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Serie:

“LAS CARACTERISTICAS DEL CRISTIANISMO AUTENTICO”

(Mensajes Expositivos de la primera epístola de Juan)

 

Por: Daviel D’Paz

 

Tema:

“Introducción a la Primera epístola de Juan”

(2ª Parte)

 Mensaje # 2

 

Domingo 18 de Noviembre 2007

 

Hemos iniciado una serie de mensajes en la primera epístola del apóstol Juan y nos encontramos aprendiendo algunas cosas bastante interesantes sobre el trasfondo histórico de esta su primera carta. Una de las razones por las que Juan escribió esta epístola fue no solo para edificar a los creyentes, sino también para advertirles de un peligro que existía en las iglesias de ese tiempo. El peligro que amenazaba a los cristianos en ese tiempo era una falsa enseñanza bastante peligrosa. Esa enseñanza, tal como lo hemos estado viendo en el mensaje anterior, se le conoce con el nombre de Gnosticismo y que todavía no ha muerto pues existe en formas distintas y variadas en la actualidad. La enseñanza gnóstica que ha sobrevivido hasta nuestros días ya no representa un peligro latente para la iglesia cristiana en la actualidad tal como lo fue en los primeros siglos.

 

Sin embargo, existen algunos grupos ajenos a la iglesia, que todavía se adhieren a los mismos principios gnósticos de las personas de los tiempos del apóstol Juan, tales como las enseñanzas de la Nueva Era y la Ciencia Cristiana (que dicho sea de paso, ni es “ciencia” ni es “cristiana), por mencionar solo dos ejemplos.

 

En los primeros siglos, el gnosticismo se enseñaba usando un lenguaje y terminología cristiana como si fuera parte de las doctrinas bíblicas y eso era precisamente lo que lo hacía ser tan peligroso. Los gnósticos usaban términos tales como “nacer de Dios”, “andar en la luz”, “conocer a Dios” y otras frases similares. Todas estas frases las usaban para convencer a las personas que ellos realmente conocían a Dios. Pero las evidencias decían todo lo contrario. Por esa razón, el apóstol Juan escribió que “el que dice que anda en la luz, pero aborrece a su hermano, anda en tinieblas”.

 

Todo lo que el apóstol Juan nos dice en esta carta que estaremos examinando versículo por versículo, es muy relevante para nosotros hoy día, ya que una de las claves para comprenderla es el tener en mente el contexto histórico en el que Juan vivió y en el cual escribió estas palabras. Por ejemplo, estuvimos viendo en el mensaje anterior que uno de los propósitos que el apóstol Juan tenía en mente para escribir esta carta, fue para darles seguridad a los creyentes. Los maestros gnósticos se encontraban afirmando que los cristianos bíblicos no conocían la verdad y que ni siquiera aún los mismos apóstoles habían conocido toda la verdad, tal como los gnósticos la conocían.

 

Lamentablemente existen muchos cristianos en la actualidad que afirman que solo ellos poseen el evangelio completo. Cuando les preguntamos qué es lo que quieren decir con eso de que solo ellos tienen “evangelio completo”, nos contestan que ellos han recibido el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas y que ese hecho los distingue de los demás creyentes que no lo han recibido. Así que, ellos creen que los que no compartimos sus puntos de vista o no creemos como ellos creen, tenemos un evangelio “incompleto”. Esto obviamente es falso.

 

Los gnósticos también decían que los creyentes en Jesucristo no poseían un evangelio completo. Afirmaban que solo ellos recibían revelaciones directas de parte de Dios, por lo tanto, solo ellos conocían las profundidades espirituales que los creyentes comunes no conocían. Y como resultado de esto, muchos creyentes verdaderos estaban siendo perturbados y algunos hasta dudaban de lo que creían. Pensaban que los gnósticos tenían razón y que tal vez ellos no habían conocido el verdadero evangelio después de todo. El apóstol Juan escribe esta carta para asegurarles que ellos tenían el verdadero evangelio. En el capítulo 5, versículo 13, el apóstol Juan escribió lo siguiente: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

 

El apóstol Juan deseaba que los creyentes supieran que si tenían a Jesucristo, tenían la vida eterna y la seguridad de su salvación. Que si ellos no tenían a Cristo, entonces no tenían nada. Las palabras que Juan usa en el versículo 13, se encuentran en el tiempo presente. No les dice “para que sepan que TENDRAN vida eterna”, sino mas bien “para que sepan que TIENEN vida eterna”. En otras palabras, “debido a que se encuentran en Cristo, ustedes ya TIENEN la vida eterna en estos mismos momentos”.

