
“…Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hechos 16:9)
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Una Revista Interdenominacional para la edificación espiritual
Tulsa, OK. 15 de Febrero 2008 / Año 1, Revista No. 2

“La Verdadera Identidad de Jesucristo”
(1a Juan 1:1,2)


Por: Daviel D’Paz
“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)
(1 Juan 1:1,2).
Estuvimos abordando en las dos ediciones anteriores de esta misma revista, el trasfondo histórico en el que vivió el apóstol Juan y en el que escribió esta epístola cuyo objetivo era refutar las falsas enseñanzas de un grupo conocido como los gnósticos. Ese grupo herético el cual se componía de varias filosofías griegas y misticismo oriental, se encontraba esparciendo sus mortales errores en las iglesias de ese tiempo, afirmando que Jesucristo no era verdaderamente humano. El apóstol Juan preocupado por estas enseñanzas que se encontraban causando una gran confusión entre las iglesias, toma su pluma y comienza a escribir inspirado por el Espíritu Santo esta hermosa epístola que tiene también relevancia para nosotros los cristianos en el día de hoy.
El apóstol Juan en su introducción a esta epístola nos habla de algo muy importante respecto a la Persona de Jesucristo. Y lo que él trata de enfatizar no es solo que Cristo es divino, pero también el hecho de que él era verdaderamente un ser humano. Los gnósticos negaban rotundamente que Jesucristo fuera un ser humano. Pero el apóstol Juan intenta demostrar en estos versículos, que Jesucristo era un ser humano en toda la extensión de la palabra por las siguientes razones:
· Porque Juan afirma haberlo visto con sus propios ojos,
· También afirma haberlo palpado con sus propias manos,
· Y afirma haberlo escuchado hablar con sus propios oídos.
Al apóstol Juan le constaba que Jesucristo era verdaderamente un ser humano. Juan era el discípulo que se recostaba sobre el pecho de Jesús. Juan estaba seguro que Jesucristo era verdaderamente un ser humano porque había sido un testigo ocular de su humanidad: lo había visto dormir, lo había visto cansarse, lo había visto enojarse, lo había visto sudar, lo había visto comer, etc. Nadie podía decirle al apóstol Juan que Jesucristo no era humano, pues él había sido un testigo presencial de su verdadera humanidad.
Aunque los gnósticos afirmaban obstinadamente que Jesucristo era solo un espíritu, Juan insistía en que Jesucristo era una persona real de carne y hueso. Lo que el apóstol Pablo había escrito en términos teológicos acerca de Jesucristo en 1 Timoteo 3:16, Juan lo describe en términos de experiencia personal en estos versículos. El apóstol Pablo escribió lo siguiente:
“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria”.
El apóstol Pablo habla en este versículo que Cristo es Dios manifestado en carne. Aunque el apóstol Pablo no estuvo con Jesucristo durante su ministerio terrenal y no lo vio en los días de su carne, no obstante, Jesucristo se le manifestó y Pablo pudo darse cuenta que Jesucristo verdaderamente era Dios manifestado en carne y lo expresa muy claramente en este versículo. Esto es prácticamente lo mismo que el apóstol Juan nos dice en la introducción de su primera carta al decir que el Verbo de vida se había manifestado.
Por ejemplo, cuando Juan escribió el evangelio que lleva su nombre, también habla sobre este mismo tema en el capítulo 1, versículo 18, que dice lo siguiente:
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.
En el Antiguo Testamento todo lo que se dice respecto a las personas que vieron a Dios, en realidad no fue al Padre al que vieron, sino al Hijo. Por ejemplo, cuando la Biblia dice que Abraham habló con el ángel de Jehová, no fue al Padre al que vio, sino al Hijo, a Jesucristo en su forma pre-encarnada. Antes que Jesucristo viniera a este mundo ya estaba con el Padre y todo lo que se escribió sobre las personas que vieron a Dios en el Antiguo Testamento, tales como Moisés y el profeta Isaías quien vio al Señor “sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo” (Isa. 6:1), no fue al Padre a quien vio Isaías, sino a Jesucristo el Hijo de Dios porque “a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Desde el Antiguo Testamento, Jesucristo fue quien se apareció a Abraham, a Moisés y a muchos otros hombres de Dios y quien también hablaba con ellos. Pero llegó un momento cuando ese Verbo de vida se hizo carne. La Biblia nos dice que cuando llegó el cumplimiento del tiempo, “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. A Dios le plació enviar a la segunda Persona de la Trinidad, al Verbo de vida para que tomara forma de siervo, viviera en un cuerpo de carne y muriera en expiación por nuestros pecados.
