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El teólogo suizo Karl Barth (1886-1968) debe alinearse como uno de los teólogos más influyentes del siglo Veinte. Eso, por supuesto, es una distinción dudosa, debido a que  Adolfo Hitler, V. I. Lenin, José Stalin, y Mao Tse-Tung se encuentran entre los políticos más influyentes del vigésimo siglo; John Cage y Elvis Presley entre los músicos más influyentes; Pablo Picasso y Andy Warhol entre los pintores más influyentes. Durante varias décadas a mediados del siglo, Barth era una atracción principal en la feria de presunción teológica y su influencia, ahora disminuida, no ha desaparecido. De hecho, la Sociedad Karl Barth de América del Norte fundada en 1974, está floreciendo por  todos lados y muchos neo-evangélicos, algunos quienes pertenecen a la Sociedad Teológica (neo) evangélica,  están intentando revivir el cuerpo cadavérico de Barth.

A pesar de, o quizás debido al volumen de su obra inconclusa (Church Dogmatics, la que es nueve veces más voluminosa que los Institutos de Calvino y dos veces mayor que la obra de Thomas de Aquino Summa Theologia), Barth sigue siendo un enigma para muchos Cristianos por varias razones. Primero, sus puntos de vista teológicos cambiaron durante los años, incluso durante las décadas en que él escribió Church Dogmatics. Educado en el modernismo, liberalismo y el método histórico-crítico por Adolf von Harnack, Wilhelm Herrmann y otros miembros de la compañía teológica de Coré en Alemania, quienes fueran las primeras voces de Barth hablando el modernismo  fluidamente. En sus propias palabras, "yo me convertí en un discípulo comprometido de la escuela 'moderna' la cual era todavía una fuerza dominante hasta el tiempo de la Primera Guerra Mundial y era  considerada como el único valor escolar al cual pertenecer."

Después de abandonar la Universidad en 1909, Barth sirvió primero como pastor en Ginebra y desde el año 1911 hasta el año de 1921 en Safenwil,  Cantón Aargau. Durante y después de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que estremeció en general al optimismo ingenuo de muchos modernistas y liberales, y en particular, la fe de Barth en sus maestros modernistas. Barth reaccionó emocionalmente en contra del modernismo y lo atacó. Durante la segunda fase principal de su pensamiento, aproximadamente en la década de los veintes, él se encontraba menos en deuda con el teólogo alemán del siglo diecinueve Friedrich Schleiermacher, que con el filósofo Danés del siglo diecinueve Soren Kierkegaard. En los 1930s Barth se retiró de los extremos paradójicos de los 1920s y defendió una teología que él dijo se encontraba más en  línea con la Reforma.

Estos giros en su teología son bastante confusos para el lector, pero existe otra razón más importante para la confusión continua de Barth. Una segunda razón por la que Barth sigue siendo un rompecabezas para los Cristianos, es su estilo. Su ampulosa prosa  no clarificada por sus traductores ingleses, no se presta fácilmente a comprenderse;  uno podría decir de la propia teología de Barth, como él lo dijo de alguien más: "Su obra....no tiene ni pies ni cabeza y en donde uno busca por el centro, solo encuentra oscuridad”.

Hay tres razones principales por las que la escritura de alguien puede ser incierta:  (1) La confusión en el pensamiento de la persona que se exhibe a través de la confusión en los escritos;  (2) La insinceridad, tal y como George Orwell explicó en su ensayo clásico "Política y el Idioma inglés”, que es la que motiva a un escritor para enmascarar su verdadera intención y significado al usar frases y términos de manera equívoca y subversiva;  y (3) una filosofía guiada que afirma que la aserción de lo contrario, e incluso, que las declaraciones contradictorias, son teología y filosofía genuina. Karl Barth parece haber sido culpable de todas las tres razones.

Lenguaje ambiguo y pensamiento engañoso

Una de las cosas que hacen que Barth confunda a demasiados Cristianos es que él perfeccionó el arte de usar las palabras correctas para decir todas las cosas incorrectas. Barth afirmaba estar fundado sobre el ángulo de la "tradición Reformada"; él había ofrecido algunos "correctivos" a la teología de Calvino, tales como el afirmar que todas las personas habían sido escogidas en Cristo para salvación, y Barth claramente aseguraba ser un hijo de la Reforma. Este engaño –y que  es un increíble engaño por el cual Barth pudo haberse engañado también-,  es seductor. Barth frecuentemente escribió sobre la gracia.  El libro de C. G. Berkouwer se titulaba “El Triunfo de Gracia en la Teología de Karl Barth” (Barth hubiera deseado que el título fuera “El Triunfo de la Libertad en Jesucristo”); él atacó al modernismo implacablemente; defendió la Palabra revelada de Dios; defendió incluso las ideas de Sola Scriptura y Solo Cristo,  pero en sus labios el significado de estas palabras cambió completamente, así como el significado de "elección" también cambió.