 

Al igual que los creyentes de los tiempos del apóstol, tal vez nosotros también nos hemos encontrado en situaciones difíciles en las que nos hemos sentido tentados a pensar que el evangelio que hemos conocido no es el verdadero, o que no se encuentra completo. Hemos escuchado decir a algunos cristianos bienintencionados que solo ellos tienen el evangelio completo debido a que creen en lo que ellos llaman “las manifestaciones del Espíritu Santo”. Y hemos visto a algunos creyentes con buenas intenciones pero con una mala teología, hacerse miembros de esa clase de iglesias para poder “experimentar” lo que supuestamente les faltaba. Pero después de un tiempo, los hemos visto tan desilusionados de la vida cristiana hasta el punto de creer que ellos en realidad nunca fueron salvos. Creían que en esas iglesias encontrarían “la llenura” que sus vidas necesitaban, pero lo que encontraron fue solo “vaciedad” y desilusión.

 

El evangelio que tenemos se encuentra completo y no necesitamos añadirle nada más. El Espíritu Santo ya ha venido a nuestra vida y está en nosotros. Si verdaderamente hemos creído en Jesucristo, el Espíritu Santo está en nosotros y no necesitamos ir a ningún otro lugar a “recibir” el Espíritu Santo porque ya lo tenemos. Los creyentes del tiempo de Juan se encontraban en una situación similar. Las falsas enseñanzas los hacían hasta dudar de lo genuino de su fe. Pero el apóstol les asegura que ellos tenían vida eterna y que no necesitaban ninguna supuesta “revelación” de aquellos que se autoproclamaban como los “verdaderamente espirituales”.

 

La otra razón por la que Juan les escribió, fue para refutar las falsas enseñanzas de los gnósticos quienes decían que Jesucristo no había sido verdaderamente un ser humano, sino que solo “parecía” serlo. Tal como estaremos viendo posteriormente, Juan habla claramente que el que niega que Jesucristo ha venido en carne “es un anticristo”. ¿Por qué razón Juan hizo tan severa afirmación? Debido a las consecuencias terribles de tales enseñanzas. Al negar la verdadera humanidad de Cristo, negaban también implícitamente su sacrificio en la cruz por nuestros pecados.

 

Había por lo menos tres resultados directos de esa enseñanza gnóstica. El primer resultado era su negación de la encarnación de Jesucristo. Negaban la humanidad de Jesucristo y negaban que Jesucristo hubiera sido un hombre real de carne y hueso. Pero el apóstol Juan escribe que él había visto personalmente a Jesucristo. Que él había sido un testigo ocular de la humanidad de Cristo porque había visto con sus propios ojos al “Verbo de vida”. Lo había “contemplado”, lo había palpado con sus propias manos y por eso testificaba y anunciaba de esa vida eterna “que estaba con el Padre y se nos manifestó”.

 

Jesucristo, quien es el “Verbo de Dios”, el Verbo de vida como Juan lo llama en los primeros versículos, se hizo carne. Jesucristo se manifestó en forma humana. Nació como un niño revestido de carne humana con el propósito de vivir una vida perfecta y sin pecado y morir en nuestro lugar para que pudiéramos obtener el perdón de nuestros pecados.

 

Los gnósticos negaban la realidad que Cristo fuera un ser humano. Pero si no fue verdaderamente humano, entonces no pudo haber muerto en la cruz. Y si no murió en la cruz, entonces no pudo haber pagado el precio por nuestros pecados. Y si no pagó el precio por nuestros pecados, entonces todavía nos encontramos sin esperanza y sin salvación en este mundo. Nadie puede ser salvo si no hay derramamiento de sangre, porque “sin derramamiento de sangre, no hay remisión” tal como nos dice el escritor a los Hebreos. Esa era una de las terribles consecuencias de creer las enseñanzas gnósticas. Este era solo uno de los resultados de esas falsas enseñanzas: negaban rotundamente la seguridad de nuestra salvación y del perdón de nuestros pecados a través del sacrificio de Cristo en la cruz.