Juan nos dice que la vida estaba con el Padre “y se nos manifestó”. La frase “estaba con el Padre” significa literalmente en el original griego que Jesucristo estaba “cara a cara” con el Padre. Y esto nos habla de una comunión íntima. Por medio de esta expresión Juan intenta decirnos que el Hijo y el Padre gozaban de una relación personal desde el principio. Es por esa razón que Jesucristo nos dice en Juan 17:24 que el Padre lo amaba “aún desde antes de la fundación del mundo”:
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.
El Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre. Entre ellos ha existido una comunión íntima e inseparable por toda la eternidad. Una comunión tan íntima que no había necesidad de crear al ser humano para poder experimentar lo que es la comunión. Hay muchos cristianos que creen que la razón por la que Dios creó al ser humano era porque se sentía solo y necesitaba el compañerismo de otras personas para tener comunión. Eso no es del todo cierto, porque Dios el Padre ya tenía comunión con Dios el Hijo y con Dios el Espíritu Santo mucho antes de crear al ser humano. El propósito de Dios al crear al ser humano, no fue principalmente para tener comunión con el hombre, sino para que el hombre pudiera traer más gloria a Dios. El ser humano fue creado para darle la gloria a Dios en todos los aspectos de su vida.

Mucho antes de que el ser humano fuera creado, las tres Personas divinas ya gozaban de una íntima comunión. Tanto en su evangelio como en su epístola, Juan afirma que él había visto, oído y aún tocado a Dios mismo en su expresión humana a través de Jesucristo. Los apóstoles reconocieron que la Palabra de vida que había estado en íntima comunión con el Padre por toda la eternidad, había entrado en el tiempo y el espacio para relacionarse con ellos en un cuerpo humano.
Una de las razones por las que ellos han dejado escrito sus testimonios a través del mensaje del evangelio por todo el mundo y a través de todas las edades, es para que podamos experimentar esa misma comunión que ellos experimentaron.
Nosotros no hemos visto a Jesucristo. Nosotros no hemos tenido el privilegio de verlo personalmente tal como lo vieron los apóstoles. Nosotros nunca lo hemos tocado, nunca lo hemos escuchado y nunca hemos palpado al Verbo de vida de manera literal. Pero Juan sí lo hizo. Y él escribió estas cosas para que nosotros podamos también ser participantes de la misma experiencia al creer en su testimonio. Y que a través de creer en Cristo como lo que realmente es, podamos tener comunión con él y con los demás creyentes.
En otras palabras, el deseo y objetivo del apóstol Juan es que la experiencia que él tuvo, sea también nuestra experiencia no porque lo hayamos visto o tocado literalmente, sino porque por medio de la Palabra de Dios podemos creer que Jesucristo en realidad vivió en un lugar determinado de Israel y que él murió en expiación por nuestros pecados. Así que, el testimonio de los apóstoles ha sido escrito con propósitos bien definidos: para que a través de ese testimonio nosotros podamos tener seguridad y comunión. Para que a través de su testimonio podamos darnos cuenta que la comunión con Dios es una realidad también para nosotros que estamos en Cristo.
Es por eso que Cristo como la Palabra de vida, es el que ha dado a conocer al Dios invisible. Y cuando nosotros decimos que conocemos al Dios verdadero, no es porque lo hayamos visto, sino porque Jesucristo nos lo ha revelado. Y porque conocemos a Cristo, también conocemos al Padre. No hay manera de conocer al Dios verdadero si primero no conocemos a Jesucristo. Si no se tiene a Cristo, tampoco se tiene al Padre. Tal como Jesucristo lo dijo: “el que me ha visto a mi, ha visto al Padre”, porque él es la manifestación del Dios invisible.
Todo lo que podemos llegar a conocer del Padre, lo vamos a conocer en Jesucristo porque él es el Dios verdadero manifestado en carne. El es el Verbo o Palabra de vida. Cuando el Hijo de Dios entró en el tiempo y el espacio, también su comunión con el Padre entró en el tiempo y el espacio. Es por eso que el haber oído hablar a Jesucristo, era lo mismo que el haber oído hablar al Padre por medio del Hijo. En Juan 14:10 y 24, se establece claramente esta verdad:
“¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras…El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.
