensaban que no necesitaban la sangre de Cristo ni el sacrificio de Cristo, pues para ellos el conocimiento era lo único que los salvaba. Y eso era lo único que necesitaban. Los gnósticos lo único que supuestamente necesitaban era el conocimiento. Era el conocer las profundidades de Dios y al conocer esas profundidades de Dios ellos iban a ser salvos. No necesitaban a un Cristo crucificado y resucitado para ser salvos.

 

Los gnósticos distorsionaban la doctrina bíblica de la encarnación de Jesucristo por lo menos de dos maneras:

 

Primero, algunos intentaban explicar la encarnación de Cristo por medio de negar su humanidad afirmando que solamente “parecía” un ser humano. Por eso, para tales personas el cuerpo de Jesucristo era solo una apariencia, una ilusión o un espíritu en el mejor de los casos. A esta forma de gnosticismo se le conocía con el nombre de Docetismo. Se les llegó a identificar como “Docetistas” debido a que enseñaban que Jesucristo no era un ser humano, sino que solo aparentaba serlo. Pero el apóstol Juan contradice esa falsa enseñanza porque a él le constaba que Jesucristo era en verdad un ser humano pues había comido con él, lo había palpado y era tan humano como cualquiera de nosotros.

 

Tercero, el otro grupo de gnósticos intentaban explicar la encarnación de Jesucristo al negar su divinidad. Esta forma de gnosticismo hacía una distinción entre Jesús el hombre y Cristo el divino. Enseñaban que Jesucristo fue un simple hombre que nació a través de la unión sexual entre José y María y que aunque se distinguía en carácter por sobre las demás personas, no obstante seguía siendo un simple hombre. A esta enseñanza se le conocía como “Cerintianismo” debido a que un hombre llamado Cerinto era el máximo exponente de este tipo de herejía.

 

Se dice que en el tiempo del apóstol Juan, Cerinto vivía también en la ciudad de Éfeso y cuenta la tradición que en cierta ocasión, el apóstol Juan fue a tomar un baño en los balnearios públicos que existían en aquel tiempo, y se dio cuenta que Cerinto se encontraba dentro de ese lugar y al percatarse de esto, el apóstol Juan dijo: “Vámonos de este lugar, no sea que este edificio se derrumbe y nos caiga encima, porque Cerinto el enemigo de la verdad se encuentra dentro”.

 

Esto fue registrado por Policarpo, un discípulo del apóstol Juan y no podemos saber con certeza si estos detalles son ciertos o no, pero lo que sí podemos saber con seguridad, era que Cerinto fue en realidad un enemigo de la verdad y un contemporáneo del apóstol Juan. Y esa herejía conocida como “Cerintianismo” era una de las variantes más peligrosas de la enseñanza gnóstica. Cerinto no negaba que Jesucristo fuera humano y esa era una de las razones que dicha herejía fuera más peligrosa que el Docetismo. Aunque Cerinto afirmaba que Jesucristo era humano, negaba rotundamente que fuera Dios manifestado en carne. Cerinto intentaba hacer una separación entre el Cristo divino y el Jesús humano que nació en Belén de Judea.

 

Cerinto enseñaba que una de las razones por las que Jesús hizo muchas señales y milagros, era porque cuando Jesús fue bautizado por Juan en el río Jordán, el Cristo divino descendió en forma de paloma y fue allí cuando comenzó a hacer milagros y maravillas por medio del Cristo divino. Pero antes de llegar a la cruz, el Cristo divino abandonó al Jesús humano y el único que murió en la cruz fue Jesús el hombre. Para Cerinto, Jesús no era Dios y hombre al mismo tiempo. La realidad es que todavía vemos rasgos de dicha herejía en el Mormonismo y los Testigos de Jehová por mencionar solo dos ejemplos, cuando afirman que Jesucristo no es Dios, sino solamente un hombre o un ángel en el mejor de los casos. Este tipo de herejía se encontraba plagando las iglesias de ese tiempo y una de las razones por las que Juan habla fuertemente en contra de dicha herejía fue porque muchos creyentes estaban siendo arrastrados por el error. El apóstol Juan preocupado por esto, escribe esta epístola con la intención de aclarar cual es el verdadero evangelio y confirmarles a sus hermanos en la fe que lo que ellos habían conocido acerca de Jesucristo, era verdad.

 

Pastor Daviel D'Paz  

Centro Cristiano Eben-Ezer

7216 E. Admiral Pl.

Tulsa, OK. 74115

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Nota: A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son tomadas de la Biblia Versión Reina-Valera (Sociedades Bíblicas Unidas).

 

 

SOLI DEO GLORIA

 

 

© Daviel D’Paz, Derechos reservados, Tulsa, OK.   2008

 

Las siguientes obras han sido de gran ayuda para la elaboración de esta serie de mensajes a través de la Primera epístola del apóstol Juan. Las obras marcadas con un asterisco (*), son las que consideramos como las mejores y que nos parecen más importantes como obras de referencia. Se han dejado en su título original en inglés debido a que la mayoría de ellas no se encuentran traducidas al español. 

 

 

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