 

El segundo resultado de las enseñanzas gnósticas era su desdén por la ética cristiana. Ellos creían que no necesitaban vivir en santidad y obediencia, sino que podían vivir de la manera que ellos quisieran, debido a que según ellos, el pecado no les afectaba. Para ellos, el pecado no les traía ninguna consecuencia a sus vidas porque enseñaban que su espíritu seguía siendo puro sin importar lo que hicieran con sus cuerpos. El apóstol Juan también derrumba ese argumento al escribir que todo aquel que dice conocerle “y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso”.

 

Los gnósticos practicaban ese estilo de vida. Para ellos, cualquier persona podía afirmar conocer a Dios y vivir una vida de pecado sin tener que renunciar a ese estilo de vida que es contrario a los principios bíblicos. Pero el apóstol Juan nos dice que el pecado trae consecuencias y que todo aquel que practica el pecado “es del diablo” y que esto es una evidencia de que tal persona “no ha conocido a Dios”.

 

El tercer resultado era que destruían la comunión en las iglesias. Esa clase de personas creían que ya habían logrado una liberación del espíritu y como resultado, formaban parte de un grupo muy selecto en el cual supuestamente se encontraban fuera del alcance del pecado. Creían que habían logrado una cierta clase de “perfección” espiritual que los llevaba a creer que eran superiores y menospreciaban a los demás mortales menos privilegiados.

 

Tal actitud solo causaba divisiones en las iglesias. Pero el apóstol Juan también escribe en contra de esa falsedad cuando dice que:

 

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está  en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1:8).

 

El creyente en Jesucristo todavía tiene pecado. El verdadero creyente es un pecador que ha sido declarado justo, pero que todavía continúa luchando en contra del pecado. Pero aquellas personas creían que no tenían pecado. Ellos creían que ya habían alcanzado un grado de perfección  espiritual que los ponía  fuera del alcance del pecado. Y que esa supuesta perfección que habían logrado, los hacía estar en un nivel completamente distinto al de las demás personas. Y el resultado de esa forma de pensar, era arrogancia, orgullo y separación de los demás creyentes. Esto traía como consecuencia la falta de comunión con otros creyentes, debido a que ellos pensaban que se encontraban en un estado de perfección aún en esta vida. Pero Juan dice claramente que eso no era cierto, que eso era un engaño, “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”.

 

Quiero decirles que hay un grupo de cristianos actualmente quienes afirman que también han logrado un grado de perfección espiritual y que el pecado ya no tiene nada que ver con ellos. Pero Juan claramente refuta esta enseñanza que proviene no de las Escrituras, sino de los gnósticos. El apóstol Juan comprendía claramente que, aunque el cristiano ha sido lavado con la sangre de Jesucristo, aunque el cristiano ha sido perdonado y regenerado y el Espíritu Santo está en su vida, todavía peca y tiene que confesar sus pecados diariamente delante del trono de la gracia. Pero ese tipo de personas (los gnósticos), decían que ellos ya habían logrado la perfección espiritual y que ya no pecaban.

 

Recuerdo haber estado hablando con un querido hermano en la fe, quien a su vez había estado conversando con un pastor que creía en esta clase de enseñanza y le aseguraba que él ya no pecaba.

 

Le dije que eso no podía ser cierto porque la Palabra de Dios nos dice que “si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos…Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso” y le cité los versículos de 1Juan 1:8-9, los cuales demuestran claramente que no existe ninguna persona por muy consagrada que sea, que se encuentre fuera del alcance del pecado. Juan dice que quienes creen esto, solo se engañan a sí mismos debido a que aún como cristianos regenerados, todavía vivimos en un cuerpo mortal y pecaminoso. Debido a que somos descendientes directos de Adán y Eva, la tendencia hacia el pecado todavía es una realidad en nuestra vida. Aunque hemos sido lavados con la sangre de Cristo, todavía tenemos la necesidad de confesar nuestros pecados diariamente. Si no ofendemos al Señor de hecho, lo ofendemos de palabra o de pensamiento. O le ofendemos al no hacer lo que deberíamos hacer.

 

No solo están los pecados de comisión, pero también están los pecados de omisión. Por ejemplo, el Señor nos manda a amarle con todo nuestro corazón, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, pero no lo hacemos. Y debido a que no lo hacemos, somos culpables. Tenemos que reconocerlo y pedir perdón al Señor por esos pecados. Son pecados reales. Si no somos culpables de los pecados de comisión, somos culpables de los pecados de omisión. Como dice Santiago: “y al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”. Y cuando conocemos lo bueno y no lo hacemos, estamos pecando. Es por eso que Juan nos dice que “Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”.