Es por eso que los que estaban escuchando a Jesucristo era como si estuvieran escuchando al Padre. El escuchar a Cristo es equivalente a escuchar al Padre. Los discípulos entendieron esto, por eso estaban con él y le seguían, porque sabían que Jesucristo provenía del Padre. En Juan 14:8-10, Jesucristo habla también de esta verdad con Felipe, quien todavía no la comprendía muy bien:
“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”.
Jesucristo claramente nos dice que él es uno con el Padre. Las obras que él hacía no las hacía por su propia cuenta, sino que el Padre que moraba en él, era quien hacía las obras. Esto no significa que el Hijo sea el Padre. Jesucristo es el Hijo, pero no es el Padre. Cristo hizo una clara distinción en el versículo 10, “¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí?” No dice, “¿No crees que yo soy el Padre?”. Si el Hijo fuera el Padre esta era la mejor oportunidad para haberlo dejado bien en claro. Pero no fue así, Jesucristo hace una marcada distinción entre las dos personas divinas, a diferencia de los modalistas(1) modernos conocidos como los “solo Jesús” quienes equivocadamente niegan la Trinidad y confunden las Personas del Padre y del Hijo, argumentando que el Hijo es el Padre y viceversa, contradiciendo las claras enseñanzas de la Palabra de Dios.
Existe una diferencia bien marcada entre Padre e Hijo. El Padre no es el Hijo y el Hijo no es el Padre. Jesucristo como el Hijo, es el Verbo de vida, es la segunda Persona de la Trinidad. Pero como Hijo de Dios tiene la misma autoridad que tiene el Padre. “…Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Todo el poder y autoridad que el Padre ha ejercido, también lo ha ejercido el Hijo igualmente. Y es él quien también tiene la prerrogativa de salvar y de condenar. Así como el Padre salva a los que él quiere, así también el Hijo, “a los que quiere da vida” (Juan 5:20,21).
En Juan 10:30,38 leemos lo siguiente: “Yo y el Padre uno somos… Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”.
Una vez más, podemos ver la clara distinción entre el Padre y el Hijo. Primero vemos la afirmación de la unidad de Dios en el versículo 30, y en el versículo 38, vemos la distinción de las dos Personas divinas. No puede haber algo más claro que esto al mostrarnos tanto la unidad como la distinción en las Personas del Padre y del Hijo.
Por eso decimos que Dios es uno, pero también afirmamos que son Tres Personas en un solo Dios verdadero, porque eso es lo que nos enseña la Palabra de Dios de manera consistente y no es cual ninguna contradicción como algunas personas argumentan. Las Personas de la Trinidad son distintas la una de la otra, pero al mismo tiempo es un solo Dios verdadero.
Y vemos a la Segunda Persona de la Trinidad manifestarse en forma humana, revelando al Dios invisible y verdadero y que ha existido por los siglos de los siglos. Y es por medio de esa revelación que nosotros podemos conocerle. No hay otra manera en la que podamos conocer al Dios verdadero, sino solamente a través de la revelación de Cristo. Cristo vino a revelarnos al Padre. La palabra original griega traducida como “Verbo” es la palabra Logos que algunas versiones la traducen como “Palabra”. Cuando Juan dice que sus manos tocaron al Verbo de vida, se estaba refiriendo no solamente al niño que nació en el establo de Belén en un tiempo determinado. También se estaba refiriendo al Logos, al Verbo de vida que no tiene principio ni tiene fin, al Dios verdadero que existe por los siglos de los siglos.
Es por eso que ese Logos, ese Verbo de vida es la perfecta expresión del Dios invisible; es la perfecta expresión del Dios Todopoderoso que creó el universo y quien entró a este mundo en forma de hombre, revestido de carne para salvar a una humanidad caída. Eso es lo que el apóstol Juan nos dice en este versículo respecto al Verbo de vida. Como Logos, Jesucristo vino a revelar la mente de Dios al ser humano. Como Logos es también la imagen del Dios invisible. En Colosenses 1:15, vemos esta verdad establecida:
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”.