En la teología de Barth, la "Palabra de Dios" no es identificada con la Biblia ya que ésta contiene errores y mitos (o sagas). El significado de la autoridad Escritural escribió Barth,  no "es el 'el fundamentalismo', que cree que el texto sagrado como tal, es el apropiado y la última base de conocimiento." De hecho, "el concepto 'las verdades de la revelación', en el sentido del latín [del  griego o del hebreo probablemente]  proposiciones dadas y selladas de una vez por todas por la autoridad divina en fórmulas  y significados, es teológicamente imposible." La teología de Barth, siempre haciendo un énfasis en la "revelación", hace imposible la revelación de la proposición. La revelación no es una proposición, sino un evento. "La Palabra de Dios todavía acontece hoy en la Biblia", Barth escribió, "y aparte de este acontecimiento, la Biblia no es la Palabra de Dios, sino un libro más, igual que los otros libros." (El lector debe entender que los “acontecimientos” beatnik y hippie de los años cincuentas y sesentas al igual que la teología de Barth, fueron efectos de la teología y filosofía de la última parte del siglo XIX  y a principios del siglo XX). La "historia de la creación" es un mito o un poema, le explicó Barth en una carta a su nieta y  que la evolución no contradice el relato de Génesis. La evolución es lo que científicamente pasó. Y de haber estado presente un reportero de algún periódico cuando Cristo se levantó de la tumba, no habría habido ninguna noticia que reportar.

Lo que Barth enseñó sobre la justificación.

 Barth, haciendo eco de Lutero y Calvino, enseñó que la justificación es solo por la fe, pero en los labios de Barth, ni "justificación" ni "fe" (y quizás ni siquiera la palabra "sola") significó lo que Lutero y Calvino querían decir con esas palabras. En 1964 Thomas Nelson publicó  un libro escrito por el teólogo católico romano Hans Küng titulado  “Justificación: La Doctrina de Karl Barth y una Reflexión católica”. Küng escribió:  “No hay cual ninguna diferencia esencial entre el Barthianismo y la posición católica." Barth elogió el libro de Küng en una carta dirigida a Küng que estaba impresa en su propio libro en la que Barth escribió que Küng entendía la doctrina de la justificación como él deseaba que fuera entendida. ¿Cuál era esa comprensión? No era nada nuevo, pues era la misma doctrina de justificación enseñada en el siglo diecinueve por el Anglicano convertido al catolicismo romano: el Cardenal, John Henry Newman.

En las propias palabras de Küng:

“La declaración de Dios de justicia es como la declaración de Dios de justicia al mismo tiempo y en el mismo acto, un acto de justicia....El término "justificación" como tal, expresa una declaración real de justicia y no una renovación interna. ¿Acaso entonces esto significa que la declaración de Dios de justicia no implica una renovación interna? Al contrario, todo esto se reduce a que es una cuestión de la declaración de Dios de la justicia y no de la palabra del hombre:  la pronunciación del Señor, grande en poder. Contrario a la palabra del hombre, la palabra de Dios hace lo que ella significa. Dios dijo: “haya luz” y hubo luz.... La justificación del pecador es exactamente así. Dios pronuncia el veredicto, "Tú eres justo", y el pecador es justo, realmente y verdaderamente, exteriormente e interiormente, totalmente y completamente. Sus pecados son perdonados, y el hombre es justificado en su corazón”.

El propio Barth escribió:

“Ciertamente nosotros tenemos que ver con la declaración de justicia, pero es una declaración sobre el hombre que se cumple y por consiguiente que es eficaz en este evento que corresponde a la realidad, debido a que crea y por consiguiente, revela la realidad. Es una declaración de justicia que, sin reserva alguna, puede ser llamada como un acto de justicia”.

Barth no sólo no estaba dentro de la tradición de la Reforma, sino que él se opuso a ella. Él rechazó la Sola Scriptura, Sola Gracia, el Solo Cristo, y la Sola Fide, y siempre lo hacía con una sonrisa en sus labios. Es imposible creer que Karl Barth no sabía lo que él estaba haciendo, como tantos de sus defensores ha sugerido. Ellos han elogiado a Barth por su comprensión de la historia de la teología. Ciertamente entonces, Barth era consciente de cual era la fuente para su doctrina de la Justificación. Los defensores de Barth imputan a Barth un grado de estupidez que nunca antes había sido alcanzado en los anales de la teología. Pero Barth no era ningún estúpido como sus defensores nos quieren hacer creer. El resultado del sistémico equívoco de Barth, es una clase de misticismo evangélico. Aunque él usa muchas palabras y frases cristianas, la teología de Barth no es cristianismo. Es, así como lo es el modernismo: otra religión. Barth es un lobo aullando.