 

Debido a lo peligroso de las enseñanzas gnósticas, el apóstol Juan se vio en la necesidad de manifestar de la manera más directa posible, que solo existen dos alternativas: o somos de la luz, o somos de las tinieblas. Para el apóstol Juan no existían las áreas grises cuando se trataba de la verdad. O se es un hijo de Dios, o se es un hijo del diablo. O tenemos vida, o no la tenemos. Para el apóstol Juan no existía una tercera alternativa. El apóstol Juan claramente menciona dos alternativas: los que no son hijos de Dios, entonces son hijos del diablo. Los que no están en la luz, entonces están en tinieblas. Pero no existen las áreas grises en la epístola de Juan.

 

Hoy día, desafortunadamente muchos cristianos creen que sí hay lugar para las áreas grises, áreas que no están muy claras en la Palabra de Dios, áreas en donde se puede aceptar el aborto y el homosexualismo como algo legítimo. Y muchos creyentes creen que esas son áreas grises en donde la Palabra de Dios guarda silencio o que no habla muy claramente. ¡Claro que habla claramente la Palabra de Dios! O somos de la luz, o somos de las tinieblas. O somos de Dios, o somos del diablo. No existe una tercer alternativa. O somos hijos de Dios o no lo somos. O tenemos vida, o no la tenemos.

 

Es importante comprender antes de seguir adelante, el propósito y objetivo que Juan tenía en mente para escribir esta primera epístola. Los temas de esta epístola que puedo ver, son cinco y los quiero mencionar rápidamente.

 

1) El primer tema, es la confirmación del evangelio antiguo.

Lo primero que Juan menciona es la veracidad del evangelio antiguo que los apóstoles habían predicado y que dicho mensaje era completamente opuesto a las enseñanzas que los gnósticos estaban esparciendo por todas las iglesias y que se encontraba amenazando al verdadero evangelio. Igual que el gnosticismo, hoy día también existen muchas enseñanzas nuevas, enseñanzas modernas que tuercen la Palabra de Dios. Y no quiero decir con esto que lo nuevo sea algo malo en sí mismo, sino mas bien, el problema es que muchas veces lo nuevo se aparta de la verdad de Dios en las Escrituras y es entonces cuando comienzan los problemas.  No hay nada malo en querer tener algo nuevo en nuestra iglesia. El problema viene cuando eso “novedad” se aparta de las enseñanzas de la Palabra de Dios. El gnosticismo era una enseñanza relativamente nueva que se encontraba totalmente fuera de las enseñanzas de las Escrituras.

 

2) El segundo tema es la confirmación del Cristo histórico.

Si alguien no cree en la verdad del Cristo histórico y su obra redentora, entonces no puede tener salvación. Si Jesucristo no fue Dios y hombre al mismo tiempo, si él no murió por nuestros pecados en la cruz, si no resucito de entre los muertos y si no se fue al cielo, entonces el cristianismo es despojado de sus doctrinas esenciales y no puede ofrecer ninguna esperanza de vida después de la muerte.

 

Y los gnósticos negaban estas enseñanzas. Los gnósticos negaban que Jesucristo fuera un ser humano y otro grupo de ellos tampoco creía que Jesucristo fuera Dios manifestado en carne. Así que, si Jesucristo no fue un ser humano y Dios al mismo tiempo, entonces no podía haber muerto en nuestro lugar y por nuestros pecados. Tampoco pudo haber resucitado y como resultado de esto, nosotros todavía nos encontramos sin esperanza, muertos en nuestros delitos y pecados.

 

El apóstol Juan claramente defiende la postura bíblica de que Jesucristo fue verdaderamente un ser humano como también fue Dios. Y como Dios y hombre al mismo tiempo, fue capaz de morir en la cruz, de derramar su sangre por nuestros pecados para nuestra salvación. Este es el mensaje del evangelio bíblico que transforma vidas. Pero los gnósticos despojaban al mensaje bíblico de todo su poder. Como resultado, nadie podía ser salvo con la enseñanza gnóstica.

 

3) El tercer tema es la confirmación de nuestra seguridad.

Debido a que vivimos en un mundo inseguro e inestable, Juan aborda el tema de la seguridad que debe tener el creyente en Jesucristo. En esta carta, el apóstol Juan nos habla de una doble seguridad. Primero, podemos saber que el mensaje del evangelio es verdad. Esto es lo que encontramos a través de toda la epístola.  Segundo, podemos saber con seguridad que somos creyentes y que estamos en Cristo. Esto también es seguridad.