Cristo vino a dar a conocer al Dios invisible, al Padre. Y los que vieron literalmente a Cristo, fue como si hubieran visto a ese Dios invisible. Pero también Jesucristo es la sustancia o esencia del Dios invisible tal como lo dice Hebreos 1:1-3,
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.
Jesucristo es el mismo resplandor de la gloria de Dios. Es la imagen misma de su sustancia y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder y quien ha efectuado la purificación de nuestros pecados y quien habiendo terminado esta obra de expiación, se ha sentado a la diestra de la Majestad en las alturas.

Jesucristo no solo es el “Verbo” o “Palabra”, sino que es “el Verbo de vida” porque da vida a los muertos espirituales. Jesucristo es el Verbo de vida porque de El se desprende la vida a todos los seres vivientes. De él mana la vida. Por él vivimos y por él nos movemos. Todos los seres vivientes tenemos vida por medio de Jesucristo. Pero más importante aún, es él quien también da vida a los muertos espirituales. El testimonio consistente de la Escritura es que el ser humano aunque está físicamente vivo, espiritualmente se encuentra muerto, tal como Pablo lo dice en Efesios 2:1,
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”
El ser humano sin Cristo, aunque tiene vida física se encuentra muerto espiritualmente. Pero Jesucristo como el Verbo de vida, imparte esa vida espiritual a todos los que se encuentran muertos en sus delitos y pecados. Por eso Pablo dice que fue él quien nos dio vida, nos dio vida cuando estábamos muertos. Teníamos vida física, pero no teníamos vida espiritual. Éramos tan solo unos “muertos vivientes”. Éramos personas muertas que trabajaban, que caminaban por las calles, que tenían una familia, pero estábamos muertos. Pero un día él nos dio vida, y esa vida espiritual se hizo una realidad gracias a que Jesucristo el Verbo de vida, perdonó nuestros pecados y nos dio vida.
Jesucristo quien es el Verbo de vida puede dar no solo vida espiritual al pecador que no la merece, sino también puede darle vida eterna. Y este es el otro aspecto que Cristo hace también como el Verbo de vida. No solo nos da vida física cuando nacemos en este mundo, pero también nos da vida espiritual cuando le conocemos de manera personal. No solo eso, sino que también nos da vida eterna. Esa vida eterna que va a ser nuestra por toda la eternidad y que nunca terminará. Esa vida eterna que ya es nuestra, pero que se va a hacer una realidad visible cuando partamos de este mundo y estemos en la misma presencia de Dios.
No merecíamos tener vida física, como tampoco merecíamos tener vida espiritual, mucho menos merecemos tener la vida eterna. Es solo por la Gracia de Dios. Lo que nos ha sucedido es solo para aumentar la gloria de Dios y para manifestar las riquezas de su gracia. Esto es lo que hace el evangelio de la gracia de Dios: que las personas que solo merecen la condenación eterna, Jesucristo no les da lo que merecen, sino les da lo que no merecen: el perdón de sus pecados, la vida espiritual y la vida eterna. Tal vez algunos piensen que esto es demasiado bueno para ser verdad. Pero así es.

Jesucristo no tuvo su principio cuando nació en Belén de Judea, porque Jesucristo ya existía en gloria mucho antes de hacerse hombre. Cuando Juan usa la frase “lo que era desde el principio”, no solo tenía en mente la encarnación de Cristo en un tiempo determinado de la historia humana, pero también tenía en mente la eternidad en la que Jesucristo ha existido siempre. Jesucristo quien es el Verbo de vida no comenzó a existir en un punto determinado de la historia humana, él ya existía por toda la eternidad mucho antes de que comenzara el tiempo. Juan 1:1,14 nos muestra esta verdad:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”
Desde el mismo inicio de su evangelio, el apóstol Juan se asegura que podamos tener una comprensión correcta de quien es el Verbo. Nos dice que ese Verbo quien es Cristo, es Dios. Cristo mismo es Dios, la Palabra hecha carne. Y el versículo 14, dice:
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.
Es importante entender que la vida de Jesucristo no tuvo su principio cuando nació en el establo, porque como el Logos o Verbo, él ya existía por toda la eternidad. Juan usa una frase interesante: “En el principio” y podríamos preguntar, ¿A qué principio se refiere el apóstol Juan?