Teología Dialéctica

Pero la insinceridad de Barth no es todo el motivo  para la oscuridad de su teología. Su teología en sí es dialéctica. Se enorgullece de su aserción en las contradicciones. Ve las contradicciones como esenciales para la teología. Barth siempre se encuentra diciendo "Sí" y "No" a las mismas cosas. Su teología involucra la tesis y antítesis, sin la resolución de las dos. “Dios es completamente distinto" que el hombre. En Cristo Dios se encuentra "totalmente oculto" y "totalmente revelado." Existe una “diferencia cualitativa infinita” entre tiempo y eternidad, Dios y hombre, pero todavía nosotros no podemos hablar de Dios en teoría. En este aspecto, Barth permaneció en deuda con Kierkergaard toda su vida. Y es en este aspecto que la teología dialéctica de Barth  permanece opaca a cualquier lector. Ninguna persona puede creer en las contradicciones, mientras se de cuenta que son contradicciones. Pero las contradicciones y la teología dialéctica son útiles, no sólo por confundir a los lectores, sino también para poder lograr un propósito sin tener que declarar cual es ese propósito.

La teología dialéctica de Barth le permitió usar palabras y frases antiguas –palabras  y frases bíblicas-, dándolos un nuevo significado anti-bíblico. Lo que los liberales habían hecho parcialmente con frases tales como la "divinidad de Cristo" y que los Católicos romanos había hecho con términos tales como "justificación", "iglesia", "santo", y "gracia", Barth fue capaz de hacerlo con el entero discurso teológico de la Reforma. Su equivocación no era ocasional ni parcial, como es el caso del liberalismo, sino conciso  y completo. Barth hizo de la teología protestante, una equivocación sistemática y sistémica.

Aunque su teología es deliberadamente incoherente, las acciones de Barth desplegaron una consistencia subyacente. Barth quiso hacer lugar en la iglesia y en el mundo para la irracionalidad y el socialismo. Barth veía a Cristo como una "forma de la Palabra de Dios", y dio énfasis a la Cristología como la clave para comprender la "revelación." Pero Barth también escribió en Church Dogmatics, "Dios puede hablarnos a través del Comunismo ruso, a través de un concierto de flauta, a través de un arbusto  floreciente o a través de un perro muerto. Nosotros haremos bien en escucharlo si Él realmente lo hace así." A la luz de tales declaraciones, uno se pregunta por qué Barth estaba tan preocupado en 1934 en la Declaración de Barmen, en negar que Dios podía hablarnos a través de Adolfo Hitler. La respuesta –probablemente sea la respuesta que explica su condenación vociferante del Nazismo en los años treinta y su deliberada oposición y de toda una vida a su negativa para condenar al Comunismo, e incluso su alabanza al Comunismo-,  no era su teología sino su filosofía política:  Barth fue socialista toda su vida de la variedad Marxista.

Karl Barth el Socialista

Aunque sus puntos de vista teológicos cambiaron durante décadas, los puntos de vista políticos de Barth no lo  hicieron. El socialismo de Barth coloreó su teología, en  maneras que, muchos de sus lectores no lo entendieron. En 1956 Barth explicó en una entrevista, "yo me decidí por la teología debido a que sentía una necesidad de encontrar una base mejor para mi acción social." Su teología era una herramienta que sería usada para llevar más allá su socialismo;  una justificación para sus puntos de vista políticos. Mientras se encontraba en Safenwil, Barth era el "Pastor Camarada", según su biógrafo. El "socialismo", Barth afirmaba, "es una aplicación muy importante y necesaria del evangelio." En 1916 él escribió que el "sistema capitalista y... la guerra [son] las dos más grandes atrocidades de la vida." En la primera edición de su comentario a los romanos, escrito durante la Primera Guerra Mundial, él declaró que vendría un tiempo  "cuando las ascuas, ahora agonizantes del dogma Marxista brillarán con luz una vez más, como la verdad mundial, cuando la iglesia socialista se levantará de los muertos en un mundo  socialista."

En "Jesucristo y el Movimiento para la Justicia Social”, un ensayo que Barth publicó en 1911, él explicó la relación entre Jesús y el socialismo:

 “Si usted entiende la conexión entre la persona de Jesús y sus convicciones socialistas, y si usted quiere arreglar su vida ahora para que pueda corresponder a esta conexión, entonces eso no significa para nada que usted tiene que "creer" o aceptar esto, o aquello, o la otra cosa. Lo que Jesús quiere traernos no son ideas, sino un estilo de vida. Uno puede tener ideas cristianas sobre Dios, el mundo y la redención humana, y todavía con todo y eso, ser un completo pagano. Y como ateo, materialista y Darwinista, uno puede ser un seguidor genuino y discípulo de Jesús. Jesús no es el concepto cristiano del mundo y el concepto cristiano del mundo no es Jesús”.