 

Juan se interesaba en que sus lectores tuvieran seguridad debido que las enseñanzas gnósticas estaban atacando la seguridad del creyente y tal vez muchos hasta se encontraban dudando de su salvación. Hoy día necesitamos también esta misma seguridad. Y debido a tantas falsas enseñanzas que abundan a nuestra alrededor, la seguridad de nuestra salvación debe ser algo prioritario en nuestra vida. Si un creyente en Cristo no está seguro de su salvación y cree que solo cuando llegue a la presencia de Dios va a estar seguro de cual es el lugar donde va vivir por toda la eternidad, no está siguiendo la enseñanza bíblica, ni está siendo fiel a las Escrituras.

 

El apóstol Juan escribió esta epístola para darnos seguridad (1 Juan 5:13). En este versículo, Juan nos habla de una verdadera seguridad. El cristiano tiene vida eterna aún en esta vida. El verdadero creyente posee la salvación aquí y ahora, aun mientras vive en este mundo. Y si algún cristiano no tiene esa seguridad, es necesario que comprenda el mensaje de la primera epístola de Juan. A lo largo de toda esta epístola la cual estaremos analizando detalladamente, nos daremos cuenta de manera muy clara que la seguridad del creyente no es un lujo, sino es más bien una necesidad.

 

Debido a que vivimos en un mundo inseguro y manchado por el pecado, suceden cosas que a veces nos hacen dudar. Y es en esos momentos de prueba que la seguridad que tenemos en Cristo, de que hemos creído en el verdadero evangelio, de que estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo quien es “el verdadero Dios y la vida eterna” (1Juan 5:20), nos da la fortaleza que necesitamos para seguir adelante, aún en contra de las más severas adversidades.

 

Si estamos en Cristo entonces tenemos seguridad, porque él es el verdadero Dios y la vida eterna. No hay lugar paro la duda en el verdadero creyente. Aunque es cierto que las dudas nos llegan, debemos entender que la Palabra de Dios nos enseña que tenemos seguridad en Cristo y que si algún creyente no tiene seguridad, debe buscar comprender lo que nos dice la Palabra de Dios en esta epístola para que esa seguridad sea una realidad en su vida.

 

4) El cuarto tema es la confirmación de una vida de obediencia.

Juan nos dice que la obediencia debe caracterizar la vida de aquellos que afirman ser cristianos. Si una persona dice que conoce a Dios y que tiene comunión con Él, pero continúa viviendo en pecado, lo más probable es que se está engañando a sí mismo. El apóstol Juan no dudó en mencionar esto y escribir claramente en el capítulo 3, versículo 24, que “el que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado”.

 

El apóstol Juan aborda este tema porque para los gnósticos no había cual ningún problema en vivir una vida pecaminosa. Para el gnóstico el pecado era una virtud. Practicar el pecado lo veían como algo bueno y hasta deseable. Pensaban que el pecado no les afectaba debido a que sus espíritus ya habían logrado la liberación de la esclavitud de sus cuerpos. Decían: “el cuerpo es malo de cualquier forma y no podemos mejorarlo. Por eso, no importa que el cuerpo haga lo que desee hacer, mi espíritu sigue siendo puro y santo”. La mayoría de ellos vivían vidas desenfrenadas y licenciosas, vidas completamente abominables. Por eso, el apóstol Juan escribió que el que dice que le conoce “debe andar como él anduvo”.

 

El creyente que verdaderamente conoce a Jesucristo debe caracterizarse por una vida de obediencia a los mandamientos de Dios. Debe caracterizarse por una vida de entrega, de sumisión y obediencia. No debe caracterizarse por una vida de libertinaje ni por hacer lo que le plazca. Juan exhorta a los creyentes a vivir en santidad y obediencia. El apóstol nos desafía en esta carta a que nos enfrentemos con las evidencias que manifiestan nuestro estilo de vida. ¿Muestra nuestra vida las evidencias de la verdadera conversión? ¿Muestra nuestra vida que verdaderamente hemos sido regenerados o muestra todo lo contrario?