Podemos pensar en millones y millones de años antes del nacimiento de Cristo y él como el Verbo de Vida, ya existía. El Verbo ya estaba con el Padre. Jesucristo ya era Dios cuando estaba con el Padre en el cielo. Pero ese Verbo que estaba con el Padre hizo algo extraordinario: se nos manifestó. Tomó forma humana, se revistió de carne al nacer en este mundo y vivió en esta tierra con un propósito. Y ese propósito fue el de vivir una vida perfecta y sin pecado, morir en la cruz para que a través de su muerte pudiéramos no solo tener el perdón de nuestros pecados y la redención de nuestras almas, sino también una comunión íntima con el Padre celestial.

Esa comunión que se había perdido en el jardín del Edén y que Adán y Eva perdieron por causa de su desobediencia, Cristo el Logos, el Verbo de vida vino a restaurarla. Y ahora a través de él podemos tener esa comunión íntima que tenían Adán y Eva en el principio. Es por eso que podemos entrar a la misma presencia del Padre y adorarle, orarle y exaltarle, deleitarnos en El por medio de esa comunión.
Como ser humano, Jesucristo sí tuvo su principio dentro del tiempo y del espacio. Cuando Juan nos dice que él había visto, palpado y contemplado al Verbo de vida, desea enfatizar principalmente la humanidad real de Jesucristo. Este énfasis que hace el apóstol Juan de la humanidad de Cristo, fue para contrarrestar las falsas afirmaciones de los gnósticos de que Cristo no era humano. Cristo como el Logos no tiene principio ni tiene fin, pero como el niño que nació en Belén de Judea sí tuvo un principio, pues él nació en un tiempo determinado en esa aldea de Belén. Pero como Dios, Jesucristo no tiene principio ni tiene fin. Jesucristo es el Dios Todopoderoso que ha existido siempre por toda la eternidad.
El conocer estas verdades de la Palabra de Dios, trae como resultado una verdadera comunión con otros creyentes, pues no puede haber comunión con aquellos que niegan estas verdades esenciales de la fe cristiana. Tenemos que creer que Cristo es Dios y que el Dios verdadero existe en tres Personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Tenemos que creer que Jesucristo es el Verbo de vida y que fue él quien murió en la cruz por nuestros pecados. Si alguien no cree estas verdades, entonces no podemos tener verdadera comunión con esa persona, no importa que tan religiosa sea. Este será el tema que nos ocupará en nuestra próxima adición de esta revista.
SOLI DEO GLORIA
(1)Los “modalistas” son personas que integran varios grupos heréticos modernos que niegan la Trinidad, entre los cuales podemos mencionar a la “iglesia apostólica” y sus diferentes variantes, como también varios grupos Pentecostales de corte carismático. Esta herejía no es nueva pues tuvo sus inicios en los primeros siglos del Cristianismo, pero ha revivido en la actualidad con mayor fuerza. Uno de sus principales proponentes fue Sabelio, un hereje del tercer siglo quien propuso la idea del modalismo. Praxeas fue otro hereje quien hizo popular la idea del monarquianismo modalista propuesto por Sabelio. A esta herejía se le llama “modalismo” debido a que para ellos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son Tres Personas, sino son solo “modos” o “aspectos” con los cuales el Dios verdadero se ha manifestado. Sus principales argumentos son que Dios se ha manifestado como Padre en la creación, como Hijo en la redención y como Espíritu Santo en la emanación o como el dispensador de la gracia. Mas adelante estaremos ampliando un poco más este tema.
Nota: Este material es una breve adaptación del mensaje predicado en el C. C. E. el 2 de Diciembre del 2007, y es para su uso personal exclusivamente y no puede ser distribuido con fines de lucro sin la debida autorización de su autor. Si usted ha sido edificado por medio de este material y desea que alguien más lo reciba, puede usted mismo distribuirlo gratuitamente o enviarnos la dirección electrónica de la persona o personas que desea que lo reciban.
Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Biblia Versión Reina-Valera, Revisión 1960 (Sociedades Bíblicas Unidas).
Pastor Daviel D'Paz
Centro Cristiano Eben-Ezer
7216 E. Admiral Pl.
Tulsa, OK. 74115


Estimado hno. Daviel de Paz, lo saludo con un abrazo fraterno en la paz del Señor, me alegro conocerlo por este medio y lo felicito por esta hermosa enseñanza que es de mucha bendición para mi vida. Le informo que mi familia y yo nos congregamos en una iglesia bíblica misionera de la localidad de morón (BS. AS.) ARGENTINA.