Esta separación entre "Jesús" e ideas fue la que Barth mantuvo toda su vida, en cualquier forma  en la que su teología aparecía.  Él nunca se escapó de la influencia de Schleiermacher. La perspectiva de Barth de la revelación como el "evento" o "suceso" en lugar de  información o ideas, puede remontarse a sus declaraciones en el ensayo citado anteriormente.

Barth atacó vehementemente al capitalismo y a la propiedad privada también, y escribió a menudo de "La lucha de las castas":

“La contradicción de las clases sociales, dice el socialismo, es el crimen diario del capitalismo. Este sistema de producción debe por consiguiente caer, sobre todo su principio subyacente:  la propiedad privada –no la propiedad privada en general, sino la propiedad privada de los medios de producción.... la competencia ilimitada entre los productores individuales debe caer;  y el estado, el todo, debe convertirse en el productor y por consiguiente, en el dueño de los medios de producción. Jesús es más socialista que los socialistas.... La perspectiva de Jesús respecto a la propiedad es esta:  La propiedad es pecado, porque la propiedad solo busca lo suyo”.

Esta última declaración implica lógicamente, por supuesto, una condenación de la propiedad privada en general, no meramente de los medios de producción. Desde que se ha definido al socialismo como la propiedad común de los medios de producción, Barth califica como un socialista en cualquier caso, y como Cristiano en ninguno.

Karl Barth el Comunista

Saltando casi 40 años hacia delante, uno encuentra a Barth elogiando las buenas intenciones de los Comunistas e incluso, a los dictadores comunistas específicos, como José Stalin, el carnicero de Ucrania. Escribiendo en "La Iglesia Entre el Oriente y  el Occidente" (1949), Barth defendió su anti-anti-comunismo vocal:

“[Es] pertinente no omitir el diferenciar en nuestro concepto del Comunismo contemporáneo entre sus atrocidades totalitarias como tales y la intención positiva detrás de ellos. Y si uno intenta hacer eso, uno no puede decir del Comunismo lo que uno se vio obligado a decir hace diez años del Nazismo –lo que eso significa y se cree es pura irracionalidad, producto de la locura y el crimen. Sería bastante absurdo mencionar en un mismo contexto a la filosofía del Marxismo y la "ideología" del Tercer Reich, el mencionar a un hombre de la estatura de Joseph Stalin en el mismo contexto que a charlatanes como Hitler, Goering, Hess, Goebbels, Himmler, Ribbentrop, Rosenberg, Streicher, etc.  Lo que ha aparejado a la Rusia soviética –aunque  con las manos muy sucias y ensangrentadas y en cierto modo, correctamente nos asusta-,  es después de todo, una idea constructiva, la solución de un problema que también es un problema serio y ardiente para nosotros, y que nosotros con nuestras manos limpias no hemos podido abordarlo todavía de manera tan enérgica:  el problema social.

Entonces, en una declaración reveladora, Barth afirmó que ese Comunismo no era –y   que por su misma naturaleza no podría ser–  anti-Cristiano:

“[E]n su relación a la Cristiandad el Comunismo, como distinto del Nazismo, no ha hecho, y por su misma naturaleza no puede hacer una cosa:  nunca ha hecho el esfuerzo más ligero de reinterpretar o falsificar la Cristiandad, o para amortajarse en un vestido cristiano.... No hay nada de falso profeta  en él. No es anti-Cristiano”.

Finalmente, escribiendo en 1963 a su amigo el teólogo y Comunista Checoslovaco, Joseph Hromadka, Barth lamentó el hecho que él, Barth mismo, había sido acusado de simpatías pro-comunistas, incluso por teólogos liberales tales como Emil Brunner y Reinhold Niebuhr. Él defendió su socialismo de toda la vida:  "Yo, sin embargo, siempre he hablado ruidosamente y de forma consistente como un antagonista del anti-comunismo occidental y especialmente del comunismo suizo, en contra de la guerra fría, del armamento atómico y hace diez años en contra de la militarización de la Alemania Oriental...."

A pesar de sus palabras aparentemente ortodoxas, la empresa teológica dialéctica de Barth se formó siempre por su compromiso previo y de toda la vida al socialismo. Él escogió la teología como una base para su acción social. La teología del siglo diecinueve no podría hacerlo, pero en el concepto de Barth,  una nueva teología era necesaria.

 

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