 

La evidencia que se manifiesta en el verdadero cristiano no es tanto lo que dice, sino lo que hace. No es tanto lo que habla, sino como vive. ¿Cómo vivimos? ¿Cuál es nuestro estilo de vida? ¿Vivimos como vive el mundo? ¿Puede el mundo decir que somos diferentes? ¿Cómo vivimos la vida cristiana? Para el apóstol Juan esto no era algo sin importancia, era algo que llegaba hasta el mismo corazón del cristianismo. Por eso nos exhorta una y otra vez a que seamos consistentes con lo que decimos que somos. Si somos luz, entonces debemos vivir como hijos de luz. Si somos luz, entonces no podemos ser tinieblas.

 

5) El quinto tema es la confirmación de que necesitamos amar.

Juan hace un énfasis especial en este aspecto de nuestra vida debido a que el amor es una de las marcas del verdadero creyente.

 

Podemos tener la doctrina correcta, pero si no se encuentra acompañada de amor tal doctrina solo será una agria ortodoxia. Los que me conocen saben de mi pasión por la sana doctrina y saben que mi mayor deseo es enseñar la Palabra de Dios de la manera más fielmente posible, pero si no existe amor en mi vida por las personas, no importa cuan correcta sea mi doctrina, de muy poco me sirve si no tengo amor. Es por eso que la doctrina correcta carente de amor, es solo una agria ortodoxia. Juan no solo hace énfasis en la sana doctrina, sino también en el aspecto práctico que trae como resultado la sana doctrina: que debemos amarnos los unos a los otros. Juan nos dice que “el amor es de Dios” y que si no tenemos amor en nuestra vida, no importa que tan correcta sea nuestra doctrina, no le podremos agradar.

 

La Palabra de Dios contiene todo lo que necesitamos conocer debido a que en ella existe un balance perfecto. Por un lado encontramos al apóstol Pablo luchando y defendiendo la sana doctrina, pero también demostrando un amor práctico por las personas. Por otro lado, encontramos al apóstol Juan quien es llamado “el apóstol del amor”, no solo mostrando un verdadero amor por sus hermanos en la fe, sino también mostrando un verdadero celo por la sana doctrina, al refutar una y otra vez el error de los falsos maestros. Cuando mostramos amor, demostramos que nuestra conversión es genuina y que lo que nos ha sucedido ha sido algo real y verdadero. Que no es algo ficticio o simulado, ni que lo estamos fabricando nosotros mismos.

 

Como conclusión, quiero decir que esta epístola nos habla de tres ingredientes indispensables en la vida de todo verdadero creyente. Primero, el verdadero creyente debe tener un conocimiento de la verdad. Segundo, todo verdadero creyente debe sentir un deseo por obedecer esa verdad. No basta con solo conocer la verdad y tenerla en nuestra mente. Debe existir algo más. Debe haber un deseo por obedecer esa verdad, de lo contrario, tal conocimiento no nos servirá de nada. Si no existe un deseo por practicar la Palabra de Dios, por comprender los preceptos bíblicos y practicarlos en nuestra vida cotidiana, de muy poco nos servirá conocer esa verdad.

 

Tercero, debemos sentir un verdadero deseo por mostrar amor no solo hacia nuestros hermanos en la fe, sino también hacia aquellos que aún no conocen a Jesucristo. Ese verdadero amor que caracterizó no solamente a Jesucristo, sino también a los apóstoles es el que estuvo dispuesto a sacrificar todo lo que tenían con tal de llevar el mensaje del evangelio a aquellos que no lo conocían.

 

El verdadero amor se demuestra a través de caminar una milla extra si es posible, cuando le damos al necesitado y extendemos nuestra ayuda al que no tiene ninguna. Un amor práctico es el que el apóstol Juan nos enseña a través de toda su carta. Igual que al apóstol Santiago cuando dice que todo aquel que tiene fe, debe mostrar su fe por sus obras. Nuestra vida es una vida de aprendizaje a lo largo del camino, pero debe ser también una vida caracterizada por la práctica de todo lo que aprendemos. No solo conocer la verdad, sino también practicar esa verdad.

 

 

SOLI DEO GLORIA

 

 

© Daviel D’Paz, Derechos reservados, Tulsa, OK.   2008

 

Las siguientes obras han sido de gran ayuda para la elaboración de esta serie de mensajes a través de la Primera epístola del apóstol Juan. Las obras marcadas con un asterisco (*), son las que consideramos como las mejores y que nos parecen más importantes como obras de referencia. Se han dejado en su título original en inglés debido a que la mayoría de ellas no se encuentran traducidas al español. 

 

 

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