Me gustaría que me enviara más material que seguramente será de mucho
crecimiento para mi vida.
Lo saludo con la paz de Dios.
Hno. Fernando Calabrese
Apreciados hermanos, gracias por tan edificantes y liberadores – en una palabra: Cristocéntricos – mensajes que me envían.
Fui Adventista por casi 10 años, sin embargo hace poco (cuando ya me había retirado de la iglesia) conocí REALMENTE al Señor Jesucristo (por medio de una revista: “ALERTA”, del pastor José Holowaty) – que es REALMENTE para mí, quien es REALMENTE para mí, que hizo REALMENTE por mí y que sigue haciendo REALMENTE por mí, por su GRACIA que se desprende de su incalculable amor.
Agradezco a Dios que también ahora, por medio de ustedes, me sigue (¡y a cuantos más!) edificando con palabras por las cuales cada vez más comprendo la magnitud del poder y autoridad del Señor Jesucristo y su Sangre preciosa – Sangre de Dios -. Hermanos, pueden enviarme, si lo desean, correos a esta dirección también: migue.a.a.v@hotmail.com
Dios bendiga sus vidas!
Con amor, Miguel Ángel Vreska
Apreciado hermano Daviel:
Excelente tu página Web y también, la Revista con su artículo, del cual ya había leído la parte I.
En cuanto a los libros en línea, lamentablemente la columna o guarda de adorno de la derecha impide la lectura y no hay forma de correr la página de derecha a izquierda, o viceversa. (Utilizo un monitor de 19' panorámico). Claro que, si 'pinto' el texto o lo copio, entonces sí puedo leerlo.
Un abrazo.
Marcos Andrés Nehoda
Muchas gracias, por considerarme en este documento. Es muy bueno y ayudará mucho al ministerio que tenemos en nuestra iglesia, incluso para predicación…
Jesús Esteban Sandoval López
ASC Exportación 01686 5-61-56-86
Red. 817-5686 Mexicali, B. C.
Gracias hermano, por este interesante material.
Que el Señor le bendiga ricamente Alberto Palnau
Gracias Daviel, excelente trabajo. Que Dios siga bendiciendo su obra y mensaje Salvador.
Daniel Caceres
State Hispanic CPG Strategist, BGCO
3800 N. May Ave.
Oklahoma City, OK 73112
email: dcaceres@bgco.org
Estimado pastor De Paz:
Recibí la revista que me envió y le doy las gracias. Como seguramente aprecia las opiniones de sus lectores me atrevo a enviarle la mía creyendo que puede serle de alguna utilidad. Usted sabe que siempre es mas difícil leer un texto en una pantalla que en un papel, pero yo particularmente tengo problemas de visión y necesito anteojos. Creo que me facilitaría mucho la lectura si no estuvieran las letras tan cerca del margen y los párrafos mas separados preferente con laminas -- Las laminas que tiene son hermosas-- Yo no estoy capacitada para opinar sobre el contenido pero se que seguramente es resultado de mucho trabajo de investigación. Es muy útil para mí que las letras sean tamaño grande y creo que para sus lectores también debe ser más cómoda la lectura. Espero que reciba bien mi comentario.
Afectuosamente.
Nora Pedernera
Estimado Hermano Daviel De Paz
He recibido vuestro mail informándome de la revista “Proyecto Macedonia”. La he analizado, y me parece muy edificante. Es bueno tener recursos de este tipo en estos tiempos de tanto relativismo moral, doctrinal y teológico. Desearía mantener contacto con ustedes. No se si ya os lo he informado, pero soy en encargado de una nueva Web teológica evangélica
Ojalá pueda visitarla y ayudarme en su difusión.
Que Dios le Bendiga
Andrés san Martín
Antonio Varas 415-c, Temuco, Chile

© Daviel D’Paz, Derechos reservados, Tulsa, OK. 2008
Las siguientes obras han sido de gran ayuda para la elaboración de esta serie de mensajes a través de la Primera epístola del apóstol Juan. Las obras marcadas con un asterisco (*), son las que consideramos como las mejores y que nos parecen más importantes como obras de referencia. Se han dejado en su título original en inglés debido a que la mayoría de ellas no se encuentran traducidas al español.
*J.R. Dummelow, The One Volume Bible Commentary, (MacMillan 1954).